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Opinión

ARIEL HIDALGO: La magia de las percepciones

La Filosofía cayó en profunda crisis en el siglo XX. Los filósofos modernos, pese a sus diferencias, habían coincidido en que la mente humana es capaz de conocer la realidad tal y como es. Cuando prestamos atención a un paisaje, éste se refleja en nuestra mente a través de los sentidos. Y si erramos al describirlo, pues se acudía a la razón. Y eso, según ellos, no fallaba, pues funcionaba igual para todos. Dos personas con los mismos datos y aplicando correctamente las leyes de la Lógica, tenían que llegar, forzosamente, a las mismas conclusiones.

Hoy sabemos que no es así. Los juicios están condicionados por las diferentes vivencias. “No piensan lo mismo un hombre que vive en un palacio y otro que vive en una choza”, expresaba el filósofo alemán Ludwig Feuerbach. Y años después Freud, con el psicoanálisis, nos haría ver el peso de los traumas inconscientes en nuestros pensamientos y actos. Lo cuestionable no es que el paisaje se reflejara en la mente sino que luego las interpretaciones de esa mente fueran fidedignas y completas. Esas interpretaciones son las percepciones. Se trata de diferentes perspectivas de la misma realidad, pero ninguna tiene derecho a presentarse como “verdad absoluta”, pues nuestros conocimientos siempre serán limitados en relación con la infinita complejidad de la realidad. La razón ha abdicado. Y la misión de nuestro tiempo no es restaurarle la corona, sino concebir un nuevo enfoque radicalmente diferente de las cosas. Lo que se impone hoy es una nueva inversión copernicana. ¿Recuerdan? No es el Sol lo que da la vuelta a la Tierra sino la Tierra al Sol, algo que pareció un verdadero disparate a los contemporáneos de Copérnico. Ahora el nuevo “disparate” sería éste: Invertir la ecuación: ¿la conciencia refleja la realidad? No, es la realidad la que refleja a la conciencia. O dicho de otra manera: No son las cosas percibidas las que crean nuestras percepciones, sino nuestras percepciones las que crean las cosas.

Una percepción falsa puede provocar que lo falso se haga real. Si alguien lanza el rumor de la quiebra de un banco y muchos lo creen, acudirán en masa a retirar sus fondos y el banco quebrará realmente. Los hipocondríacos, con la falsa percepción de estar enfermos, casi siempre se enferman realmente. De niño se nos ordena reiteradamente a no andar descalzos, no mojarnos con la lluvia y hasta evitar el sereno nocturno para no enfermarnos y todas estas percepciones programan nuestra mente y nos convierten en seres tan frágiles que cada vez que nos mojemos o andemos descalzos, nos enfermamos. Como contrapartida muchos médicos han usado el efecto placebo: pastillas de azúcar o inyecciones de agua para calmar algún dolor y regularmente el paciente, sin saber de qué se trata, se ha aliviado. Casi todos los medicamentos actúan, de cierta manera. como efecto placebo. En Física Cuántica, según el principio de indeterminación de Heisenberg, “el acto vital de experimentación es lo que crea la cualidad atómica que deseamos observar”, lo cual significa que las opiniones del experimentador pueden determinar sobre el resultado de su investigación. En 1933, en medio de un descontento antigubernamental en Cuba, una emisora clandestina transmitió la noticia falsa de la renuncia del presidente. Una multitud que lo creyó marchó hacia palacio y la guardia presidencial disparó con el resultado de varios muertos y heridos. Esto provocó un gran escándalo que hizo que cinco días después el presidente renunciara.

Pero al realizar nuestra inversión copernicana nos percatamos de que hemos dado un salto más allá de lo epistemológico, o sea, del campo de la teoría del conocimiento hacia el de las realizaciones prácticas. En nuestra época ya no se trataría tanto de conocer al mundo como de transformarlo, pero no transformar directamente las formas político-económicas de la sociedad sino sus raíces. ¿Y cuáles son esas raíces? Pues la conciencia, las percepciones de nuestra mente.

Si la ciudadanía toma conciencia de su condición de ser libre por naturaleza, esa sola convicción lo hará libre, porque comenzará a actuar como tal. No es necesaria la violencia. Basta con no obedecer. Porque aquellos que gobiernan necesitan para gobernar, de gobernados que obedezcan. Si un pueblo cree en la invencibilidad de una dictadura, esa creencia la hará invencible, pero si la idea contraria comienza a extenderse, se abre la posibilidad de su derrumbe. Los demagogos que conocen esto, lo primero que hacen es amordazar a los medios y si es posible, ponerlos a su servicio para crear una realidad virtual en la mente de los gobernados. Porque las principales cadenas van por dentro. Es preciso romperlas.

Autor del libro El más grandioso de todos los secretos.

Esta historia fue publicada originalmente el 19 de marzo de 2015, 2:00 p. m. with the headline "ARIEL HIDALGO: La magia de las percepciones."

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