Los artículos de opinión brindan perspectivas independientes sobre temas clave de la comunidad, separados del trabajo de nuestros reporteros de redacción.

Opinión

Historia de dos libros

Para algunos amigos y familiares este es el mejor de los tiempos, para muchos otros el peor de los tiempos, gracias a una polarización que nos impulsa alegremente hacia cruzadas emocionales contra esto o aquello (anti Obama, anti Trump, anti comunistas, anti capitalistas, etc., etc…). ¿Cómo podemos combatir esa enfermedad que es la polarización?

El libro de moda en los albores de la presidencia de Obama, el que leían con avidez muchos habitantes del “pantano”, se llamó The irony of American History, escrito por el teólogo Reinhold Niebuhr en los años eufóricos de triunfo que siguieron a la Segunda Guerra Mundial. Hoy, en estos tumultuosos primeros meses de la “administración” de Trump, me dicen que muchos de mis conciudadanos están leyendo –o releyendo– It can’t happen here, novela escrita durante los muy complicados años transcurridos entre las dos guerras mundiales por el primer escritor “americano” premiado con el Nobel, Sinclair Lewis.

No creo que nuestro presidente actual haya leído ninguno de estos libros, y entiendo que es casi imposible lograr que lea nada que no quepa en dos cuartillas. Pero no sería mala idea que quienes lo rodean se familiarizaran con estos dos libritos.

Seguramente el general McMaster, asesor de Seguridad Nacional, leyó el libro de Niebuhr, independientemente de que coincida o no con sus conclusiones. Pero el espectáculo ante nuestros ojos durante estas últimas semanas convierte a la ficción de Lewis sobre cómo pudiera claudicar nuestra democracia en América en casi una profecía.

Lewis escribe sobre el ascenso al poder de un polítiquillo llamado Berzelius “Buzz” Windrip, a quien describe como “vulgar, prácticamente iletrado, que miente descaradamente en público, cuyas ideas son casi idiotas”. Frente a Windrip, Lewis contrapone al personaje central de su novela, un periodista de pueblo, Doremus Jessup (a quien su mujer llama Dormouse). El libro describe lo fácil que puede resultarle a un grupo de facinerosos que entienden que “este país se ha vuelto tan fofo que cualquier pandilla lo suficientemente audaz e inescrupulosa, y con la capacidad para disimular su “ilegalidad”, se puede apoderar del gobierno y concentrar todo el poder, todos los aplausos, los reconocimientos, el dinero y los palacios y las mujeres que deseen”.

Lewis publicó su libro en 1936, cuando tanto Hitler como Mussolini estaban consolidados en el poder, y Niebuhr en 1952, cuando tanto Adolfo como Benito yacían en el basurero de la Historia. Pero existe una interesante simetría entre los dos libros, pues tanto la ironía en uno como la incredulidad en el otro, se nutren de las mismas taras –arrogancia, hipocresía, auto engaño– perceptibles hasta hoy en nuestra sociedad. Niebuhr señala que nuestra nación no es diferente de otras superpotencias que ha visto la humanidad, contrariamente a lo que creemos los “americanos”. La profecía de Lewis apunta a la fragilidad de nuestro sistema político y nuestras instituciones, por mucho que nos celebremos a nosotros mismos en el tipo de jolgorios (¿actos de campaña?) que a Trump tanto le gustan.

Niebuhr encuentra en el autoconocimiento –libre de lo que el llama “santidad moral”– la herramienta a través de la cual los “americanos” pudieran acceder a una visión mas realista y madura de nuestro lugar en la Historia y nuestro rol en el mundo. Y Lewis nos pinta una situación muy similar a la que atravesamos hoy, cuando un número suficiente de votantes acepta ser regido por alguien que se presenta como el salvador de la patria (MAGA), el único capaz de salvarla según él…

Pareciera que estamos viviendo una increíble era de locuras (y de payasadas), y es fácil encontrar la presencia del clan Trump en la Casa Blanca como algo tan fuera de lugar como la del clan Clampett en su mansión de Los Angeles (en aquella serie de TV de los setenta, The Beverly Hillbillies). Lewis se ríe de la vocación del “hombre común” por creer “en la superioridad de quien posee un millón de dólares”. Niebuhr nos llama “la nación más consistentemente burguesa”, y lo seguimos siendo.

Entonces, ¿cómo alcanzar ese autoconocimiento que nos permita confrontar esta era? Mirando sin miedo en el espejo y dándole la espalda a quienes se empeñan en construir muros y trazarnos fronteras, a quienes nos quieren vender la idea de que la Historia es una sola y su narrador un “historiador irrefutable”, a quienes quieren que excluyamos a aquellos cuya piel o cuyas creencias son diferentes a las nuestras.

Pero aun en esta era de las tinieblas (o de la luz, si usted compró lo del MAGA), lo cierto es que seguimos siendo un pueblo que prefiere a la democracia como “método para encontrar soluciones aproximadas ante problemas insolubles”, como la describe Niebuhr. Y por muy fuertes que sean nuestros sentimientos anti esto o lo otro, la democracia es la única vía para salir de este invierno de la desesperación (o primavera de la esperanza, si es usted un true believer). ¡Y así debe ser!

Abogado cubanoamericano, presidente de World Wide Title Inc.

Esta historia fue publicada originalmente el 1 de septiembre de 2017, 7:45 a. m. with the headline "Historia de dos libros."

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA