Opinión

Esquiva paz

Soldados ucranianos vigilan una carretera que conduce a la ciudad de Debalcevo, el viernes pasado, durante un alto el fuego en el este de Ucrania.
Soldados ucranianos vigilan una carretera que conduce a la ciudad de Debalcevo, el viernes pasado, durante un alto el fuego en el este de Ucrania. EFE

Después de, al parecer, darle muchas vueltas al asunto, Europa parece pellizcarse por fin con respecto a los dos escenarios más delicados de los últimos tiempos: la situación de Ucrania y la formación del grupo terrorista “Estado Islámico”. Y es que definitivamente en el mundo alcanzar una paz duradera parece ser todavía una utopía.

Mientras había un discreto asomo de esperanza en el Medio Oriente con la retirada de las tropas de Irak y el aviso de retiro en Afganistán; la, que al fin nunca fue, Primavera Árabe; la, tensa, calma entre Israel y Palestina; más la muerte de Osama bin Laden y el desmantelamiento de la cúpula de Al Qaeda; todo esto apenas duró un suspiro. Hoy, el Estado Islámico, con sus prácticas genocidas y sus asesinatos mediáticos a periodistas, parece superar a la organización que derribó las Torres Gemelas; Israel y Palestina acaban de dar por terminado otro encarnado enfrentamiento que dejó a la Franja de Gaza en ruinas, miles de muertos y desplazados; y la guerra civil de Siria, en la que ya se cuentan ataques con armas químicas, no parece tener fin.

Rusia, país que esperanzó a miles de millones de personas que celebraron al unísono el fin de la Guerra Fría, la caída del Muro de Berlín, le devuelta de su autonomía a las naciones de Europa del Este y el fin de ese sistema económico y político represivo que es el comunismo, hoy parece querer volver a sus viejas andanzas, primero anexándose Crimea, y ahora colaborando cada vez más descaradamente con las fuerzas separatistas de Ucrania.

Estados Unidos, aunque no con el protagonismo (protagonismo del que hoy por hoy reniegan sus ciudadanos) de antaño, en el que se erigía como la policía del mundo, ha intentado, desde el inicio de la crisis en Ucrania, formar una coalición que detuviera los anhelos imperiales de Putin, con medidas que amenazaran con frenar su economía. Después de varios meses, y ante una evidencia incuestionable, Europa aprobó medidas tan fuertes como las que había anunciado el presidente Obama. Pero tal parece que esas medidas no tuvieron el efecto esperado, y la OTAN, cuyos líderes se reunieron esta semana, ha decidido dar un paso más, anunciando la creación de una fuerza de reacción inmediata de 4,000 soldados, que puedan trasladarse a las zonas de emergencia en máximo 48 horas, y cuarteles desplegados en Europa del Este, que provean a las tropas de los equipos necesarios para enfrentar las amenazas. Aunque este último punto no viola en el papel los acuerdos firmados con Rusia en 1997, sí está muy cerca de incumplir el pacto de no desplegar bases permanentes en la región; “permanentes” es la palabra clave en este punto.

En lo que se refiere al avance yihadista del Estado Islámico, Estados Unidos logró una coalición de 10 países miembros de la OTAN que, coincidiendo en no desplegar tropas terrestres, sí parece que harán parte en los bombardeos, y en una posible ayuda a las fuerzas militares de Irak.

Qué delgado es el hilo que sostiene la paz mundial. Mientras los gobiernos deberían estar concentrándose en cuestiones fundamentales como el cambio climático y el mejoramiento de esa economía que todavía sigue grogui después de la crisis financiera del 2008, otra vez nos encontramos danzando alrededor de la palabra Guerra.

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