Las mujeres somos vulnerables
No existen estadísticas exactas sobre las mujeres que han perdido la vida debido a la violencia cotidiana. En países como México, la inseguridad y el desamparo femenino son desoladores. Existen zonas donde es imposible que puedan caminar solas, pues corren el riesgo de ser agredidas o perder la vida. Pero lo ocurrido en Marruecos a una joven discapacitada en un autobús, en pleno día y ante la mirada de los pasajeros, nos muestra la crueldad que caracteriza a estos tiempos en todo el mundo.
En Centroamérica, si una mujer es violada, no puede abortar pues sería confinada a una cárcel de por vida, como ocurrió con Evelyn Hernández, una salvadoreña que abortó tras quedar embarazada consecuencia de una violación y le impusieron 30 años. Ni las brutales circunstancias que rodearon a su gravidez sirvieron como atenuante.
En Bolivia, una jueza obligó a una niña de 8 años a testificar contra el hombre que la violó aunque la legislación boliviana prohíbe que una menor de edad tenga contacto con su agresor. Esto sucede porque las leyes no se respetan. Constituye un flagrante atropello a los derechos humanos, ante autoridades: sordas, ciegas y mudas.
Las mujeres son objeto de tantas vejaciones, que Human Rights podría hacer una enciclopedia. Hay sociedades donde la mujer es castigada por que prevalecen arcaicas costumbres, por ejemplo: en Nepal, una adolescente murió porque mientras menstruaba fue recluida en una cabaña chaupadi, falleciendo a consecuencia de la mordedura de un reptil.
En la India, existen familias que permiten matrimonios con ancianos a niñas de 10 años. Recientemente, una adolescente casada en estas circunstancias fue rescatada por sus compañeros de escuela. Sólo la presión popular consiguió que anularan la boda y retornó al colegio, pues ella sólo deseaba seguir estudiando.
Los hombres se transforman, cuando están drogados o alcoholizados, y son capaces de violar y asesinar en grupo a jóvenes, tal como ocurrió el año pasado en Argentina y estos hechos están fuera del control de las autoridades, porque en Sudamérica lamentablemente las violaciones se producen hasta en furgonetas o mototaxis, conducidos por indeseables que deberían ser encarcelados.
Antes esto ocurría solo en pequeños poblados del tercer mundo, donde imperaba la ley del más fuerte y poderoso, pisoteando los derechos de las familias pobres, sin educación, pero esta conducta se ha globalizado. El año pasado en Colonia, Alemania, aprovechando las fiestas se produjeron violaciones masivas cometidas por extranjeros, que generaron el rechazo de su población.
En España, la prensa se ha encargado de visualizar los casos de feminicidios perpetrados por individuos con otro nivel de formación, especialmente ex cónyuges, quienes al separarse pierden la cordura y asesinan a sus parejas e inclusive a sus propios vástagos.
La violencia contra las mujeres en Sudamérica es diversa. Algunos sujetos aprovechando las multitudes congregadas en los ómnibus de servicio público, las manosean o atacan con frases soeces. Ellas no disfrutan de libertad y respeto en su tránsito y vestimenta, se exponen al insulto porque la mayoría de latinos exhiben su machismo que es exacerbado por la televisión, el cine y las revistas que venden pornografía.
También es dramática la situación de aquellas mujeres que son captadas por extranjeros con promesas de amor y acaban en las redes de traficantes que las explotan y amenazan. Aunque en la Amazonía peruana existen familias que escudándose en su pobreza, prostituyen a sus hijas para cubrir sus necesidades y lo triste es que se ocultan estas realidades.
Si bien las nórdicas ocupan cargos políticos o directivos y parece una sociedad perfecta pues el hombre comparte responsabilidades hogareñas, y aunque en Suecia las mujeres son protegidas por sus leyes, también se producen casos de violencia que son denunciados, pues se respetan los derechos humanos. Aunque desconocemos cuántas mujeres inmigrantes son agredidas por sus parejas.
En este sentido, los gobiernos sudamericanos no deberían limitarse a condenar este tipo de agresiones, sino que deberían endurecer las leyes contra quienes hacen uso de la violencia contra nuestras mujeres. En Perú, especialmente en Lima, con casi 10 millones de habitantes, necesitan desarrollar un programa especial de seguridad ciudadana y dentro de ello la protección de la mujer, debería ser una prioridad que no puede eludirse.
Periodista peruana.
Esta historia fue publicada originalmente el 8 de septiembre de 2017, 0:52 p. m. with the headline "Las mujeres somos vulnerables."