Boris Izaguirre: Yo también soy transexual
Nos estamos acostumbrando a que el presidente Donald Trump gobierne a golpe de tuits, y en una sucesión de ellos promulgó que no aceptaría personal transgénero, más conocido como transexual, en las fuerzas armadas de Estados Unidos, en las que ya prestan servicios más de 15,000 personas que han reasignado su sexo para ajustarlo al que consideran suyo.
Los altos generales del ejército estadounidense le han recordado al presidente que no basta con tres tuits, sino que tiene que ser una petición formal, escrita y aprobada. Es probable que Trump haya querido tranquilizar a sus socios ultraconservadores con sus tuits, pero lo que quizás no calibró es que en este momento el tema transexual goza de muchísima más aprobación, entre varios sectores de la población estadunidense, de lo que los ultraconservadores y el presidente pudieran imaginar.
De esa aceptación es muy responsable una mujer como Caitlyn Jenner, que votó por Trump pero le ha reclamado los tuits que le afectan directamente. Jenner pasó de ser el medallista olímpico masculino más célebre de su generación a convertirse en una mujer capaz de eclipsar a sus celebres hijastras Kardashian. Y el mensaje de que la genitalidad no tiene nada que ver con la orientación sexual se hace cada vez más aceptado por la sociedad norteamericana. Trump y los ultraconservadores podrían sorprenderse de lo solos que estarían en esta lucha. Si Trump tuviera que recular sería otro dardo contra su presidencia.
En sus tres tuits, Trump ha dejado caer que el gasto médico que asumen los contribuyentes para las operaciones de cambio de sexo, es elevado. Según un prestigioso think tank, RAND, podrían llegar a los 8 millones de dólares. Trump seguirá enviando tuits en los que intentará convencernos de que un asunto privado no puede considerarse un gasto de seguridad pública. Pero las cifras oficiales del Pentágono muestran que el Departamento de Defensa norteamericano se gasta $84.2 millones en Viagra y otras medicinas similares para garantizar la erección masculina, al parecer esencial para la moral de la tropa y la defensa de la libertad en el mundo.
Creo en un mundo donde pueden convivir erecciones, orgasmos y libertad. Y el respeto. Abigail Pereira, la primera transgénero latina en obtener un visado de trabajo en Estados Unidos, dijo en el programa de Telemundo Suelta la sopa, “una persona solo puede ser juzgada por su trabajo”. Abigail es una de mis personas favoritas. Me recuerda a Karla Luzbel, una actriz venezolana que nació Carlos Cosentino y compartió apartamento junto a mi madre cuando bailaban en el American Ballet. Karla fue de las primeras personas en cambiar de sexo y mi madre la entrevistó para una serie de reportajes cuando yo contaba menos de 11 años.
Me daba cuenta que Karla era más corpulenta que mi mamá, que hablaba con un timbre más grave, que sus manos eran más gruesas y también me preocupaba qué podrían pensar en mi colegio si comentaba algo sobre estos encuentros. Pero mi mamá explicó con total claridad lo que había sucedido en Carlos para conseguir ser Karla: “ Necesitó muchos años de lucha para que la entendieran. Como tu mamá, desearía que todas las personas que sean así, sufrieran menos rechazo y más ayuda”. Me habría encantado que mi mamá viviera para responderle a Trump por tuit. O cara a cara en la Casa Blanca.
Escritor y presentador venezolano
Esta historia fue publicada originalmente el 28 de julio de 2017, 5:53 p. m. with the headline "Boris Izaguirre: Yo también soy transexual."