Opinión

DORA AMADOR: Lectura divina

Cuántas veces me he encontrado con personas que me dicen que no saben leer la Biblia, o que es muy complicada, que hay que explicársela, que no la entienden. Más veces he comprobado que muchos no intentan leerla, no les interesa. Pero lo asombroso es que se dicen cristianos, se lo creen. Creen en Cristo. ¿Cómo creen sin acercarse, sin escuchar la Palabra de Dios? Para mí es un enigma, aunque debo reconocer que hay gente de fe innata que al parecer no necesita leer los evangelios, las esplendorosas cartas de Pablo, mucho menos consideran leer algo del Antiguo Testamento.

En su magnífico ensayo United by the Word (Unidos por la Palabra), aparecido en el último número de la revista America, Stephen J. Binz nos hace un llamado a todos los cristianos a encontrarnos en un “terreno común” en la lectura bíblica utilizando el método antiquísimo conocido como la Lectio Divina.

Es característico de nuestros tiempos los muchos usos y abusos que se hacen de la Biblia. ¿Cuál es el significado de un pasaje bíblico y cómo lo encontramos? Esta pregunta divide a los cristianos –evangélicos, católicos, ortodoxos, pentecostales, etc.– a menudo llevándolos a ser hostiles. Para encontrar ese “terreno común”, debemos volver a la sabiduría de la antigua Iglesia.

Al recuperar la interpretación que los primeros cristianos hicieron por siglos de la Sagradas Escrituras, descubrimos la manera de crear puentes en vez de muros. Para alcanzar esa sabiduría antigua veamos cómo los cristianos leían la Biblia: como un medio de la autorrevelación de Dios. La Biblia es la Palabra de Dios, fuente de gracia de la comunicación divina.

Esta debe de haber sido la forma en que Jesús leyó las Escrituras de Israel (hoy la conocemos como la Torah), la forma en que aprendió su tradición judía. Esta fue la comprensión de Pablo cuando escribió: "La palabra está cerca de ti, la tienes en tu boca y en tu corazón" (Romanos 10: 8). Los primeros cristianos leían los evangelios de esta manera también, no sólo como una forma de aprender acerca de Jesús, sino como medio para su formación de vida como sus discípulos. Y es como debemos leerla de nuevo: oración y estudio van juntas o no van. Punto. Lectura orante, en la que aprendes, pero estás rezando, eso de “Estudios Bíblicos” sin que vaya unido a una espiritualidad de oración cuando se lee, no vale. La Biblia la escribieron personas de fe para lectores de fe.

Aunque algunos tratan hoy de crear una raigal distinción entre el estudio de la Biblia y la reflexión orante de la Escritura, los escritores patrísticos cristianos y los escritores rabínicos judíos nos han demostrado que no podemos crear este tipo de división con la Palabra de Dios.

“El estudio asiduo de la Sagrada Escritura, acompañado de la oración, inicia ese intercambio íntimo" entre la escucha de Dios y la respuesta en la oración”, nos dice el papa Benedicto XVI, experto biblista y hombre ecuménico.

Entonces, ¿cómo hacerla?

Paso 1. Leer: ¿Qué dice el texto? En primer lugar, se lee el texto. Al nivel más básico, uno se pregunta: ¿Qué sucede en este pasaje del Evangelio? A veces, conviene usar un comentario bíblico o leer la explicación de la propia Biblia para entender mejor el contexto.

Paso 2. Meditar: ¿Qué me dice Dios a mí en este texto? En este punto, uno ve si hay algo que Dios quiere darme a conocer en este pasaje. Casi siempre uno puede relacionarlo con algún suceso o experiencia de su vida. Encontrará la lectora o el lector alguna palabra o frase que le llama más la atención, que le llega más al corazón o que lo sacude. ¿Por qué? Ahí Dios me habla a mí, me quiere decir algo.

Paso 3. Rezar: ¿Qué le quiero decir yo a Dios sobre el texto?

Paso 4. Actuar: ¿Qué hacer como resultado de la oración? Finalmente, uno actúa. La oración debe movernos a actuar, aunque esto solamente signifique ser más compasivos y fieles.

Se acerca la Semana Santa, vamos a leer la Biblia, dejándonos llevar por las lecturas diarias que nos indica la Iglesia nuestra, utilizando entonces el método orante, y a la vez, aprendemos. A vivir en Cristo sobre todo. Recordemos que no hay Pascua de resurrección sin Viernes Santo.

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