Luis Zelcowicz
Desde que me he instalado en la ciudad de Miami, me he vuelto espectador de la super serie El Señor de los Cielos, creada por Luis Zelcowicz. Esta temporada, su quinta, confirma a Zelcowicz como uno de los grandes escritores del momento. El hombre que consiguió virilizar, revolucionar y transformar la telenovela. A través de un héroe masculino, tan canalla como poeta y tan asesino como enamorado. Así como House of Cards es la serie sobre el poder, El Señor de los Cielos es la mejor serie para entender cómo se expande, reproduce y domina el narcotráfico en nuestro siglo. Es más, Donald Trump debería verla para entender aún mejor como se ha transformado Latinoamérica precisamente por albergar en su inmensidad a dos naciones sometidas por el narcotráfico, México y Colombia.
En El Señor de los Cielos agregan otro país, Venezuela, donde, al menos dentro de su ficción, se lava y mercantiliza el dinero que genera la droga. Esa es una de las razones por las que me gusta la super serie, porque siempre encuentra la manera de incorporar la realidad a su ficción. De hecho, está basada en un hecho real, el Señor de Los Cielos existió: Amado Carrillo Fuentes, que se apoderó del Cartel de Juárez y reinó con violencia y locura, escondido en la flota de aviones que empleaba para lavar su dinero.
Esta semana de arranque, admirado señor Zelcowicz, los capítulos no podían ser más fuertes y perfectamente construidos. Refleja lo mucho que ha conseguido avanzar la ficción televisiva, creando una situación que, por una vez, la realidad no puede superar: El Señor de los Cielos tiene que jugarse la vida desbaratando un plan terrorista para matar al mero presidente de México. Además, es Aurelio Casillas, el Señor de los Cielos, brillantemente interpretado por Rafael Amaya, el que se encarga de llamar al presidente de ficción para decirle que su vida corre peligro. Y cuando el presidente desestima su ayuda, Casillas casi mira a cámara y suelta: “Por eso este país está como está”.
Hace treinta y un años escribía telenovelas para tener un oficio que me permitiera vivir “sin pedir una beca al gobierno”, como decía José Ignacio Cabrujas. Las telenovelas de entonces eran completamente románticas, aunque sus protagonistas fuesen sometidas contra su voluntad o como en Dinastía, una familia entera pareciera desaparecer tras un atentado nacionalista en un final de temporada. Esos argumentos no funcionan hoy porque El Señor de los Cielos ha cambiado todo, casi con la misma violencia que arrasa una emboscada o mata una pantera negra en Durango. La telenovela no solo ha cambiado de nombre y se le denomina super serie sino que el galán, las protagonistas, la familia del galán, son absolutamente diferentes. La madre del Señor de los Cielos es una monja que se enfrenta a unos matones como una más, pero con hábito. La madre monja de un narcotraficante, es el tipo de hallazgo que sintetiza el realismo mágico de Latinoamérica al cual Zelcowicz le ha dado la vuelta. Es probable que a lo mejor sea mucho para que Donald Trump lo asimile, pero insisto en que debería verla, con certera traducción, nos entendería mejor. Y nosotros lo entenderíamos mejor a él.
Cada noche lucho por abandonar mis amigos y mis compromisos y entregarme a la emisión de la superserie. “¿Por qué no la grabas?”, insisten mis amigos. Porque soy analógico y siempre entendí que lo más importante de la telenovela es verla in situ, y solo, como si los actores y el gran Zelcowicz la hicieran exclusivamente para mí.
Escritor y presentador venezolano.
Esta historia fue publicada originalmente el 24 de junio de 2017, 3:57 p. m. with the headline "Luis Zelcowicz."