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Opinión

Cabeza clara

A menos de tres semanas de las cruciales regionales de Venezuela, los que trabajan por el pleno éxito de este reto singular –que le tiene la mano en el cuello a un gobierno más arrinconado que nunca– han logrado avances notables. Han tejido las aspiraciones diversas de una oposición plural como ninguna en la historia aplicando la doble fórmula patentada por la MUD: primarias en 19 estados de los 23 donde se desarrollará la consulta del 15 de octubre y consenso total en los 4 restantes.

Es bien sabido que en el seno de la MUD y en el marco de la unidad sin formar parte de ella, hay hasta este momento no menos de siete aspirantes a la presidencia de la república, conviven cerca de 30 organizaciones partidistas y supongo que por encima de 100 organizaciones de la sociedad civil, todas ellas responsables de sus actos y en constante proceso de ebullición de ideas y propuestas. Valga esa rápida relación para comprender que de suyo eso de decidir políticas en la MUD o dar respuestas a problemas urgentes viene a ser la tarea del indio. Y sin embargo con relativa eficacia la injustamente hostigada coalición ha sabido salir adelante, con bemoles, errores, contramarchas y bueno, aquí está, enfrentando un nuevo reto y conservando la unidad que suponían frágil y cuya ruptura proclamaron sus explicables y sus inexplicables enemigos.

A la MUD le han dado martillazos de todos los calibres sin poder hundirla. Se pensó que debía su sobrevivencia no a sus políticas sino a inconfesables pactos con el régimen. Lo sorprendente es que nadie nunca ha desentrañado con probidad (y cuando menos alguna prueba) la naturaleza de tales secreteos, salvo sospechas que se disuelven en el aire. Vamos ¿por qué diablos la urdimbre unitaria no se desteje? Obviamente porque obedece a una necesidad real. Las opciones sustitutivas no pasan de promesas que no terminan de arrancar. ¡Ojalá lo hagan! pero no podemos esperar eternamente por ellas. Mientras tanto tenemos la MUD, probada unidad concreta para enfrentar compromisos concretos.

Si se proyectara la terminología militar a “lo político”, diríase que “estratégicamente” el objetivo es sustituir pacíficamente el actual gobierno por un sistema democrático digno de tal nombre, y “tácticamente” orientar lo fundamental del esfuerzo a enfrentar con cabeza fría el reto electoral del 15 de octubre.

Esas elecciones han soportado las más inauditas provocaciones de la maquinaria gubernamental, en un acoso incansable que salta de los insultos a la represión franca; de abusivas violaciones a los DDHH al vejamen personal abierto sin causa que los motive o intente motivarlos. El atormentado país está siendo inundado de noticias acerca del desconocimiento del resultado electoral, emanadas de la cumbre del poder, de sus entornos favoritos y hasta de sus paniaguados. Es la nerviosa contumacia de gente aferrada al poder que no quiere irse por las buenas, pero también de la incomprensible confusión de los abstencionistas de buena fe.

Que el régimen teme a estas elecciones como al fuego lo evidencian dos arteros procedimientos: uno, encubierto; otro, indirecto. Un puñado de sus agentes, haciéndose pasar por opositores, libran una desesperada campaña contra la MUD y los partidarios de votar. Utilizan las redes sociales para inducir la abstención. Pretenden pasar gato por liebre, pero con precarios resultados en la medida en que su ansioso extremismo los desviste. El otro procedimiento, el indirecto, va del atropello de las inhabilitaciones de candidatos a la bayoneta. El hermano de José Manuel Olivares, quien ganará abultadamente en el estado Vargas, está entre las recientes víctimas. El tiro va a la cabeza del candidato.

Olfatean su derrota, y ante un mundo negado a aceptar la hoguera antidemocrática, el costo del fraude resultaría impagable, a menos que la oposición decida inmolarse por mano abstencionista. Tratan de “desactivar el voto opositor”, dice Félix Seijas, consultor de opinión reconocidamente apto.

La tragedia social es escandalosa. Según Susana Raffali, nutricionista de Cáritas, la desnutrición infantil se duplicó en un año superando los estándares internacionales. Informa el CENDAS que la canasta básica familiar alcanzó a Bs 2. 938.278; el país hipotecado, la economía en profundidades oceánicas, la corrupción y narcotráfico hablan de una República sin destino. Al Libertador no le quedarían dedos para arar en el mar.

Este drama digno de los trágicos griegos y de las obras tormentosas de Shakespeare, se invoca para sostener el suicidio abstencionista con el estólido argumento de que el sufragio “legitima” al régimen que con tanta angustia trata de “desactivarlo”. Si lo legitimara buscaría favorecerlo, no destruirlo. Y en cuanto al supuesto desapego entre el voto y el hambre, lo normal es que éste se exprese a través de aquél, para castigar a los culpables. Despojar de la fuerza del sufragio a desnutridos, hambrientos y desempleados contra el gran causante de su desgracia, es rendir las armas cívicas por no saber contener pulsiones inciertas. Por eso he insistido en analizar con cabeza clara decisiones tan notables como la de votar. Es actuar con la fuente de la razón, antes que bajo el impulso de la ciega pasión.

No sé si por apartarme de la militancia partidista y perder todo interés en cargos públicos después de tantas experiencias soportadas, puedo comprender plenamente estas sabias palabras que Ortega y Gasset escribió hace 87 años, en su célebre La rebelión de las masas: “El que vislumbre bajo el caos de toda situación vital la anatomía secreta del instante, en suma, el que no se pierde en la confusión de la vida, es de verdad una cabeza clara”.

Analista político venezolano.

Siga a Américo Martín en Twitter: @AmericoMartin

Esta historia fue publicada originalmente el 29 de septiembre de 2017, 6:56 a. m. with the headline "Cabeza clara."

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