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Opinión

Que siga la fiesta

Quizá sin quererlo, Rodrigo Tacla, ex abogado en líos judiciales de la ya tristemente célebre firma constructora internacional Odebrecht, ha hecho una completa radiografía de lo que es el mundo ahora, en una entrevista para el diario El País. Pero antes de empezar con las perlas que suelta el letrado, quizá vale la pena mencionar algo que no se nombra en la entrevista, pero que me parece lo más evidente, y trágico, de este episodio: si Odebrecht no hubiese pagado esos sobornos, simplemente no se hubiera ganado un solo contrato, los hubieran adjudicado a otra compañía que sí lo hiciera, y lo único que hubiera cambiado, es el nombre que ahora está en boca de todos.

No por eso digo que sean unos santos, pero sí que la realidad es mucho más grave y compleja. Yo no sé cuándo empezó esta ‘fiesta’, pero lo que sí está claro es que a estas alturas ya nadie cree en nadie, ni en los políticos, ni en los empresarios, ni en los funcionarios, ni en los empleados. Excluyendo a una pitufa minoría, todos se muestran ofendidos, hasta que les giran su cifra y entonces que siga la fiesta.

Lo de Odebrecht impresiona hasta por su ‘sabiduría’ psicológica. Dice Tacla que no solo se preocupaban por el personaje en cuestión que podía adelantar sus contratos, sino por tener contentas a sus esposas y, atención, sobre todo a las exesposas. Claro, a esas que seguramente saben tanto, y que ya no le deben fidelidad ni lealtad al personaje, pues que permanezcan casadas con Odebrecht, para que a ellos sí le sigan siendo fieles.

¿Y el resto? Lo de siempre: millones. Dinero que surge a borbotones, más todo lo que eso compra. Carros, aviones, joyas, elecciones, placeres. El círculo se cerraba con la prueba de esos placeres. Así, de Brasil salían aviones cargados de hermosas mujeres y un fotógrafo. Si por alguna razón el tipo no aceptaba el soborno, pues entonces que aceptara el chantaje.

Me pregunto a dónde irán a parar las platicas de esa economía alterna que ya parece mayor que las economías declaradas. Esas evasiones de impuestos, esas fortunas de los narcos capturados o asesinados, esas cuentas confiscadas, esos sobornos. Porque les aseguro que al pueblo de los gobiernos por el pueblo y para el pueblo no le llega ni una gota.

¿Y cómo las mueven? Antes se supone que eran los Pablo Escobar, los Chapo Guzmán. Pero es que ahora es la FIFA; los gobiernos nacionales, estatales y de ciudades; y los candidatos, en Panamá apostaron por los dos que estaban compitiendo en la segunda vuelta, así como al parecer también en Colombia patrocinaron a las dos campañas presidenciales; y las corporaciones; y los bancos; es que hasta el Vaticano ha tenido sus escándalos.

¿Cómo, cuándo, dónde, lo esconden? Esto no es un elefante en una casa. Es un dinosaurio en una bañera. Pero lo esconden. Y bien. Y mientras, el pueblo es testigo de cómo le quitan, para darle concesiones a las empresas que pagan.

Esto no se trata de ideologías de derecha o izquierda, estamos ante un atraco de dimensiones estratosféricas, una redistribución de la riqueza mundial a través del robo descarado.

Cuando los pillan, si es que los pillan, pagan multas, negocian el tiempo de las penas, sus familias viven como realeza y después ellos mismos siguen gozando de sus lujos. Pero ay de aquel individuo de clase media o baja que intente no pagar completa su cuota a las agencias de impuesto. A ese sí no le negocian ni una hora.

Y claro, ¿si no entonces qué se roban?

Escritor colombiano.

www.pedrocaviedes.com

Esta historia fue publicada originalmente el 28 de julio de 2017, 2:43 p. m. with the headline "Que siga la fiesta."

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