Opinión

Sol y electricidad vs carbón y gasolina

En las pasadas elecciones presidenciales, el bando demócrata planteaba invertir $500,000 millones en obras de infraestructura, entre las que se encontraban la instalación masiva de paneles solares en los hogares. La posibilidad de ver reducida a un mínimo, o nada, la factura eléctrica entusiasmó a muchos, aun a pesar que en sus inicios el costo en cada hogar sería de unos $30,000 en promedio.

El plan consistía en bajar ese costo y financiar con créditos blandos dicha instalación. Sin duda, un ahorro promedio de $250.00 mensuales puede invertirse en asumir las cuotas de un automóvil, por ejemplo. O en ir con más frecuencia a un restaurante, o en comprar más víveres. En cualquier caso, ese ingreso adicional vendría a incrementar la demanda de bienes y servicios, o sea, ahora los comerciantes venderían más.

Sin embargo, actualmente vemos que con la reciente salida de EEUU del acuerdo de París, en apariencia se aprueba el uso del carbón mineral como combustible para la generación de energía eléctrica, lo cual no es solo perjudicial para el ambiente, sino para el bolsillo también.

Aparte de lo contaminante que es el carbón, también es una industria que emplea cada vez menos personal debido a su automatización. Resulta una paradoja que en la última década la producción de carbón ha aumentado un 50% respecto a los 40, pero utiliza solo una octava parte de la empleomanía contratada para la época. En cambio, las empresas de energía solar cada vez tienen más empleados, 374,000 ahora, comparados con 160,000 que tienen las carboneras.

Puede ser que existan fuertes intereses especiales que intervengan en este hecho. Para ilustrar esa posibilidad, basta con mencionar el conocido caso de Orimulsión, donde los hechos resultan evidentes.

Empezando en la década de los 90, la faja petrolífera del Orinoco en Venezuela era considerada la reserva “probable” de petróleo más cuantiosa del planeta. El problema entonces consistía en que los hidrocarburos contenidos allí eran crudos pesados y extra pesados, los cuales se caracterizan por su alta conformación de otros componentes, como azufre y zinc, por ejemplo. El proceso de transformación de estos hidrocarburos en gasolina era tan costoso que hacía irrealizable esta operación; sIn embargo, sí existía un subproducto que se podría comercializar: Orimulsión.

La Orimulsión, también conocida como “carbón líquido” presenta varios aspectos que la catalogan como un combustible superior al carbón mineral. En primer lugar, su costo para la época era de $1.10 por barril, que lo hacía muy llamativo, en comparación con un barril de crudo pesado (algo parecido al chapapote), que era de $19.00. En segundo lugar, su utilización como combustible en las plantas generadoras de energía eléctrica resultaba muchísimo menos contaminante que el carbón mineral.

El proyecto Orimulsión fue presentado tres veces ante la Legislatura estatal de La Florida a fin de obtener la permisología requerida para operar. Aunque por sus ventajas la FPL consideró seriamente su utilización, la Legislatura negó su autorización, siendo la última vez que esto ocurrió en julio de 1998.

Lo anterior no es sino apenas un ejemplo de como los intereses creados “halan mas que una yunta de bueyes”.

Resulta que no importó que la generación de energía eléctrica siguiera siendo costosa, aun cuando se tuvo la opción de abaratarla. Es decir, no importa que los floridanos continúen pagando más por la electricidad, lo interesante es el negocio del carbón. ¿Y el consumidor? Bueno, que continúen sobreviviendo con su ridículo salario mínimo.

Otra situación digna de señalarse es la insistencia en el uso de la gasolina como principal combustible automotor. Las mayores empresas automotrices del mundo, particularmente las americanas, han hecho cuantiosas inversiones en el desarrollo de vehículos eléctricos. Los autos eléctricos no solo ahorrarían dinero al consumidor, sino que además eliminarían la emisión del dañino monóxido de carbono que envenena nuestra atmósfera. No obstante, el precio de la gasolina se ha mantenido a niveles bajos debido a un aumento en la producción norteamericana de petróleos de esquistos principalmente, los cuales al ingresar al mercado estadounidense, han permitido mantener elevados los niveles de la oferta, controlando así los precios en consecuencia.

Una vez que se levanten las sanciones a Rusia y se autorice consumar los 12 convenios de explotación de crudos en el océano Ártico, los precios de la gasolina pudieran seguir bajando. Firmados en el 2012 por el actual secretario de Estado Rex Tillerson y el mandatario ruso Vladimir Putin, esos convenios pudieran extraer parte de los 90,000 millones de barriles estimados en el área.

Por demás está decir que una sobreoferta de crudo mantendría bajos los precios de la gasolina, desestimulando así la fabricación de los autos eléctricos.

¿A quién le interesa más esto? Una producción masiva de autos eléctricos disminuiría su precio de venta al público y generaría un verdadero ahorro al consumidor, además del abaratamiento de la función logística por todo el transporte terrestre, lo cual se traduce en menores costos, o sea, los productos finalmente adquiridos en los expendios serían más baratos.

Todo sea por el bienestar de los consumidores.

Economista y periodista.

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