Los artículos de opinión brindan perspectivas independientes sobre temas clave de la comunidad, separados del trabajo de nuestros reporteros de redacción.

Opinión

La época del consumo disparado

MCT

Hace unos días hablando sobre música con alguien, esta persona me contó que todavía escuchaba lo mismo que a sus quince. El rock de Soda Stereo, Fito Páez, U2, y de alguna manera también, a esa adolescencia de ella todavía se le colaban grupos de los sesenta y setentas, como Pink Floyd, Queen, los Rolling Stone, The Police. Yo a aquella discografía le sumaría Bob Marley, Bob Dylan, Héctor Lavoe, Rubén Blades y, por qué no, el vallenato de mi tierra, con esos juglares que le cantaban al paisaje y al romance.

En esa época la música, como tanto lo es el arte en general, era una especie de rompimiento con lo establecido. La música buscaba transgredir ciertas normas, rebelarse, protestar, señalar. Lo hacía a través de las letras y las melodías. Era política y apolítica, era social, hurgaba en sus raíces, pero también experimentaba, como una forma de desapego.

¿Había un ser venerado en esa música? Tal vez algún sentimiento o estado, como la libertad, el amor, la valentía, el talento, hasta la rabia e incluso el resentimiento y, como ya lo mencioné, la rebeldía, la no aceptación de lo establecido, de la rutina, de las costumbres, la tradición, a veces ni de la ley, sobre todo cuando era arbitraria.

Aunque la escucho, y la disfruto, me llama la atención que en mucha de la música que se produce hoy, ya sea con sus letras o sus videos, hoy más importantes que nunca con YouTube, el ser venerado es el dinero.

No importa si el tipo se lo gana a punta de pistola o vendiendo droga, como lo vemos en algunos videos de hip hop, o si no se narra cómo alcanzó la riqueza, pero es obligatorio que conduzca un Lamborghini y le guinde del cuello una rienda de oro, como en algunos videos de reguetón. El dinero, y lo que este habilita como el máximo bien de nuestros días, el consumo, rige la música de moda.

Si es la música, como todo arte, un reflejo de la sociedad, ¿podríamos decir entonces que hoy por hoy la aspiración máxima de la masa, es el consumo? Trabajar para consumir. Ser valiosos por nuestra capacidad de compra, de gasto. No por nuestro talento o profesión. No por nuestra sensatez a la hora de endeudarnos y nuestra capacidad de ahorro, sino por comprarnos a toda costa ese último teléfono que no sabemos en qué se diferencia del de hace seis meses, pero lo queremos, lo deseamos, lo necesitamos, sin éste en nuestro bolsillo, simplemente no seremos felices, hasta que salga la próxima versión y entonces creamos que no seremos felices hasta que lo compremos.

El problema es que en un mundo así, en el que todos tenemos hambre por repletarnos de objetos que parecen suministrarnos la identidad (camisa de tal marca, cartera, zapatos, reloj, carro), muchas veces los criminales, al menos ante la sociedad, en lugar de ser apartados, son premiados, pues tienen de sobra lo que a mucha gente honrada les falta: ya no poder adquisitivo, sino poder de consumo. Que esté manchado de sangre o de hambre de niños o de dolor, no tiene importancia, lo que importa es lo que se puede gastar en su compañía, en los centros comerciales.

Si dos de las grandes promesas del capitalismo son la posibilidad de acumular riquezas y la libertad, ¿podremos ser ricos gastando todo lo que nos ganamos, consumiendo compulsivamente? ¿Y qué tan libres somos, cuando nos pasamos la vida repletos de deudas?

¿Nos engañan haciéndonos creer que consumismo es igual a capitalismo?

Valdría la pena que alguien también le cantara a eso.

Escritor colombiano.

www.pedrocaviedes.com

Esta historia fue publicada originalmente el 30 de junio de 2017, 2:12 p. m. with the headline "La época del consumo disparado."

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA