Opinión

EMILIO J. SÁNCHEZ: Inglés, con muchas barreras

En abril del 2013 la Unión Americana para las Libertades Civiles (ACLU por sus siglas en inglés) del sur de California interpuso una demanda contra el Departamento de Educación del estado por no garantizar los servicios necesarios para que cerca de 20 mil estudiantes aprendieran el idioma inglés. Tales servicios debían incluir textos en el idioma nativo de los alumnos, mayormente inmigrantes mexicanos, al igual que contenido lectivo en español.

ACLU argumentó que el estado había violado la ley federal Equal Education Opportunities Act ([...] Ley de Igualdad de Oportunidades Educativas), de 1974, que obliga a los estados a satisfacer las necesidades de aprendizaje del inglés de todos los estudiantes, así como la garantía constitucional de que reciban iguales oportunidades para educarse.

En Miami-Dade –con una población mayoritariamente hispana– habría suficiente base para considerar una demanda similar, pues una cantidad importante de estudiantes de las escuelas públicas podría estar atravesando una situación parecida. Ello es consecuencia de la virtual desaparición del programa bilingüe English for Speakers of Other Languages (ESOL, Inglés para hablantes de otros idiomas) que por años benefició a miles de escolares, procedentes de países latinoamericanos.

Mi hija, llegada a Estados Unidos a los 9 años, padeció el choque con una lengua extraña. El programa ESOL la tomó literalmente de la mano, la ayudó a afrontar el desafío y en tres años fue declarada competente en inglés. Hoy es estudiante de Medicina y agradece ese primer empujón ESOL de sus maestros de Silver Bluff Elementary School.

Parecería que, en verdad, todo tiempo pasado fue mejor. El programa ya no existe en su versión original, por cuanto se ha reducido la cantidad de maestros ESOL por escuela; en ocasiones hay uno solo, y este es incapaz de cubrir las necesidades de decenas de niños. Años atrás, los estudiantes recién llegados recibían clases introductorias de inglés impartidas por un maestro de ESOL. Luego otro maestro les explicaba el contenido de las asignaturas en idioma español.

Ya no hay clases de ESOL a la vieja usanza. Ahora tal servicio es responsabilidad del maestro de clases, quien se supone debe buscar el modo de que el niño que no sabe inglés entienda las lecciones de Math, Language Arts y Social Sciences. Si el maestro habla español, pudiera dar ciertas pistas a los despistados alumnos; pero si no lo habla, los condenará a engrosar el grupo de los rezagados.

Lo anterior ocurre en muchas escuelas. Yasiel Martínez tiene 7 años y llegó de Cuba hace dos meses. Cursa el segundo grado de una escuela primaria de Kendall. Yasiel no recibe el inglés básico que necesita y está, según sus propias palabras, “en China’’. Tampoco recibe clases de las asignaturas en su idioma nativo. Aunque un juez de la Corte de Distrito de EEUU para el Distrito Sur [...]de la Florida hizo obligatorio en 1990 que recibiera clases en su lengua materna (Decreto de Consentimiento entre la Junta de Educación de la Florida y la coalición META), su horario escolar no las contempla.

Sin embargo, Yasiel ya ha rendido exámenes por computadora en inglés, sin saber nada de nada. Al final –ya se sabe–, aprenderá el idioma, pero tardará más; su lenguaje y pensamiento se retrasarán respecto del de otros niños. Es un franco prospecto de desertor (dropout).

No estoy seguro de si sería la ACLU o la Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos (LULAC por sus siglas en inglés) –¿o acaso Norman Braman?–, pero tal vez alguno debería considerar presentar una demanda contra el estado de la Florida. Acaso así se levanten las barreras que entorpecen la buena educación.

Periodista, exprofesor universitario.

emilscj@gmail.com

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