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Opinión

ROBERTO CASIN: Vistazos: Borrón y cuenta nueva

Desde diciembre último muchos cubanos en la isla viven una cándida ilusión, la de que con el deshielo de relaciones entre Washington y La Habana sin que medie un cambio de gobierno vendrán tiempos mejores, tendrán más comida, sudarán menos en verano, el estado de sitio permanente en el que viven desaparecerá y tendrán por fin razones para sonreír. Sus esperanzas tienen asidero, porque el país ha vivido más de medio siglo embutido hasta el cuello en una guerra sin fin, encadenado entre la arbitrariedad y el disparate, hermanado con la miseria, sediento de libertades y forzado a lanzar puñetazos al aire contra un enemigo fantasmal: Estados Unidos, que al decir de los Castro ha sido la única fuente de todas las desgracias de la nación, incluidos los desastres naturales.

Mi amigo Alfre es de los sorprendidos y a la vez desconfiados. Que todo haya terminado así, con un discurso ramplón de Raúl Castro luego de décadas de porfiada hostilidad, le parece poco fiable. Es cierto que en un país que ha vivido tantos años en el absurdo cualquier cosa es posible. Pero este asunto, dice él, es diferente. Porque la guerra fue para Castro la excusa necesaria para medrar. Por lo pronto, en teoría, se trata solo de la cautelosa aproximación de dos viejos adversarios, aunque en la práctica ya se empezaron a dar pasos de cercanía y se suscribió el primer acuerdo empresarial con el restablecimiento de la conexión telefónica directa entre los dos países. Albricias para los negocios. Y también en el viejo continente, por carambola, se van soltando las pocas amarras que quedaban y ya se habla de suprimir la denominada “posición común”, que desde 1996 ha condicionado el diálogo de los países de la Unión Europea con La Habana a los avances en derechos humanos y libertades en la isla.

Del lado de acá del Estrecho de la Florida hay quien habla de “profundos cambios” en Cuba, aunque los que mandan hoy en la isla sigan siendo los mismos de ayer, los cubanos padezcan parecidas angustias y no se haya percibido otra sustanciosa modificación en el gobierno que no sea la de un cambio en la retórica. El deshielo bilateral place por demás a una casta de legisladores estadounidenses ansiosos desde hace años por destrabar el comercio con La Habana, porque según ven el asunto el dinero es siempre más atractivo que las ideas. El propósito es ir desmantelando paulatinamente el embargo económico porque según aprecian ellos—y también el presidente Obama—en todos estos años esa medida de fuerza no ha funcionado. De modo que el ingente empeño puesto por Cuba para que le deroguen el “bloqueo” no ha sido porque le aprieta sino por puro amor a la controversia.

Del lado de allá del Estrecho, los propagandistas revolucionarios se sienten muy consternados porque momentáneamente se han quedado sin enemigo que vituperar. Los más confundidos son los que se tomaron la guerra como auténtica, echaron el bofe dándoles a los pedales y nunca vieron venir la jugada, creídos de que la “lucha antimperialista” era hasta el final, y el “socialismo o muerte”, un lema real. Generaciones de perdedores quedaron por el camino. Por supuesto los más complacidos son los que detentan el poder en Cuba, que alardean del cambio como un fracaso de la política de EEUU. Son ellos los que han echado a rodar la voz de que llegó el momento de la reconciliación, como si la bronca hubiese sido entre Washington y La Habana, entre los cubanos que se fueron y los que se quedaron, y no entre ellos y la nación. Borrón y cuenta nueva. Cinismo a granel.

Esta historia fue publicada originalmente el 3 de abril de 2015, 6:00 p. m. with the headline "ROBERTO CASIN: Vistazos: Borrón y cuenta nueva."

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