Electro estimulación
Acaba de marcharse Ramón, mi entrenador de ejercicios con electro estimulación, una variedad de preparación física que, según explica Ramón, se originó durante la carrera espacial, esa casi legendaria competencia entre los Estados Unidos y la Unión Soviética por ver quien llegaba primero a la luna. Sucedió en plena Guerra Fría y atravesó mi infancia justamente como un cohete. Quería ser astronauta hasta que, como pasa con los yates, que mejor es usar el de un amigo tuyo antes que tener uno propio, me di cuenta que era mejor tener un amigo astronauta antes que serlo.
Por eso me ha venido tan bien lo de la electro estimulación. Siguiendo con la explicación de Ramón, los músculos pueden sufrir durante la etapa sin gravedad que sucede en cualquier vuelo espacial. Y se diseñó un programa de ejercicios que fortalecieran los músculos pero también que pudieran hacerse cuando la gravedad desaparece. De allí la electro estimulación. Los astronautas se conectan a una máquina, metidos dentro de un chaleco que deja pasar la estimulación directamente al tejido muscular. En España lo llaman El Chaleco y muchos de mis amigos me advierten de lesiones musculares horribles. Yo, con Ramón, no he tenido ninguna y cada vez me veo más estimulado y con mente más electrónica.
El pasado viernes casi tuvimos un cortocircuito porque dejamos Telemundo en el televisor y nos aguantamos toda la retransmisión de la visita del presidente Trump a Miami. Constatamos que las calles de la ciudad parecen un set de una película de cine catastrófico. Ha llovido todo lo que no llovió en mayo y Miami recibió al presidente que no cree en el cambio climático como si en efecto fuera una capital superviviente de algún cataclismo. Ramón le dio más poder a la electro estimulación mientras me obligaba a hacer unas sentadillas infernales. Miraba con la mitad de una pupila, apenas tenia fuerza para levantar los párpados, hacia la televisión y alcancé a ver una activista detrás de los reporteros que esperaban al presidente. La pancarta que llevaba ponía: “Trump ayúdanos a que Venezuela sea Grande Otra Vez”, un guiño a la frase con la que el millonario neoyorquino consiguió ser elegido presidente. Entonces detuve a Ramón, tenía que ver los cambios que Trump venía a ofrecer sobre Cuba aquí en Miami. Pero como estaba tan electro estimulado solo pude entender que va a deshacer todo lo que Obama parapetó los meses finales de su mandato. “Trump quita todo lo que puso Obama”, me comentó Ramón, obligándome a subir unas mancuernas por encima de los hombros. En ese plan, sentí que nuestro presidente recuerda cada vez más a los presidentes de nuestras naciones latinoamericanas, que cambian todo en cada turno de poder y lo único que se mantiene igual es el nivel de subdesarrollo.
Bien fuera por las lluvias (que han vuelto) o por alguna chispa de la electro estimulación, la pantalla hizo kaput y no hubo más Trump. La verdad que fue raro. ¿Se debe al cambio climático? ¿La televisión por cable va a terminar ahogada? Asustado, hablé con una de mis amigas que votaron por Trump. “Lo siguiente es arreglar Venezuela. Trump sí ha oído al pueblo cubano. No como Obama, que pactó con los Castro”. Me quedé pensativo, la electro estimulación tiene ese efecto: Si Trump y los Estados Unidos han tardado casi 60 años en “escuchar” al pueblo cubano para liberarlos de su régimen, los venezolanos tenemos que esperar más de cuarenta años para que por fin nos hagan caso. Yo tendré noventa y espero que siga electro estimulándome.
Escritor y presentador venezolano.
Esta historia fue publicada originalmente el 17 de junio de 2017, 6:56 a. m. with the headline "Electro estimulación."