Opinión

ORESTES RODRÍGUEZ: El futuro de la OEA

José Miguel Insulza
José Miguel Insulza AP

Se conoce la salida próximamente del secretario general de la OEA, José M. Insulza, después de larga estadía al frente de ese organismo regional, surgido para darle a sus miembros un instrumento jurídico y, entre otras funciones, para enfrentar a los regímenes dictatoriales del patio, así como rechazar cualquier doctrina extracontinental que no se avenga con la esencia de la democracia representativa.

Desde su creación, la OEA se ha visto salpicada por regímenes que no son afines con la democracia, adoptando medidas drásticas para evitar que en su seno se escuchen voces que no representan a sus pueblos, como fue la suspensión de Cuba en 1962, en la histórica Conferencia en Punta del Este, Uruguay, por su inserción en el bloque soviético.

De un tiempo a esta parte se ha podido apreciar que Insulza ha hecho esfuerzos por el retorno del régimen castrista a esa entidad regional, en franca violación de los principios plasmados en la Carta Democrática, suscrita por los miembros de esa institución el 11 de septiembre de 2001, la cual proclama como objetivo principal el fortalecimiento y preservación de la vida democrática, al postular que la quiebra del orden democrático o su alteración que afecte a un Estado miembro, genera un valladar insuperable para la participación de su gobierno en las diferentes instancias de la OEA, en atención a su

“Artículo 2. El ejercicio de la democracia representativa es la base del estado de derecho…”, de lo que se sigue que el régimen castrista es ajeno a esa preceptiva, y todo intento de que regrese al foro de dicha institución, no es más que vulnerar tales postulados.

Existe en Derecho un viejo principio que dice “que a nadie le es dable volverse contra sus propios actos”, y si la OEA excluyó a Cuba como miembro por su desviación doctrinal en cuanto a un estado de derecho, resulta incomprensible que se pretenda tenderle la alfombra roja para un eventual reingreso, ya que Cuba no está dentro del marco democrático.

Consecuentemente, si la actual administración de EEUU en gesto sorpresivo ha encaminado sus pasos para restablecer las relaciones diplomáticas con la dictadura castrista, ese acontecimiento no comporta nada positivo para el pueblo cubano, que se debate en medio de una crisis política, económica y social, porque no participa –como refleja la mencionada Carta Democrática– en la gestión gubernamental y, por el contrario, es reprimido cuando alza su voz en protesta por sus condiciones de vida, como se viene observando a través de las imágenes que llegan desde la isla enmarcadas en golpizas en las calles habaneras y de otras ciudades de la isla, sin que la OEA se pronuncie como es su obligación jurídica.

El 10 y 11 de abril de este año se celebrará la Cumbre de las Américas en Panamá y la última que presida Insulza como secretario general de la OEA, a la cual asistirán el dictador Raúl Castro y su discípulo Nicolás Maduro, quienes representan ideologías distintas al espíritu democrático, y en tal sentido de ese cónclave, nada prometedor nacerá para el destino de Cuba ni de Venezuela, porque la ruta socialista que preside dichos regímenes no cambiará de rumbo, como han reiterado ambos gobernantes.

Tampoco se puede estar optimista con el relevo de Insulza, pues su sustituto, Luis Almagro, como bien indica la columnista de este diario, María Clara Ospina [ver ¿Renacerá la OEA?, Perspectiva, 24 de marzo]), “Hace unos años, Almagro fue uno de los que ayudó a la conformación de los nuevos organismos americanos rivales de la OEA, organizaciones que, precisamente, pretendían remplazar a la OEA como voz del continente, eliminando la influencia de Estados Unidos”, empeño que, al parecer, no abandonará dicho diplomático cuando tome las riendas de tan inefable organismo, lo que fuerza la creencia de que el futuro de la OEA es incierto sobre la base de su ineficacia en la solución de los acuciantes desafíos, especialmente en lo concerniente a la garantía de los derechos humanos.

Abogado cubanoamericano. Reside en Miami.

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