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Opinión

Kim-Trump-Un: ¿rumbo al invierno nuclear?

Entre todas las piezas del rompecabezas nuclear hay una central, un triángulo maldito, sin la cual es imposible resolverlo. En la base del triángulo están Estados Unidos y Corea del Norte jurándose destrucción mutua; y en el vértice superior está China, árbitro clave, quizá el único, para abrir este callejón sin salida. O cerrarlo completamente, en lo que sería un todavía más catastrófico escenario de guerra nuclear entre las dos superpotencias.

China es crucial por múltiples razones. La primera, porque los líderes de EEUU y Norcorea, ambos mentalmente desajustados y profundamente inseguros, son incapaces de actuar sin amenazas pero sí capaces –según ellos mismos– de demostrar su poderío apretando el “botón” atómico, que SOLO ellos controlan. [Atención América y resto del planeta: Donald Trump no tiene legalmente que pedir permiso a nadie –ni Congreso ni Tribunal Supremo– para lanzar una bomba atómica; es su sola decisión, y una vez activada la detonación en cuestión de minutos alcanza el objetivo].

Al absolutista Kim no hay quien le contenga en su país, salvo quizá su instinto de supervivencia, suponiendo que éste sea más fuerte que el de matar a millones de seres humanos en un acto de suicidio glorioso. Y a nuestro presidente hay al menos la intención de frenarle por parte del llamado “eje de adultos” en el gobierno. Tanto les preocupa su impulsividad egomaníaca al Secretario de Defensa, Jim Mattis; al de Estado, Rex Tillerson; al Jefe de Despacho, John Kelly; y al Asesor de Seguridad Nacional, H.R. McMaster, que tienen un pacto tácito para que siempre uno de ellos esté en Washington, por si acaso le da una ventolera mental a Donald, se ponga a revisar el biscuit –la tarjeta que siempre lleva consigo con los códigos nucleares– y le ordene a su ayudante militar que los pulse en la maleta nuclear, apodada el football, a su lado día y noche. [Mejor que se desahogue en sus madrugadas insomnes tuiteando que jugando con las cerca de 1,000 cabezas nucleares americanas… “esta se la mando a Kim, esta otra a Xi y la tercera a Assad”].

Recordemos que hay más de 15,000 armas nucleares repartidas por el planeta y que sólo detonando 100 de ellas morirían más de 2,000 millones de personas, casi una tercera parte de la Humanidad, de acuerdo a International Physicians for the Prevention of Nuclear War.

La segunda razón del papel vital que juega el presidente Xi Jinping es por su interés estratégico: un enfrentamiento nuclear a su puerta –aparte de la desolación que causaría y las oleadas de supervivientes cruzando la frontera– implicaría el colapso del régimen de Pyongyang y la reunificación de las dos Coreas, que pasarían a la órbita de influencia de Washington. Un golpe demoledor para la supremacía de Pekín en Asia.

La tercera y más importante razón a largo plazo es por su propio liderazgo en el mundo. Para consolidarse como verdadera potencia, el gigante asiático tiene que demostrar que no sólo es un motor económico sino un actor global, capaz de intermediar y solucionar crisis. En los últimos días ha dado pasos en tal dirección, apoyando las sanciones a Pyongyang en la ONU y suspendiendo importaciones norcoreanas de acero y carbón. Queda por ver si son un verdadero cambio de política o una mera táctica para calmar temporalmente la retórica bélica del dúo Kim-Trump y, a la vez, aprovechar la coyuntura para disuadir a Trump de iniciar una guerra comercial contra China.

La mayoría de los expertos concuerdan en que es una táctica dilatoria para posponer lo inevitable: una confrontación militar. Cuándo, cómo y quiénes participarían en una batalla para eliminar el riesgo de una catástrofe nuclear sin precedentes es lo que se baraja entre bastidores en Washington y Pekín. Y con gran temor y las manos atadas en Seúl y Tokio.

Las opciones son limitadas y ninguna buena. Partiendo de que el clientelismo político de la dinastía Kim con China es el mayor obstáculo, la mayor incógnita para un posible desenlace. No hay que olvidar que Pekín ha ejercido de facto un protectorado en Corea del Norte desde que esta invadiera a la del Sur provocando la guerra de 1950-53, que concluyó con un armisticio tras la intervención de EEUU y la ONU.

El escenario más optimista contempla la unión de propósitos entre EEUU y China para desnuclearizar la península coreana. Muy fácil decirlo pero cómo se hace: ¿Destruyendo EEUU el régimen de Kim Jong-Un, que conllevaría la muerte de millones de norcoreanos y la respuesta militar instantánea de Pyongyang contra Seúl, una ciudad en cuyo perímetro viven 25 millones de personas?

Lawrence Krauss, jefe de la Junta de Científicos Atómicos, advierte que “un ataque nuclear contra Seúl empezaría y acabaría en 3 minutos”. Y esa es sólo una de las apocalípticas consecuencias globales –económicas, sociales y políticas– de una conflagración nuclear. Un malentendido entre los vértices del “triángulo maldito” conduciría al verdadero Armagedón.

Todas las guerras de la Humanidad han empezado con palabras amenazantes, con hostigamiento verbal. Cállese por favor, señor Trump, que no queremos que asole la Tierra en que vivimos.

Periodista y analista internacional.

Siga a Rosa Townsend en Twitter: @TownsendRosa

Esta historia fue publicada originalmente el 16 de agosto de 2017, 1:21 p. m. with the headline "Kim-Trump-Un: ¿rumbo al invierno nuclear?."

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