La tan anhelada paz colombiana
Bogotá – Este año, y espero que por muchos más, aprovecho el verano escolar de mis hijos para trabajar y descansar cuando se puede en Latinoamérica. Esta semana estuve en Bogotá, Colombia.
Entre el tráfico, unos días soleados y otros de mucha lluvia, tuve la oportunidad de medir, entre la gente, que es como más me gusta, el termómetro de la tan anhelada paz en la que el país quiere vivir. Una cosa comentamos la prensa, otra dicen los políticos dependiendo de su afiliación o intereses, y otra, opinan los ciudadanos.
Este pasado miércoles, el grupo guerrillero FARC entregó lo que se asegura es un 30 por ciento de sus armas, con el aval de la ONU, en un proceso secreto ya que según el mismo líder del grupo guerrillero en declaraciones en un comunicado, las FARC no quieren que haya fotos de la entrega. Presuntamente a finales de junio ya el grupo habría entregado todas las armas, que serán utilizadas para tres esculturas. Una será ubicada en la sede de la ONU en Nueva York, y otra en Cuba, país sede del proceso de paz. Sin duda la tan anhelada paz ha tenido un gran precio para la fe, la credibilidad y la moral de los colombianos. Sé que para muchos que la entrega de armas sea secreta, como lo fue gran parte del proceso de paz desde sus inicios, genera mucho escepticismo.
Si bien entiendo que las guerras, masacres y otras atrocidades de nuestra historia son recordadas en monumentos, alzar las armas que asesinaron a colombianos, entre ellos niños y mujeres es un error. Como un su momento fue un error usar La Habana como sede de un proceso de paz que duró mucho más de lo previsto, y ofreció concesiones inimaginables a una guerrilla además narcotraficante confabulada con Cuba y la dictadura venezolana.
Pero como dicen por ahí, es lo que hay y fue lo que fue, y hoy por hoy la fe para los colombianos está puesta en ese proceso que para algunos no resultará y para otros es el único camino a un país sin guerra.
Si bien para algunos no tiene sentido y no logran entender el hecho que la guerrilla tenga inmunidad en muchas instancias después del proceso, para otros con los que conversé, rechazar las concesiones que siguieron en vigor después de que el pueblo votó no al primer acuerdo firmado entre el gobierno y la guerrilla, sería alargar la agonía de un pueblo que aspira a vivir tranquilo.
La realidad es que ya Juan Manuel Santos hizo su proceso de paz, ganó su controvertido premio Nobel, el uribismo se consolidó como una fuerza opositora sin precedentes en la política del país, Raúl Castro y su gobierno quedaron como héroes frente a muchos países que admiraron su generosidad a prestarse para ser sede (con todo y que continúan reprimiendo a su propio pueblo que tampoco vive en paz), y el máximo líder de las FARC, Rodrigo Londoño, comenta, aplaza procesos y hace casi que lo que le da la gana con los tiempos del proceso. ¿Qué les queda a los colombianos? Esperar las próximas elecciones, y tener todavía más fe en que los intereses, tanto de políticas, de egos y de delincuentes, no sobrepasarán a los colombianos.
Periodista y presentadora de televisión y radio.
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Esta historia fue publicada originalmente el 9 de junio de 2017, 4:33 p. m. with the headline "La tan anhelada paz colombiana."