Realidad empañada
Bueno, a estas alturas la cosa está muy clara: Rusia interfirió en las elecciones de Estados Unidos a favor de Donald Trump. El tema de la colusión también cada día se aclara más. El hijo de Trump, Don Jr., se reunió con una abogada de Moscú, que anteriormente le había escrito un email anunciándole que tenía información que perjudicaba a Hillary Clinton. Don Jr. dijo que amaba la idea y agendó la junta, a la que también asistieron Jared Kushner (yerno del presidente y “super agente 86” de este gobierno, encargado de todos los temas sensibles desde Siria hasta la relación entre Israel y Palestina), Paul Manafort, ex gerente de la campaña, y, mientras escribo estas líneas, sale a luz uno nuevo que Don Jr. había olvidado mencionar: Rinat Akhmetshin, un lobista acusado de haber sido un espía soviético.
La versión de Donald Trump Jr. sobre la reunión ha cambiado de acuerdo con las revelaciones. Cuando se informa que no se trató de lo que él dijo, cambia la versión. Pero lo que importa más allá de versiones encontradas o no, es que, si los rusos lo hicieron, y Trump y su campaña lo sabían, no fue de gratis. Putin es un oligarca corrupto cuya ambición por hacerse más rico y poderoso no tiene reglas ni límites. Y los intereses de su país, y sus valores, generalmente colisionan (es un adversario directo) con los de Estados Unidos. ¿Así que cómo va a ser la paga?
Y ya que todo está tan claro, creo que, dejando a los investigadores para que hagan su trabajo, la pregunta ahora es: ¿le importa a la gente que votó por Trump que Rusia haya intervenido para elegirlo? ¿Les importa que una potencia extranjera haya atacado el principio básico en el que se basa todo lo demás en este país: su democracia?
Creo que en las respuestas a esas preguntas se explica mucho de la coyuntura que se está viviendo. Pues si la respuesta es no, como me parece que lo es en la mayoría de los casos, estamos ante un escenario en el que lo único que importa, más allá de todo, es la persona por la que se vota. Y quizá hasta la apariencia.
¿Qué quiero decir con esto? Pues que si hace ocho años quien se estuviera enfrentando a semejante acusación de colusión con una potencia extranjera y catarata de revelaciones, hubiese sido el presidente Obama, todos esos a los que hoy no les importa lo que hizo o no hizo Trump con Putin, estarían gritando con furia porque Obama se fuera y que lo encarcelaran junto a su esposa y hasta a sus dos hijas.
Aunque también puede ser que se trate del partido. Pero en ese caso sería igual de grave. Pues entonces cualquier político podría hacer prácticamente lo que le dé la gana, ya que su culpa será exonerada por las iniciales de su partido. Si Obama era el presidente cuando se dio el operativo que culminó en la muerte de Osama Bin Laden, eso no fue él, sino los militares. Pero si Trump es el presidente cuando se ordena un ataque de retaliación a una pista de Siria, eso fue el presidente, y no los militares.
El caso es que la realidad la estamos viendo totalmente empañada por el cristal de los prejuicios, y es entonces cuando la cosa se oscurece, pues ante el no castigo por sus fechorías, los políticos empiezan a abusar.
Ejemplos de esos tenemos demasiados en Latinoamérica, con las nefastas consecuencias que ya todos sabemos.
Escritor colombiano. www.pedrocaviedes.com
Esta historia fue publicada originalmente el 15 de julio de 2017, 9:26 a. m. with the headline "Realidad empañada."