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Opinión

Vida y muerte de Hugh Hefner

Hugh Hefner, fundador y director de Playboy, posa con cuatro ‘conejitas’ en el Festival de Cine de Cannes, en Francia, en mayo de 1999. Hefner falleció el 27 de septiembre de causas naturales.
Hugh Hefner, fundador y director de Playboy, posa con cuatro ‘conejitas’ en el Festival de Cine de Cannes, en Francia, en mayo de 1999. Hefner falleció el 27 de septiembre de causas naturales. AP

¿Fue el exterminador del puritanismo estadounidense y diligente defensor de causas sociales o un embaucador, sexista, pornógrafo y explotador de mujeres?

Así de extremos son los términos del debate sobre la vida de Hugh Hefner, el publicista-empresario creador del imperio Playboy que incluyó la revista, clubes nocturnos, casinos, hoteles, películas y videos, y que recién ha muerto rodeado de sus “conejitas” y arropado en su habitual pijama.

Con la inmodestia que siempre le caracterizó, Hefner se autodefinió como el líder de la revolución sexual en Estados Unidos, una revolución que recomendaba un estilo de vida diferente: “nos gusta mezclar cócteles, saborear hors d’ouvre, tener la música adecuada en el fonógrafo e invitar a una amiga a una plática tranquila sobre Picasso, Nietzsche, jazz y sexo”, escribió Hefner en el primer editorial de la revista en 1953.

El negocio de Hefner era vender un estilo de vida que, según él, estaba al alcance de cualquier hombre que pudiera comprar la revista que alimentaba sus fantasías haciéndole creer que sus sueños eran realizables y relevantes. Para el sociólogo Todd Gitlin, entrevistado por el New York Times, era evidente que en su fantasía, el lector de Playboy acortaba las distancias entre su persona y galanes de la época famosos por su desbocada promiscuidad sexual como James Bond o John F. Kennedy.

Repudiada por conservadores y feministas, Playboy tuvo un éxito de ventas extraordinario no solo en Estados Unidos sino en el mundo entero hasta que surgieron revistas como Penthouse y Hustler que eran mucho más atrevidas sexualmente y que le fueron restando público. El tiro de gracia se lo dio el Internet, que facilitó la difusión gratuita de pornografía sin censura en una computadora.

El talento comercial de Hefner y su peculiar ideología, entre libertaria y libertina, como bien señala Gitlin, le llevaron a defender causas progresistas como la derogación de leyes decimonónicas sobre cuestiones sexuales, el derecho al aborto, la descriminalización de la marihuana, la libertad de expresión y la defensa de los derechos civiles.

En la revista, Hefner tuvo el genio de incluir, además de las fotografías de mujeres desnudas, temas serios como por ejemplo entrevistas con políticos famosos como Jimmy Carter y Malcolm X; filósofos como Bertrand Russell y Jean Paul Sartre, y ensayos de grandes escritores como Vladimir Nabokov, Ray Bradbury, James Baldwin y Joyce Carol Oates.

Sus amigos dicen que era un gran amigo, y entre los famosos que han lamentado su muerte en público están dos líderes del movimiento en favor de los derechos civiles, tres mujeres que posaron desnudas en las páginas de la revista, y un entrevistador retirado de televisión famoso por la suavidad de sus preguntas. Según ellos, Hefner era un buen hombre, pero esta visión beatífica de Hefner nunca fue compartida universalmente.

A principios de los 60s, la periodista Gloria Steinem escribió un largo artículo en dos partes en el que describía la implacable explotación de las meseras de sus clubes nocturnos y la humillación que sentían de verse disfrazadas de “conejitas” mostrando pecho y piernas a clientes libidinosos. Steinem trabajó subrepticiamente como “conejita” en uno de los clubes privados y en su investigación concluyó que la revolución sexual no era tal porque en ella solo participaban como personas los hombres mientras que las mujeres intervenían solo como objetos de deseo.

Para Robin Abcarian, una reportera de Los Angeles Times que escribió sobre el imperio de Hefner, “no deja de resultar irónico que este hombre que presumía de presentar una versión “completa” de la sexualidad femenina en su revista, probablemente fue quien más hizo para hacer cotidiana la explotación del cuerpo de las mujeres”. Hefner, escribió Abcarian, “se las arregló para convencer a muchas mujeres de que quitarse la ropa para darles placer a los hombres era no sólo una forma de empoderamiento sino un objetivo digno en sí mismo. Un engaño que le resultó tan rentable que lo hizo multimillonario”.

¿Usted a quién le cree? ¿A sus amigos o a quienes le critican? Yo no tengo dudas, para mí Hefner fue un pornógrafo, sexista, explotador de mujeres por más que haya sido buen amigo de sus amigos y defensor de buenas causas sociales.

Periodista de Los Angeles. Escribe sobre temas políticos en varios periódicos en las Américas.

Esta historia fue publicada originalmente el 2 de octubre de 2017, 2:29 p. m. with the headline "Vida y muerte de Hugh Hefner."

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