El regreso de las top models
Estoy un poco cansado de tanta información y opinión sobre los desastres naturales que nos ha ofrecido este septiembre apocalíptico. Es suficiente con haber atravesado, al menos uno de ellos, en persona. Superado ese momento, sé cómo duele y sé también qué es lo que volvería a hacer si repito: sentarme frente a la catástrofe y drenar. Liberarme de rencores, de odios, enumerar amores, amistades, lo bueno de lo malo y lo malo de lo bueno y dejar que el huracán se los lleve. Y quedarme con lo puesto y seguir adelante.
Me asombra que en la comunidad latina en la que convivo haya tanto espacio para el alarmismo y el disfrute morboso de la catástrofe. En algunos casos me parece que les excita contemplar, narrar, proliferar el desastre.
Creo que esta propensión es lo que explica un fenómeno como el de Frida Sofía, la supuesta niña muerta en el desplome de la escuela en Ciudad de México durante el terremoto del 19 pasado. No se la dio por muerta sino que se jugó con su supuesto rescate. “No duermo pensando en Frida Sofía”, escuchabas decir en los pasillos del trabajo y veías, una y otra vez, en los mensajes de chats de amigos o compañeros de trabajos. “Oremos por Frida Sofía” y no, no había Frida Sofía. No existía, no aparecía ningún registro con ese nombre en los archivos del colegio, ningún padre había denunciado la desaparición de alguien con ese nombre. Nada. Era mentira. Sé intentó explicar que había sucedido una confusión con una señora mayor de la que tampoco se arrojaron más detalles y se nos pidió, a nosotros, los que creímos y propagamos la mentira que había que olvidar, pasar del tema y atender lo que de verdad importa. Estoy de acuerdo, pero no tan fácilmente. Al menos uno de esos que se creyó y propagó lo de Frida Sofía debería disculparse por aprovecharse de un momento de dolor y miedo. Y alguien debería reconocer que todos somos tontos.
Por eso no aguanto más de comentar y opinar sobre este septiembre apocalíptico. Me espanta el tono trascendental que me impone el hablar sobre lo que viví en el huracán. Estoy completamente de acuerdo con Adriana, mi amiga refugiadora, que zanjó una conversación sobre el huracán diciendo que ya estaba bien, ya habíamos contado todas nuestras anécdotas y que había que levantarse a reconstruir, casa, pareja y país.
Los desastres no nos han erradicado, la vida continúa. En Nueva York no se canceló ningún desfile de la Fashion Week y lo mismo está sucediendo ahora en Milán. De hecho, este viernes la colección de Versace terminó con uno de los momentos más esperanzadores de esta nueva era post apocalíptica. Donatella Versace, la hermana del malogrado diseñador, cerró su desfile saludando en compañía de varias de la representantes de esa revolución llamada las Top Models. Carla Bruni, la ex primera dama de Francia; Claudia Schiffer, la super belleza alemana; Helena Christensen, danesa y boliviana al mismo tiempo; Naomi Campbell, la extraordinaria superioridad física de los descendientes de África, y Cindy Crawford, el sueño americano con lunar y las piernas más largas y fuertes de esa industria. Unidas, cogidas de la mano, vestidas de lamé dorado desfilando al ritmo de Faith, la canción del también desparecido George Michael, cuyo video fue clave en el auge y poder de las Top Models; demostrándonos que una imagen resume una ideología, justifica una nostalgia, homenajea a un genio como Versace y a mí me sirve para espabilarme y desfilar casi igual que ellas.
Escritor y presentador venezolano.
Esta historia fue publicada originalmente el 23 de septiembre de 2017, 5:54 a. m. with the headline "El regreso de las top models."