El Museo de Ciencia se moja como los demás
Miami, a la que llaman con razón Ciudad Mágica, crece, se expande, se eleva. El paisaje cambia vertiginosamente y eso es señal de pujanza, de fuerza, hasta de cierta apariencia de riqueza (pues la pobreza también aumenta según las estadísticas). Miami va dejando atrás su condición de ciudad provinciana, para acercarse a la categoría de gran urbe.
Pero aun así, parte del caos arquitectónico que se remonta a la fundación de la ciudad en época de Harry Flagler y Julia Tuttle, lleva una dosis de improvisación y desorden, que se sigue viendo expresamente con las construcciones que se realizan en el sector inmobiliario, que si bien deja mucho dinero en las arcas de las municipalidades, afecta la movilidad y los recursos esenciales, además, conlleva a la demolición indiscriminada de estructuras históricas.
En años recientes como parte de esa pujanza moderna se han realizado construcciones imponentes, obras de ingeniería sorprendentes, como el Centro Intermodal, que une el aeropuerto de Miami con el transporte público; el Adrienne Arsht Center donde el arte engrandece el prestigio de la ciudad, y lo más reciente, la inauguración del Phillip and Patricia Frost Museum of Science, en el corazón de la ciudad.
Todas estas obras mencionadas tienen en común que han sido edificadas en parte con fondos públicos. También las tres han tenido como constructora a la atribulada firma brasilera Odebrecht, y todas (incluido el Frost Museum) han tenido o tienen problemas de filtración de agua por sus paredes y techos, que han requerido (o requerirán) reparaciones que han pagado (o pagarán) los contribuyentes.
Muchos recordarán la impresionante catarata de agua dentro de la sala de conciertos del Arsht Center. La prensa se hizo eco del suceso y fue reparado a un costo 5 millones aportados por el Condado. No sé si en calidad de préstamo o de pago por las reparaciones.
Otro de los centros administrados por las autoridades locales es el Centro Intermodal del aeropuerto. Allí también filtra agua por sus paredes y aunque se han hecho reparaciones, a lo largo de estos 7 años de vida del edificio, todavía la lluvia se hace sentir en los 4 pisos de la estructura. Como estas filtraciones no son del dominio público, no se conocen muy bien los problemas reales. Tampoco se sabe quién está pagando por las reparaciones, ni el costo, que sin lugar a dudas, se cuenta en millones.
Lo más sorprendente es que en el flamante Phillip and Patricia Frost Museum of Science, abierto al público en pasado mes de mayo, tras una inversión de 300 millones, también filtra agua de lluvia de sus techos. Ninguno de los empleados a los que manifesté mi estupor supo darme una respuesta. Todos sonreían con cierta complicidad y dejadez.
Es inexplicable que esto ocurra. Habría que pedirles explicación a los políticos, también a las autoridades y a los inspectores. Se desenfunda con facilidad el dinero de los contribuyentes. Ya hicieron millonarios aportes al Arsht Center, los están dando en estos momentos para remendar el Intermodal, y al propio Museo de Ciencia, ya le dieron una partida millonaria para terminar el planetarium, pues los fondos se agotaron. Ahora alguien tendrá que afrontar los costos por las filtraciones de agua.
No se entiende cómo el Condado le sigue adjudicando licitaciones a compañías que una y otra vez ha demostrado que no hacen un trabajo de calidad. No se puede olvidar que en estos momentos está en desarrollo el proyecto de transporte a Orlando, en los alrededores de la corte del downtown, donde se corre el riesgo de, una vez terminado, aparezcan problemas que requieran reparaciones.
El dinero de los residentes debe ser usado con más eficiencia.
Escritor cubano, residente en Miami.
Esta historia fue publicada originalmente el 26 de julio de 2017, 4:43 p. m. with the headline "El Museo de Ciencia se moja como los demás."