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Opinión

Amenaza sin precedentes

Nicole Armstrong (izq.) y Ian Beaumont, socorristas voluntarios, observan embarcaciones hundidas mientras llevan agua y comida a sobrevivientes del huracán Irma en Cayo Marathon, el 15 de septiembre.
Nicole Armstrong (izq.) y Ian Beaumont, socorristas voluntarios, observan embarcaciones hundidas mientras llevan agua y comida a sobrevivientes del huracán Irma en Cayo Marathon, el 15 de septiembre. Getty Images

Durante la madrugada del domingo pasado, mientras la ira de la cola del huracán Irma se ceñía sobre Miami y los vientos de tormenta tropical bramaban en sus vecindarios, pensé en lo afortunados que habíamos sido ante el giro que tuvo a última hora este enorme ciclón.

Pero no me imaginé qué tanto, hasta que, al salir de casa, me encontré con ese reguero de árboles arrancados de raíz y ramas esparcidas, que en su caída acabaron con una gran parte de la infraestructura que nos permite, por ejemplo, soportar las olas de calor de este final del verano o navegar en internet. Mucho menos cuando vi los videos e imágenes que publicaban en Instagram los reporteros improvisados desde los edificios de Brickell, de unas calles convertidas en río.

¿Qué habría pasado si Irma seguía el rumbo y categoría que la anunciaba como la peor tormenta de todos los tiempos que impactaría de frente al condado de Miami Dade? Yo pensé que estábamos preparados. Y tal vez lo estamos, pero para unos fenómenos de la naturaleza de otras épocas, cuando el calentamiento global no había hecho del Océano Atlántico a esta altura del año una olla en ebullición y el nivel del mar no había alcanzado una altura que con una simple lluvia veraniega convierte ya en ríos las calles de muchas ciudades del globo, incluida Miami Beach, fuente de tantos empleos y generación de riqueza para la Florida.

¿Seguirá una gran parte del establecimiento político jugando a la política con un asunto tan delicado? ¿Seguirán pensando más en su próxima reelección que en las millones de vidas que están en juego? ¿Seguirán pensando más en los intereses privados de aquellos que los patrocinan que en el bienestar del planeta?

Me pregunto si no estaremos viviendo una especie de borrachera parecida a la que nos condujo a la implosión de la burbuja inmobiliaria, a la que todos sabíamos que algún día llegaríamos, pero nadie quiso poner atención.

Sí, el domingo Miami se salvó, pero nuestros queridos Cayos y ciudades como Naples y Clearwater llevaron la peor parte, por no hablar de Cuba o la isla de Barbuda, donde la catástrofe fue mucho más allá de las pérdidas económicas y los destrozos. Pero ni siquiera así nos espabilamos y hoy lo más seguro es que una realidad tan tangible como el cambio climático, se acepte o no, dependiendo del partido político del que haga parte o por el que vote una persona. Es como si para poder creer que el agua quita la sed, tuviéramos que hacer parte de una ideología.

Por otro lado, esta semana vi disfrutar como hace mucho no lo hacía, a mis hijos en el patio de la casa, lejos de las tabletas y los juegos de consola. Y yo también me sentí más cercano a la tierra, mientras recogía hojas y ramas.

Si al menos lográramos que estos eventos nos sirvieran para recordar que más allá del mundo virtual, la televisión y las comodidades de la vida moderna hay un planeta al que no le importan los discursos de los políticos o quién gane la próxima elección, y que así como es de benévolo a la hora de darnos alimento no tiene miramientos para arrasar con lo que se le atraviese, tal vez exigiríamos más a esos que, gracias a la democracia, elegimos para que decidan su futuro.

El cambio climático es una amenaza tan o más grave que lo que pueda derivar de las locuras de Kim Jong Un, y sin embargo ese demente es que el que se gana todos los titulares.

Espero que todos hayan estados seguros.

Escritor colombiano.

www.pedrocaviedes.com

Esta historia fue publicada originalmente el 15 de septiembre de 2017, 5:37 p. m. with the headline "Amenaza sin precedentes."

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