Carta a Hillary Clinton
Como millones de ciudadanos de este país que amamos profundamente, voté por ti en estas trascendentales elecciones que te robaron, a ti, la temida candidata, la mejor estadista, política compasiva y solidaria, el mejor ser humano que en mucho tiempo hubiera tenido Estados Unidos como presidenta. Triunfó el mal.
Siento como te has sentido, me ha dolido mucho, como a tantas otras mujeres y hombres que teníamos nuestras esperanzas puestas en ti. En mi caso, como cubanoamericana que tiene inmenso cariño y compromiso con mis dos patrias: esta y Cuba, sé que una de las primeras medidas que hubieras llevado a cabo hubiese sido el levantamiento del embargo. Quien haya viajado a Cuba varias veces en los últimos dos años, como lo he hecho yo, sabe la importancia que tiene ese levantamiento para la democracia que todos buscamos para Cuba, pero todavía quedan muchos que no lo ven así. Siguen estancados en una posición de odio, y una falta de visión fatal. No hablemos ya de querer ayudar a su propio pueblo que sufre allá enormes carencias. La eliminación del embargo, las relaciones diplomáticas con Cuba y Europa es la ruta más certera y cercana de alcanzar puerto seguro, un puerto que se llama libertad para los cubanos.
Escuché el discurso de graduación que diste en Wellesley College hace unos días. Brillante. Y lo comparé con el otro, aquel de 1969, cuando la graduada eras tú y te pidieron que fueras tú la que les hablara a las otras graduadas. Ya habían visto la fibra de la que estabas hecha.
Qué asombrosos los caminos de la vida. Aquella chica de 22 años, llena de convicciones, segura de que tenía una misión en la vida y que esta tenía que ver con la justicia y la paz, llena de energía e ilusiones, estudiante inteligente que se graduaba para seguir hacia el doctorado en la Escuela de Leyes de Universidad de Yale, no se diferencia, excepto en los años y la experiencia de la mujer madura de 69 años, golpeada por la vida, pero no vencida, que le habló a un auditorio lleno de chicas igual que tú entonces., que te aplaudían sin cesar, llenas de admiración. ¡Y cómo hablaste!
“Ustedes se están graduando en un momento en que hay un asalto total a la verdad y a la razón”, dijiste. “Esto es un asunto muy serio. Observen el Presupuesto que se acaba de proponer en Washington. Es un ataque de crueldad inimaginable contra los más vulnerables”.
Hillary, la noche de las elecciones dormí muy poco y amanecí devastada, como millones de estadounidenses que no se explicaban qué había pasado. Hoy lo sabemos. Por primera vez en la historia, todo indica que un país enemigo pirateó el sistema electoral para que ganara su candidato, en este caso, Donald J. Trump.
Hoy podemos decir que Vladimir Putin gobierna a Estados Unidos. Sí, esto es muy grave. Casi logra la división de la OTAN y sobre todo la del país. Que Estados Unidos perdiera la fe en su sistema electoral y en la democracia. Es tan horrendo lo que ha sucedido que todavía cuesta trabajo creerlo.
Pero la esperanza no se pierde, y tampoco defrauda. Hoy sabemos los votantes y sobre todo tú, el asalto a la libertad que se llevó a cabo por parte de Rusia. Antes de anoche que el investigador especial de la intrusión de Rusia en las elecciones, el exdirector del FBI, Robert Mueller, tiene el poder de exigir que le entreguen las declaraciones de impuestos, y que, si no las tiene ya, las tendrá; también supimos que James Comey comparecerá ante el Senado y ofrecerá su testimonio en público la semana que viene. Y aunque no entendemos por qué reabrió tu caso a 11 días de las elecciones, sabiendo que el documento era falso, provenía de Rusia, la semana que viene dirá la verdad sobre el caso Trump. Razones tiene el presidente para seguir perdiendo la razón, como lo ha demostrado en los últimos días.
Me queda, Hillary, una pregunta. Sé que hasta ahora, siguiendo fielmente el mandato sabio de la Constitución, si un presidente muere o es destituido, hay un orden a seguir sobre a quién le corresponde ocupar el cargo. Pero, ¿y si por primera vez en la historia, un poder enemigo con aliados nacionales comete fraude en las elecciones, y se descubre, y se destituye al falso presidente, ¿el cargo no le pertenece a la candidata que le usurparon la presidencia? Es el momento de hacer una enmienda a la Constitución, porque ha sucedido lo que nunca pudo imaginarse. La presidenta de Estados Unidos eres tú, Hillary Clinton. Felicidades.
Periodista cubana.
Esta historia fue publicada originalmente el 1 de junio de 2017, 2:48 p. m. with the headline "Carta a Hillary Clinton."