Mejor sexo femenino en el socialismo
El New York Times debe ser el único diario del mundo que está celebrando, con ahínco, el centenario de la Revolución de Octubre en una serie que ha titulado “Siglo Rojo”.
Entre todas las reflexiones que se han ido publicando, a cargo de respetables teóricos, me resultó particularmente interesante aquella que trata de argumentar por qué las mujeres tenían mejores relaciones sexuales en el socialismo.
Una mirada empírica al pasado reciente cubano me hacer recordar cómo mis amigos que estudiaron en la República Democrática Alemana afirmaban que en aquel país gris y atormentado por la Stasi, los criollos estaban de plácemes porque los alemanes reservaban el jueves para hacer el amor, en medio de privaciones, calefacciones destartaladas y un ineludible alcoholismo, como para ahogar las penas.
Los isleños aterrizaban con la testosterona caribeña en la cúspide juvenil, se alimentaban algo mejor que en la patria dejada atrás, y arrasaban en los albergues universitarios, donde las germanas no salían de su asombro ante tantas mañas y fervor, sin discriminar ni horario, ni día de la semana.
El otro caso que amerita estudio es el de la Unión Soviética, de donde regresaron decenas de mis compatriotas, con esposas y descendencia, luego de concluir sus carreras. Circunstancia que manifiesta cómo la sensualidad y el amor, sin etiqueta política, se abrieron paso en culturas casi antagónicas y “socialismos” de distinto origen.
Un estudio sociológico comparativo de las dos Alemanias, sin embargo, llevado a cabo luego de la reunificación en 1990, encontró que las mujeres del este experimentaban el doble de mejores orgasmos que las del oeste. Toda una rareza, considerando que unas disfrutaban las bonanzas económicas de la modernidad, mientras las otras hacían cola para el papel sanitario, por solo mencionar una de tantas perturbadoras carencias.
La autora del artículo, profesora de estudios rusos y del este europeo en la Universidad de Pennsylvania, luego comienza a enumerar ejemplos –algo estereotipados–, que a su juicio explican la baja libido femenina en las más jóvenes democracias europeas.
Todos los testimonios guardan relación con la presión laboral y el stress del capitalismo, considerando que durante el socialismo las mujeres contaban con círculos infantiles para sus hijos pequeños y licencia de maternidad, entre otras prebendas. De tal modo, la profesora llega a la conclusión de que gozaron de vidas más plenas en el comunismo porque estos regímenes utilizaron la emancipación femenina como un asunto central para hacer avanzar el disparate llamado “socialismo científico”.
Dicho así, en un medio de prensa tan importante, los incautos, ajenos a los desmanes de las dictaduras comunistas, se pueden tragar la píldora disuasoria desde sus cómodas poltronas occidentales.
A la distancia de la debacle cubana, que fue el socialismo que me correspondió sufrir, me pregunto qué de sexy tiene la falta de ropa interior adecuada, la poca agua para lidiar con la higiene, los desesperados sustitutos (bicarbonato, leche de magnesia) del desodorante, la nostalgia por un perfume, medianamente bueno, así como la ausencia de pasta dentífrica, almohadillas sanitarias y de un adecuado cuidado estomatológico.
Qué de orgásmico hay en un colchón con huecos y muelles feroces que atraviesan –cual colmillos– forros antediluvianos empercudidos de fluidos corporales.
La falta crónica de vivienda y, por tanto, de intimidad, con tres generaciones familiares cohabitando bajo un mismo techo apuntalado, ¿cuánto aporta al acto amatorio?
En el caso cubano, el castrismo ha logrado lo impensable, ha dañado la propia natalidad y la población de la isla envejece de manera onerosa. En Cuba, al menos, no parece ser cierta la noticia de que el socialismo promueve mejores prácticas sexuales femeninas.
Crítico y periodista cultural.
Esta historia fue publicada originalmente el 30 de agosto de 2017, 5:51 a. m. with the headline "Mejor sexo femenino en el socialismo."