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Opinión

Lo que viene en salud: pobres y viejos pagarán más

La senadora Elizabeth Warren (demócrata por Massachusetts) participa en una protesta contra la sustitución del Obamacare el 21 de junio en Washington.
La senadora Elizabeth Warren (demócrata por Massachusetts) participa en una protesta contra la sustitución del Obamacare el 21 de junio en Washington. Getty Images

El hecho de repeler a Obamacare no es exclusivamente para tratar de sustituirlo por otra versión solo por interés partidista. También trae consigo una serie de rebajas que efectivamente van a influir en la salud de los asegurados.

Realmente es una práctica comúnmente aceptada que cualquiera de los dos partidos se oponga a un proyecto de ley propuesto por el otro, aun cuando este sea beneficioso para el público en general. En ese sentido hay que destacar que el Seguro Social, Medicaid y Medicare fueron propuestos por administraciones demócratas. Resultaría una bofetada para el partido contrario que un seguro universal de salud también se materialice para siempre como otro proyecto demócrata.

Para repeler Obamacare, se maneja el concepto que diezmaría las arcas de la nación en $2.6 trillones en los próximos 10 años. Sin embargo, no especifican que otros países tienen gastos similares que forman parte de la economía y del acontecer nacional. Simplemente, a los ciudadanos de esos países se les ayuda, no se les deja morir por falta de recursos. Desde luego, el cuidado de salud es un costo que va aparejado con el bienestar financiero de los países.

Es importante destacar que según la Organización Mundial de la Salud para el 2014, en otras naciones el porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB) que se invierte en salud es más elevado que el de EEUU (8.3%). Muchos de esos países siguen funcionando en una forma efectiva, no están llegando a un punto de saturación financiera y tampoco en su horizonte se plantea una bancarrota gubernamental.

En EEUU es comprensible que el sector privado reciba ciertos favores del Estado porque realmente son los que mueven la economía y crean empleos. Pero sucede que ese beneficio que les otorga el gobierno, la mayoría de las veces no se revierte hacia el público. Por el contrario, en gran proporción es invertido en actividades bursátiles o exportado a paraísos fiscales en el exterior. Se podría trazar un plan contingente a ese beneficio, esto es: si una empresa X recibe un ingreso de $2,000 millones como resultado de un beneficio gubernamental, esa empresa se compromete a su vez a abrir nuevos centros de atención al público en un plazo determinado y no podrá, ella o sus subsidiarias, invertir sus ganancias en el exterior.

Entonces surge la pregunta que muchos se harían: ¿acaso esto no es un intervencionismo del Estado en las decisiones empresariales? Pero cuando esa empresa recibió el favor del gobierno, entonces, ¿eso no es también intervencionismo? Porque lo que es igual, no es trampa. ¿Pudiera decirse que esto es socialismo? Para nada. Nos recuerda a Frances Perkins, la primera ministra del Trabajo electa en EEUU bajo el mandato de Franklin D. Roosevelt. Interpelada en el Senado por la implantación entonces del Seguro Social, la interrogaron así: “¿Esto no es socialismo?” La respuesta de ella fue: “No es socialismo, solo queremos que nuestros viejitos tengan con que vivir”.

Actualmente se piensa en reducir los beneficios de Medicaid a partir del 2021, de acuerdo al proyecto del Senado propuesto el 22 de junio de este año, conocido como Better Care Reconciliation Act (BCRA). Cuando los congresistas propusieron el pasado mayo el American Health Care Act (AHCA), se sobreentendía que el Senado lo reformularía ya que aunque la Oficina de Presupuesto Congresional (CBO) estimó que repeler Obamacare reduciría el déficit fiscal en $119 billones, también dejaría sin seguro médico a 23 millones de personas en los próximos 10 años. Por supuesto existen sus diferencias entre la previa propuesta de los congresistas para repeler Obamacare (AHCA) y la nueva versión propuesta por los senadores (BCRA).

Mientras que AHCA proponía subsidios por edad, BCRA los propone por nivel de ingreso. O sea, los más pobres pagarían hasta un 2% de su ingreso, lo que significa que aquellos que pierdan Medicaid, aún tienen una alta posibilidad de calificar para BCRA. Sin embargo, los que salen perdiendo, para variar, son los que menos tienen. Por ejemplo, con Obamacare, un plan “silver” cubría hasta el 70% de las facturas médicas. Con el nuevo BCRA, un plan con menos cobertura, el “bronce”, cubriría solo el 58% de esos gastos. No obstante, tanto BCRA como AHCA coinciden en que los estados pueden desregular los mercados de seguros. Esto significa que aunque el BCRA no permite que le aumenten la prima a personas con condiciones pre-existentes, el AHCA se las arregla para encontrar otra forma de no asegurar a dichos enfermos; no cubrir los tratamientos costosos que bajo Obamacare tenían que pagarse.

En el presente, los individuos que ganan menos de $47,550 reciben subsidios por Obamacare. El recorte propuesto por BCRA cubre a los individuos que ganan aproximadamente $41,600, o menos. Estudios realizados pronostican que las personas mayores serán los más vulnerables. Por ejemplo, se estima que un individuo de 60 años ahora pagará $6,000 al año por un plan “bronce”, cuando actualmente paga $3,600 por una mejor cobertura como el plan “silver”.

En otras palabras, cada vez se pretende castigar más a los que menos tienen. Y tal parece que envejecer es un delito porque las penalidades aumentan con los años.

O sea, pareciera que la consigna es: por viejos y por pobres tienen que pagar más, quién los manda... son unos perdedores.

¡Qué falta de humanidad!

Economista y periodista.

Siga a Benjamín F. DeYurre en Twitter: @DeYURRE

Esta historia fue publicada originalmente el 26 de junio de 2017, 2:02 p. m. with the headline "Lo que viene en salud: pobres y viejos pagarán más."

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