El pelo rosa
Me teñí el pelo de rosa hace una semana en Madrid y mis compañeros de trabajo en Miami, que lo habían admirado en Instagram, se desilusionaron muchísimo cuando entré en el estudio y vieron que mis canas volvían a ostentar su habitual tono entre gris y negro. No, no era un tinte permanente, les expliqué, se trata de un spray de una conocida multinacional cosmética. Se quita con un lavado. “Creíamos que sería permanente exclamaron. Ilusos, les llamé, nada es permanente. Mucho menos en este siglo.
Pintarte el pelo de rosa y ser un varón de 51 años era algo impensable hace tres años. Se supone que a partir de los cincuenta ya no estás para extravagancias pero en este siglo todo es al revés. Es ahora a los cincuenta que puedes hacer lo que te dé la gana, incluso fiestas como la de Pablo de Grecia en Inglaterra a la que acudieron el rey de España, la reina de Holanda, y Valentino y Paris Hilton como reinas también de sus propios universos. La mejor invitada fue la reina Letizia, que no acudió, demostrando mejor criterio y sentido de la jefatura de estado que su marido, el auténtico jefe de Estado Español. La ausencia de Letizia ha puesto en el punto de mira la presencia de su marido que no supo distinguir donde empieza su role como líder de una nación y donde termina su papel de primo. En cualquier caso, si me hubieran invitado, habría acudido con mi pelo rosa y habría lucido mucho más estrambótico y flamboyant que la propia anfitriona, Marie Chantall Miller, la heredera de los duty free del mundo.
En muchas de esas fiestas, te dan un regalito al final en señal de aprecio por tu asistencia. Muchas veces ese regalito son unas pulseritas, un bono de masaje, un bolsito para la playa. Aunque en la fiesta de Pablo de Grecia se hicieron miles de selfies, nadie ha revelado su regalito. Seguramente eran cestas de perfumes del duty free. Unos headphones de última generación. O el spray rosado para el pelo. Porque es que el rosado se ha convertido en el nuevo azul marino. No pasa un día que no vea algo de ese color vestido por un caballero, generalmente muy joven y millenial pero siempre del género masculino. Algo está pasando: antes que acabara el siglo XX, si te vestías de rosado te llamaban gay y ahora, que cada vez se le agregan más letras a la comunidad LGTBIQ, si no llevas nada rosa es que no estás en nada.
A mí me parece genial porque desde muy niño, adoro el rosa. Era el labial preferido en mi madre, que no lo usaba mucho pero le daba risa ver el efecto que creaba en mí, de absoluto embeleso. Es el color de mi dibujo favorito, La Pantera Rosa. ¡Le he robado el modo de andar y muchas veces de pensar a La Pantera Rosa! Es el azul marino de la India, como un día predijo la gran sacerdotisa de la moda, Diana Vreeland. Tengo un traje rosa y todos los días le envidio a Jorge Bernal, el conductor de Suelta la Sopa, sus tuxedos y otros blazers en rosa. Una de mis canciones favoritas es Think Pink, que interpretan en el musical Funny Face, con Fred Astaire y Audrey Hepburn. “Piense en rosa”, dice la canción, “y el mundo se hará rojo rosado”. Empecemos este verano agregando rosa a todo. Al pelo de Trump, a la humedad del verano. Al limón alcalino. Al pelo. Y al corazón.
Escritor y presentador venezolano.
Esta historia fue publicada originalmente el 8 de julio de 2017, 3:07 a. m. with the headline "El pelo rosa."