Trump bajo investigación
Otro día detonante, pero más definitivo que los que han precedido en esta azarosa narrativa que ojalá se esté acercando a su fin. Aunque ese “fin” abra una puerta a cosas peligrosas, porque el presidente de Estados Unidos no sabe perder, y está convencido de que no lo hará y se lo demostrará a la nación, haciendo todo, aun lo más bajo y cruel por ganar: palabra mantra que ha sido su razón de ser en la vida.
El 14 de junio, cuando me preparaba a escribir sobre dos temas que se dan la mano en importancia, The Washington Post de nuevo se apuntó un triunfo periodístico al ser el primero en dar la noticia: Robert Mueller, el fiscal especial, está investigando al presidente Trump por posible obstrucción a la justicia, delito grave que si se comprueba, lleva a la destitución o impeachment. El diario de nuestra convulsa capital que leo cada día soltó el generoso bombazo que muchos esperábamos.
Mueller convocó al director de Inteligencia Nacional, Daniel Coats; al responsable de la Agencia Nacional de Seguridad, el almirante Mike Rogers, y a Richard Ledgett, el exdirector interino de la Agencia de Seguridad Nacional, para que confesaran todo lo que sabían.
A Coats y Rogers los llamó Trump para que presionaran al ex director del FBI James Comey para que abandonara su investigación sobre el ex asesor de Seguridad Nacional Michael Flynn y la colaboración de miembros de su campaña electoral con los agentes rusos con el objetivo de minar la confianza de los ciudadanos en el sistema democrático de Estados Unidos, hacerle daño a Hillary Clinton para que perdiera en las elecciones y que Trump ganara la presidencia. Aunque Coats y Rogers se negaron a reconocerlo en la audiencia ante el Comité de Investigación del Senado la semana pasada, ahora dijeron que están dispuestos a declarar. Mueller también pidió todos los documentos o notas de la Agencia Nacional de Seguridad relacionadas con las interacciones entre la Casa Blanca y la agencia como parte de la investigación.
Los temas que me interesaban y merecían un artículo que abarcara sus causas y posibles efectos, fueron: que el 13 de junio 196 congresistas presentaron una demanda contra Donald Trump por violar la Constitución al aceptar pagos de gobiernos extranjeros que lo benefician directa y personalmente a él sin primero pedir el consentimiento del Congreso, como establece la Constitución.
El segundo tema era la noticia de que el gobierno ruso se había infiltrado en los sistemas de votación de 39 estados días antes de las elecciones presidenciales. La sorpresiva revelación la dio Bloomberg el 14 de junio, basada en un informe altamente confidencial de la Agencia de Seguridad Nacional, a quien se la suministraron anónimamente y fue autentificada independientemente. El informe, fechado el 5 de mayo de 2017, es el más detallado del gobierno de Estados Unidos sobre la injerencia de Rusia en las elecciones que haya salido a la luz hasta ahora. Lo que debe alarmar es ver que Rusia se ha aprovechado de la enorme vulnerabilidad que tiene Estados Unidos en el sistema de votación cibernético. Ese sistema está formado por compañías de software, sitios de registro online e información vital que los funcionarios de las elecciones se envían entre sí por correo electrónico. Todos estos elementos desempeñan un papel importante en la obtención y seguridad de información sensible de los votantes, y los rusos han descubierto cómo obtener esos datos.
Pero llegó la otra noticia a última hora del día. Y vale aclarar que el asunto es consecuencia de la actitud claramente obstruccionista del presidente, que, frustrado por las investigaciones que Comey realizaba sobre Flynn y la colusión de sus asociados con los rusos, despidió a Comey el 9 de mayo.
Este despido fue el detonante que impulsó a Mueller a iniciar una investigación sobre la posible obstrucción de la justicia por parte del presidente.
Mueller estaba al tanto de las declaraciones de Comey ante el Comité de Inteligencia del Senado, y ya en posesión de las anotaciones que hizo el exdirector del FBI cada vez que se encontraba a solas con el presidente.
El exdirector del FBI acusó a Trump de “mentir y difamar”, de ordenarle disimuladamente que dejara la investigación sobre el teniente general Michael Flynn y la “cosa de Rusia”, como le llamó. Comey anotó que en una de las conversaciones con el presidente, este le dejó ver que de hacer lo que le pedía podría conservar el puesto. La decisión súbita que tomó Trump de despedirlo, de acuerdo a Comey, fue porque no cedió y siguió adelante con la investigación de la trama rusa.
Dos días antes de que se supiera que el fiscal especial Mueller estaba investigando al presidente, se conocieron rumores en la Casa Blanca de que el mandatario estaba considerando despedir también a Mueller con la esperanza de que se desviara de una vez la investigación sobre Rusia. Pero, como dijo el periodista Bill Palmer: “Mueller lo ha hecho para que Trump no pueda despedirlo. Trump está rabioso jugando a las damas, pero Mueller está jugando al ajedrez, y está ganando”.
Periodista cubanoamericana.
Esta historia fue publicada originalmente el 16 de junio de 2017, 6:49 a. m. with the headline "Trump bajo investigación."