Me encanta Labor Day
Creo que cada día estoy más integrado en Estados Unidos. Aunque todavía no tenga muchas amistades norteamericanas y hable muy poco en inglés, salvo cuando tengo que hablar con mis amigos de Londres, me siento cada vez más involucrado. Por ejemplo, este pasado viernes amanecí en Brickell, en el sur de Miami y aluciné, me maravillé. Salí a las nueve a.m. a sus calles de densa población y super rascacielos y de repente me pareció que el aire era limpio, que el dólar limpiaba como ninguna otra moneda las calles de una ciudad y que la gente era absurdamente amable, diciéndote todas esas cortesías con las cuales los americanos, sin disimulo, han conquistado el mundo.
Luego, crucé uno de los puentes más bonitos y largos del mundo, el MacArthur Causeway y, aunque los vea siempre, me pareció maravilloso convivir con esos barcos cruceros que son como los rascacielos de Brickell pero en plan horizontal. Mi chofer de Uber, una colombiana divina que sintoniza una estación de radio detenida en los ochenta, me hizo ese típico comentario: “Es increíble que no se hundan” y seguí el trayecto pensando que la ida hacia la playa, en Miami, es como debería ser el ascenso hacia el paraíso, ese espacio, esa quietud, ese movimiento casi bamboleante de los autos a causa del tráfico. Y la música de los ochenta recordándote tu juventud.
O sea que mi fin de semana, en celebración de Labor Day, empezó fenomenal, suave, esa calma, esa serenidad que solo se conoce en el primer mundo y, más aún, en el centro mismo del capitalismo. Me vi rápidamente en el espejo y me dije: “El capitalismo me sienta bien”. Y es porque parecemos entendernos. Me encanta que tenga que trabajar y que cada día tenga que exigirme más y más. Me parece fenomenal. Me encanta tener opciones para todo, para el alquiler del coche, para la selección del colchón, que es donde por primera vez me di cuenta que el capitalismo y yo íbamos a querernos divino y también rico. En España, y seguramente en ninguna parte del mundo, hay esa oferta de colchones, de resortes, sin resortes, de crin de caballo, de foam, con sello de la NASA o con garantía de vida de más de diez años. Un colchón que dure diez años, qué maravilla, qué estabilidad. Qué vida tan feliz.
Y pasa el huracán Harvey y el presidente Trump acude el martes a la zona de caos en Houston y Melania baja del Air Force One con unos zapatos de tacón asesino, pisando con sus tacones asesinos el depauperado orgullo de las victimas de la catástrofe. ¡La Primera Dama viene a ofrecernos su ayuda como si fuera a una fiesta! No sé qué es peor, ver tu casa reducida a una ruina mojada o darte cuenta que los Trump, al menos como pareja, no les importa lo más mínimo restregarte en tus narices que son millonarios a los que no les interesa nada que no sean ellos mismos.
Me preocupa que el capitalismo cambie las vidas de Julión Álvarez y Rafa Márquez. Sobre ellos pesa la misma acusación de vínculos con el narcotráfico y han embargado sus bienes que sobre el vicepresidente de Venezuela, pero en la televisión de quien se habla es de Rafa y Julión. A ellos se les ha apartado de todos sus trabajos, el más sonado a Julión, que Televisa lo ha expulsado de La Voz Kids. Y, en cambio, el vicepresidente de Venezuela sigue en su puesto. Pensare sobre ello en este Labor Day.
Escritor y presentador venezolano.
Esta historia fue publicada originalmente el 2 de septiembre de 2017, 7:33 a. m. with the headline "Me encanta Labor Day."