El culebrón Neymar
Cada vez que acudo a una entrevista para un posible trabajo en Miami, me hacen la misma pregunta: ¿Dónde vives, aquí o en España? Y siempre respondo, por antipática que resulte la respuesta, “en ambas”. En realidad me gusta el efecto que crea en mis posibles empleadores. No le vamos a dar la plaza porque es un sobrado, un bon vivant. Yo sé que es verdad, un sábado estoy presentando la alfombra roja de los Premios Platino (gracias, amigos del Suplemento Viernes) y otra estoy sentado en el palco vip del Hard Rock Stadium viendo El Clásico del Real Madrid y el Barca en Miami. Es una vida dura para la que hay que tener mucha caradura. Y un surtido importante de vestuario. Pero tiene sus recompensas, en una iba a sentarme al lado de Pedro Almodóvar a hablar de la próxima serie sobre el asesinato de Versace. Y en el Clásico, entre hamburguesas y champagne, iba a ver a Neymar marcar su último gol con el Barca.
Neymar se fue, costándole a su nuevo equipo 263 millones de dólares, vale. Lo que me ha puesto los pelos de punto es enterarme que en la boda de su ex compañero Messi, solo dio 37 dólares a la ONG a la que el jugador argentino deseaba destinar los beneficios regalos de su boda. Nunca me han gustado esas bodas donde se aceptan cheques por regalos. En mi época de abandonar Venezuela, en 1992, se estilaba mucho hacer una fiesta de despedida y tus amigos llegaban con bebidas y sobres donde había veinte dólares. Cuando veías el grupo de sobres y el recaudo era irrisorio, terminabas llorando más por esa cuenta que por dejar atrás a tu familia. Pena me da también que en estos 25 años no conseguí hacer una fortuna como la de Neymar pero eso no le excusa ser tan pichirre. Mi mamá siempre decía que los millonarios lo son porque no gastan. Es cierto que regatea como nadie y ese gol que se marcó el sábado pasado en el Hard Rock Stadium fue glorioso, pero la verdadera diferencia entre él y yo es que yo me gasto 3700 dólares en un traje y el 37 en una boda benéfica.
MrMitrano y DrSimonFit, sus nombres de Instagram, me reciben en su casa cuando las cosas se ponen negras o Trump anuncia que endurecerá las leyes de inmigración y que acabará con el sorteo de las Green Cards. El jueves, que fue el día más caluroso del año, fui a comer en su food truck, LaCocinita, donde preparan arepas alkalinas, bowls de quínoa y un tartar de salmón envuelto por trozos de manzana verde. Los ves a ellos, perfectamente definidos y crees que comiendo su comida quedarás igual. Deberían trabajar para Neymar. Y para Messi y también para Raúl de Molina. Pero lo que me llamo la atención del lugar es que, comensales y responsables, eran venezolanos. Me pasa lo mismo cada vez que subo a un Lyft o a un Uber. Y este jueves que fui al Soho Beach House y las duchas estaban colapsadas por venezolanos hablando con ese raro idioma de groserías y adjetivos que les ha dejado el chavismo. “Coño, que bolas, bellísimo, nojoda, que vaina, fino”, dicen a casi todo. Igual para el susto de la tormenta Emily como para el gol de Neymar como para los precios de una hamburguesa en el Soho. Todo es Coño-Nojoda-Que Bello. La noche con MrMitrano y DrSimonFit, discutiendo el país, no pude evitar preguntar en voz alta: ¿Queda alguien en Venezuela?
Escritor y presentador venezolano.
Esta historia fue publicada originalmente el 5 de agosto de 2017, 6:14 a. m. with the headline "El culebrón Neymar."