Opinión

Orgullo gay

He viajado de Miami a Madrid para participar en las festividades por el WorldPride, la celebración del Orgullo Mundial por los derechos de la comunidad LGBT y que ha contado con la ciudad y sus jefaturas totalmente volcadas a que esta celebración fuera también una manera de enseñarle al mundo que España es un país tolerante, entusiasta por la diversidad, comprometido y solidario con una causa y una comunidad que lleva años luchando por sus derechos, “con su pluma, sus colores y haciendo de la reinvidicación una fiesta y de la fiesta una reinvidicación”, como dije durante el pregón que dio inicio al WorldPride.

Qué semana en Madrid, hubo tanta excitación que las temperaturas bajaron diez grados y toda la polémica por la poca ropa que llevan los manifestantes de este Orgullo, quedó disuelta delante de miles y miles de varones y hembras vestidos y desvestidos en medio de un mar de risas, de alegría, de fiesta y celebración por derechos que hemos adquirido y legislado pero que aún en más de 70 países del mundo ni existen ni se espera que existan.

Ese es el próximo paso. Que los derechos LGTBI existan y se respeten en Irán, en Bahrein, en Venezuela y en Perú, Ecuador y Bolivia. Y en Italia y el Vaticano y Birmania. El mundo sigue siendo homófobo, aduciendo desconocerlo sin darse cuenta que el futuro es la integración y la igualdad.

Unas amigas venezolanas me preguntaron qué era el pregón y les expliqué que en el cuento de la Cenicienta hay un momento que un miembro de la Corte anuncia que se celebrará un baile en Palacio para conocer todas las casamenteras del pueblo. Pues, eso es un pregón. El que dimos diez personas, con más o menos popularidad o compromiso con El Orgullo Gay, fue emocionante en primer lugar porque consiguió reunir a cantantes, directores de cine, actores noveles y hasta la directora técnica de la selección femenina del Atlético de Madrid, para recitar las frases que en su día dimos como pregoneros. Yo me situé al lado de Ana Belén, la ya mítica actriz y cantante española, que acudió acompañada de su marido y compañero de escena, Víctor Manuel, pero subió sola al escenario. Como prefiero estar al lado de los profesionales, me pegué a su lado y esperé junto a ella nuestro turno para salir a escena. En ese tiempo, todas las Drag Queens que nos precedían, se detenían delante de ella y le decían, invariablemente: “¡Soy tu mejor fan! ¡Te admiro tanto, mis padres ni se diga!”. Y Ana Belén, impecable, les ofrecía su mejor sonrisa y estrechaba sus manos, incluso les arreglaba las pelucas y los atuendos. Y ellos, se derretían, se sentían hijos, amigos, fanáticos y uno le confesó a Ana Belén, la cantante de Lía o La Puerta de Alcalá, que en sus espectáculos: “Siempre canto algo tuyo. En playback, claro”.

¡Fue un momentazo! Que reconociera que era playback, que aunque fuera ella en la escena, por un momento, siempre era una drag queen, delante de la verdadera reina. Por alguna razón ese momento me pareció el espíritu de esta celebración. Reconocer que somos distintos pero que queremos ser estupendos, maravillosos, una historia de felicidad y superación como la gran Ana Belén.

Desde aquí, gracias a ella, a Alaska, a Rafaella Carra. A la actriz Loles León, a la mismísima Isabel Preysler, que se manifestó en pro de la manifestación del Orgullo “porque lo necesitan”, como dijo. Y también gracias a Mario Vargas Llosa, que igualmente sintetizó la importancia de la celebración, diciendo: “El WorldPride es la demostración de cuanto ha cambiado España en 30 años”.

Viva España, Viva Madrid y Viva el WorldPride.

Escritor y presentador venezolano.

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