Opinión

Obama confunde su mensaje

El presidente Obama confunde su propio mensaje. En una reciente conferencia de prensa en el extranjero, Obama dijo: “Nuestro objetivo es claro; tenemos que debilitar y destruir a ISIS hasta que deje de ser una amenaza, no sólo para la región, sino también para Irak y Estados Unidos”.

Sin embargo, cuando se le pidió que aclarara qué quería decir su declaración sobre la destrucción de ISIS, el Presidente cambió de opinión y sugirió que EEUU puede “continuar reduciendo la esfera de influencia de ISIS hasta que se vuelva un problema manejable”. ¿Acaso Obama quiere decir que ISIS será destruido cuando se vuelva manejable? Si se toman al pie de la letra sus palabras, al parecer el Presidente no sabe.

Desafortunadamente, tanto los amigos como los enemigos son testigos de sus rodeos en momentos tan críticos.

No hace falta que hubiera ocurrido la salvaje decapitación de un segundo periodista norteamericano para ver que ISIS tiene tanta maldad como Al Qaida, quizás hasta más. Hizo falta 20 años y más de una administración para que EEUU, con la ayuda de algunos aliados, debilitara severamente a Al Qaida, y demostrara que este tipo de enemigo puede ser derrotado otra vez.

Hay una enorme necesidad de hacer eso.

ISIS está demostrando de forma efectiva su habilidad para financiar y llevar a cabo sus operaciones mientras establece su posición como una fuerza geopolítica.

Estados Unidos y sus aliados siguen en una guerra global contra el terrorismo.

Hay que tener en cuenta algunas actividades recientes: en Nigeria, Boko Harem secuestra y convierte y esclaviza a muchachas, miles de cristianos han sido aniquilados en el Oriente Medio, y el secretario de Defensa Chuck Hagel ha dejado en claro que ISIS, una amenaza inequívoca para el territorio norteamericano, tiene control de la mitad de Irak y la mitad de Siria y no hay ningún indicio de que piense detenerse dentro de esas fronteras. Hay una amenaza obvia a la seguridad y a los intereses nacionales que exige una respuesta clara, si no contundente, a la crisis. Hasta ahora, el presidente Obama no ha mostrado ninguna de las dos.

Para que los resultados sean óptimos, el Presidente actuaría juiciosamente si sigue los pasos de Bush padre en la Guerra del Golfo de 1990.

En agosto de ese año, el entonces dictador de Irak, Saddam Hussein, invadió a Kuwait, que era un importante suministrador de petróleo para nuestro país. La agresión de Saddam era también una amenaza muy latente para Arabia Saudita y la estabilidad mundial.

Como ex director de la CIA, el presidente Bush era un experto en política exterior y mantenía buenas relaciones con muchos líderes extranjeros.

El presidente Bush envió 500,000 tropas a Arabia Saudita para proteger al país de una posible invasión de Hussein y armó una coalición multilateral para responder militarmente a la insolencia de Hussein. En la coalición había también países árabes.

Toda la operación fue una obra maestra de cooperación diplomática y multilateral a cargo de EEUU, algo que sería difícil repetir en la actualidad ya que el presidente Obama no tiene esas relaciones en el extranjero. Sus relaciones en el Oriente Medio son débiles. Para poder tener éxito en contra de ISIS, Obama tiene que llegar a acuerdos con el presidente sirio Assad, a quien ha amenazado más de una vez. Assad no es precisamente amigo de los derechos humanos y mucho menos de la democracia pero, en este caso, no hay otra opción.

Para que las cosas se compliquen aun más, Obama trata de complacer a unos y a otros cuando dice que ISIS debe ser destruido, pero luego afirma que puede ser “manejable”. Un norteamericano terrorista de ISIS que hace poco murió en un combate trabajó en el aeropuerto de Minneapolis.

Esto podría ser un dato importante ya que parece que los terroristas tomaron 11 aviones comerciales de Libia el mes pasado.

La amenaza es verdadera.

ISIS tiene muchos seguidores, pero también tiene más enemigos que amigos, incluso entre otros extremistas musulmanes. Es urgente que Estados Unidos logre convencer a la comunidad internacional, para formar una coalición contra ISIS, una iniciativa que hasta Arabia Saudita tendría que respaldar.

Para ello hace falta un liderazgo hábil, algo que hasta ahora no ha tenido el presidente Obama. Parece como si sintiera incómodo con toda la responsabilidad que tiene su alto cargo.

El país está esperando que el Presidente hable sobre la amenaza de los radicalistas islámicos con la misma energía y claridad que utiliza para recorrer el país y recaudar fondos para el Partido Demócrata.

Obama ha dicho que los problemas en el Medio Oriente no son nuevos. Esto es cierto. Cuando nos acercamos a otro aniversario de los ataques del 9/11 en EEUU y en Benghazi, señalar lo obvio no hace que el país esté más seguro.

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