Opinión

Mea culpa, Al Gore, tenías razón

El ex vicepresidente Al Gore habla con Jenny Staletovich, periodista del Miami Herald, durante una presentación de su nuevo documental en Miami Beach, el 3 de agosto del 2017.
El ex vicepresidente Al Gore habla con Jenny Staletovich, periodista del Miami Herald, durante una presentación de su nuevo documental en Miami Beach, el 3 de agosto del 2017. pportal@miamiherald.com

Cuando llegó el momento de votar entre un presidente del Partido Republicano, fuere quien fuere, y otro del Partido Demócrata, en el año 2000, definitivamente voté contra el demócrata.

Voté como cubana, ya que fue bajo la presidencia y anuencia de Bill Clinton que Janet Reno ordenara con fuerza inaudita sacar a Elián González de su casa en Miami y enviarlo para Cuba en junio del 2000. Esto, a pesar de que Al Gore le había aconsejado que concedieran la ciudadanía americana al niño para protegerlo bajo las leyes de este país.

Los cubanoamericanos no sabíamos que Al Gore pensaba así. No hasta que Bill Clinton me lo confesara en una entrevista en el 2004 para este diario, cuando publicó su libro, Mi vida, (Alfred A. Knopf, Random House). Desde una óptica posterior, Gore sabía lo que convenía en este caso, política y humanamente.

Además me equivoqué también en otro sentido. Como muchos, no creía en los vaticinios climáticos de Al Gore. Me parecía un romántico del siglo XVIII alemán, asociado al movimiento subjetivista en las artes y la literatura Sturm und Drang ( 'tormenta e ímpetu') y que al fin, el clima se arreglaría. Pero al revés, Gore no es un subjetivista, sino un estudioso de lo objetivo, de la ciencia. Y no era un impulso su creencia, siempre había estado afiliado a la defensa del medio ambiente.

Pero pensábamos que los científicos estaban exagerando. Aún hoy muchas personas influyentes no quieren aceptar lo que dicen los científicos, aunque haya cambio climático piensan que los seres humanos no tenemos nada que ver con el calentamiento terrestre.

Varias experiencias viajeras me trajeron a una realidad distinta: En el 2007 viajé a Suiza durante la primavera y me quedé atónita, ¿a dónde se habían ido las cumbres totalmente nevadas que vi en un mes de agosto de los años 50 en que la visité por primera vez? En el 2000 visité Beijing y no me di cuenta de lo que ahora muestran en un documental de NBC. La ciudad está cubierta del smog por las emisiones del carbón que es abundante en ese país. La situación actual ha recibido el nombre de “Apocalipsis del aire”. Y ¿qué me dicen del bombeo de las aguas en nuestras costas? “No se puede bombear un océano”, les responde Gore a las autoridades en su nuevo documental.

Por eso hay que verlo en los cines de Miami, “An Inconvenient Sequel: Truth to Power”, que sigue a la anterior película ganadora de 2006, “Una verdad incómoda”. Puedo criticarle muchas cosas, porque agota ver a Gore todo el tiempo hablando, sin darle oportunidad apenas a que otros también expliquen lo que hacen para frenar el cambio climático y sus consecuencias. Y parece mal editado, ya que al ex vicepresidente lo siguen con la cámara por todas partes, y podríamos haber visto más ejemplos de desastres naturales, que la cara, espalda y perfil del presentador. Pero su Nobel de la Paz en el 2007 está no solo bien merecido, sino que su nombre y su labor pasarán a la historia como el héroe del Planeta, que vale mucho más que ser presidente estadounidense.

Ya no hay duda de que lo que predicó Al Gore se ha convertido en realidad con las noticias de los últimos años. Precisamente acaba de salir un informe de 13 agencias federales sobre el incremento de las oleadas de calor, sin correspondencia de incremento en oleadas gélidas, en las últimas cuatro décadas en Estados Unidos, publicado por The New York Times.

Groenlandia figura como un ejemplo importante en la cinta, una isla mayormente cubierta de una capa de hielo, que ahora se está derritiendo hacia el mar. Pero lo que más impresiona es la exhibición en la pantalla de la franja de aire que cubre la Tierra. Es muy delgada y es ahí donde lanzamos todos nuestros detritos, explicó Gore. Sin que ni siquiera cambiara el clima, el hecho de que respiramos toda la basura que mandamos hacia la atmósfera ya nos debe alterar.

Los primitivos no avanzaron, pero no destruyeron su hábitat. Nosotros nos hemos civilizado, pero a costa de explotar el planeta Tierra hasta los límites.

Hace muchos años que se sabe de los métodos de aprovechar el sol para energizar el planeta entero. Pero los intereses creados de gente que posee el petróleo y y el carbón se oponen. En este documental Gore los acusa abiertamente, y explica que son donantes de las campañas de los políticos, cosa que él debe de saber muy bien como antiguo y regenerado político.

Otra causa de los gases metano que ensucian la atmósfera es el exceso de ganado vacuno en el planeta. Por lo que Al Gore confiesa que se ha vuelto vegano. Pero de eso no habla en el documental. Es un tema muy sensible.

Gore sí plantea que a pesar del rechazo de Donald Trump al pacto climático de París, la reacción de los 195 países miembros fue positiva y contraria al presidente norteamericano. También la de muchas ciudades en Estados Unidos que se han declarado por las energías renovables. Es decir, votaron por los modernos molinos de viento, o aerogenadores, que producen energía eólica, y por las planchas o paneles solares, para reducir las emisiones de gases.

Esto ha sido lo extraordinario, que tan pronto como Trump dijera que se retiraba del pacto, los demás países votaran por el mismo. Y cuando en Pittsburgh se justificó diciendo que fueron los de esa ciudad los que votaron por él, y no los de París, el alcalde demócrata Bill Peduto le respondió en CNN que esa ciudad votó por Hillary Clinton y que no quiere ir contra el pacto climático, porque Pittsburgh necesita limpiar su atmósfera más que ninguna otra ciudad, y está en el camino de hacerlo.

Parece que si Trump dice que no quiere algo, debe de ser que lo contrario es algo bueno para el planeta --y para Estados Unidos--, y que la respuesta más valorada en el mundo esta vez ha sido la de contradecirle.

olconnor@bellsouth.net

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