Caos, incertidumbre y chismes en Washington
Muchas cosas están sucediendo en la Casa Blanca últimamente. Decisiones importantes que no acaban de tomarse, intentos de legislaciones fracasadas y dudas sobre las próximas, récord en la velocidad de rotación del personal de confianza. Supuestamente Donald Trump tiene debilidad por generales y billonarios; sin embargo, ninguno de ellos está exento de ser despedido sin preaviso. Todo depende del tamaño y origen del chisme que le llegue al Presidente.
Y es que la pasión de Trump por despedir personal es legendaria. No solo en su programa televisivo The Apprentice popularizó su famoso dicho “Estás despedido” (You’re fired). También en su vida real como empresario y candidato a la presidencia se destacó por despidos múltiples. Su debut en este giro aconteció en agosto del 2015, cuando despidió a su primer asistente de campaña, Sam Nunberg. El comentarista politico Corey Lewandowski, contratado previamente, al parecer influyó en Trump para este despido. Como próximo paso, Lewandowski se convirtió en jefe de campaña de Trump e impuso el lema “dejen a Trump ser Trump” (Let Trump be Trump).
Su influencioa con Trump duró poco. En junio del 2016 fue despedido y sustituido por Paul Manafort, con quien había protagonizado un altercado. Manafort, quien era un reconocido cabildero internacional, fue acusado de recibir $12.7 millones de un partido político ucraniano afín a Vladimir Putin. En agosto del 2016 fue despedido y sustituido por el fuerte activista Stephen Bannon.
El 27 de junio del 2017, Manafort se registró retroactivamente como agente extranjero y declaró haber recibido más de $17 millones entre el 2012 y el 2014, trabajando para un partido político pro-ruso en Ucrania.
Una vez que Trump alcanza la presidencia de EEUU, los despidos se enfatizaron aún más. Con apenas 11 días en el cargo, la fiscal general interina Sally Yates es despedida por haber ordenado a las cortes no obedecer un mandato inmigratorio de Trump. Luego, a los 23 días es despedido el consejero nacional de Seguridad Michael Flynn por supuestamente haber tenido componendas no reveladas con el embajador ruso.
Después han seguido una serie de despidos o renuncias, a saber: el director del FBI James Comey, el secretario de prensa de la Casablanca Sean Spicer, el vocero de prensa Michael Short, el previo director de comunicaciones Mike Dubke, el jefe del gabinete Reince Priebus y el último director de comunicaciones, Anthony Scaramucci, quién por presión del nuevo jefe de gabinete, el ex-general John Kelly, duró solo diez días en su posición.
Incluso, hasta empresarios destacados renunciaron al Consejo de Asesores de Trump, motivados por la salida de este del acuerdo climático, como fue el caso de Elon Musk, CEO de Tesla Motors, y Bob Iger de Disney Corp.
La ola de despidos continúa. El ex-general H.R. McMaster, quien desde febrero del 2017 ocupa el cargo de Consejero Nacional de Seguridad, la semana pasada despidió a Ezra Cohen Watnick, quien era el Director Senior de Inteligencia. McMaster, quien ha tenido fuertes enfrentamientos con el estratega Stephen Bannon, recientemente despidió a tres ilustres miembros del Consejo Nacional de Seguridad cercanos a Bannon, entre ellos al coronel retirado Dereck Harvey, el Consejero Nacional de Seguridad para el Medio Oriente.
A todas estas, el presidente Trump ha amenazado con despedir al general John Nicholson Jr, el recordado comandante militar en Afganistán. No hace mucho Trump firmó una orden autorizando al Pentágono para el envío de 3900 soldados requeridos por los comandantes en Afganistán, pero el secretario de Defensa Jim Mattis no ha ratificado el envío de dichas tropas debido a la ausencia de una estrategia aprobada al respecto. Hasta el presente, Trump se ha demorado en decidir cualquier nueva acción militar o política por la cual los afganos han estado esperando por seis meses, habida cuenta del avance de las fuerzas talibanes en el área. En lo que parece ser una política desordenada, Trump no acaba de trazar un plan sobre Afganistán. En verdad, el flujo de consejeros que rodean al Presidente matizan su toma de decisiones, tal como podemos ver en la cantidad de asesores, amigos, secretarios del gabinete y miembros de su familia que constantemente parecen influenciar en sus decisiones.
Se pudiera decir que dos figuras más estarían tambaleándose en sus posiciones próximamente. Una sería el secretario de Justicia, Jeff Sessions, quien molestó a Trump por haberse recusado de las investigaciones rusas. El otro sería el mismísimo consejero nacional de Seguridad McMaster, sobre el cual muchos activistas conservadores han solicitado sea removido, a pesar de haber recibido un supuesto respaldo de Trump.
Lo cierto es que con el nombramiento como jefe del Gabinete del ex-general John Kelly, prestigioso ex-jefe del Comando Sur en la Florida, se busca generar confianza y serenidad en toda la cadena de mando del Presidente, incluyendo a Stephen Bannon y a su propio yerno Jared Kushner, quienes ahora deberán reportar a Kelly en vez de al Presidente. Por cuanto tiempo la autoridad de Kelly permanecerá en este nivel, es algo desconocido realmente.
Una cosa es disciplinar e imponer el orden a subordinados en la Marina o en el Comando Sur y otra lidiar con Kushner e Ivanka Trump. Al final, la familia generalmente tiene la razón.
Economista y periodista.
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Esta historia fue publicada originalmente el 7 de agosto de 2017, 2:46 p. m. with the headline "Caos, incertidumbre y chismes en Washington."