La naturaleza y las sociedades
La cantidad de desastres durante las últimas semanas rebasan lo que nadie hubiera podido predecir. Familias enteras sobre el tejado de una casa esperando que los rescaten de las inundaciones en Houston. Varios ancianos muertos en el sur de la Florida por los efectos del calor y la falta de agua. Niños sepultados bajo los escombros de sus escuelas en México. El mar entrando en El Vedado hasta la calle Línea. La isla de Dominica arrasada por ráfagas de viento. Nuestro querido Puerto Rico al borde de una crisis humanitaria a casi dos semanas del paso de María.
A las noticias de la prensa, se suman las historias que me llegan de La Habana. La amiga que se pasó doce horas en posición fetal escuchando el viento rugir como un león enjaulado. El viejo poeta que no quiso que lo evacuaran de su hogar en el Malecón y el aire le arrancó la puerta de cuajo. También cayó en pedazos el muro de la casa al lado de la suya. La hija devota a la que le angustiaba cuidar a su padre de 94 años más que a sí misma. Los árboles centenarios arrancados de raíces. Algunos en la capital que se recupera lentamente parecen ignorar o no desean reconocer los grandes daños en el resto de la Isla, especialmente en la costa norte del centro del país. Otros tienen plena conciencia de que vienen tiempos difíciles, que la recuperación es un gran reto para una economía ya con grandes problemas.
Muchas veces he repetido que con tantos adelantos que ha hecho el hombre, no ha logrado defenderse de la Naturaleza, que parece deshacer proyectos de vida de años en cuestión de minutos, incluso segundos. Pero en esta ocasión he pensado que esa premisa es falsa. Dejemos aparte por un momento el tema del calentamiento global, en el cual creo firmemente de acuerdo con las conclusiones de los científicos. El ahorro de los gobiernos, la avaricia de las compañías de construcción no pueden ser excusa para infraestructuras, edificios y viviendas que no resistan los desastres naturales en zonas de huracanas, inundaciones y terremotos.
Si las sociedades le han robado terreno a los mares, si han construido sobre tierras movedizas, si han querido erigir lujosos rascacielos para disfrutar desde sus balcones de la vista de playas y mares, la única solución posible es invertir en cables subterráneos para el sistema eléctrico, en el cumplimiento de códigos de construcción más estrictos, en sistemas de desagüe más eficientes, en generadores que funcionen más tiempo y sean obligatorios en todo hospital y casa para ancianos.
No es mi intención, ni mucho menos, culpar a las víctimas. Todo lo contrario. Casi siempre los que más sufren en estos desastres son los más pobres, los más vulnerables, porque a la hora de buscar donde vivir no pueden darse el lujo de preguntar qué seguridad les ofrece una vivienda. Y eso sin incluir las improvisadas en el Caribe con techos de guano o el material que se pueda conseguir.
Lo primero ahora es salir de la crisis, especialmente en Puerto Rico. Aunque la ayuda de FEMA ya ha empezado a distribuirse, ha sido a cuentagotas. Lo cierto es que la reacción del gobierno federal no ha podido ser más lenta e ineficiente. ¿Tendrá algo que ver con que los puertorriqueños, aunque ciudadanos americanos, sean hispanos?
Superada la situación crítica, las instituciones cívicas y todos los ciudadanos tenemos que presionar para que la reconstrucción de Puerto Rico se haga de tal forma que pueda resistir los fenómenos naturales típicos de cada zona. Las mismas exigencias deben hacerse en los Cayos y en todos los territorios de Estados Unidos.
El gobierno mexicano ya parece estar haciendo planes de reconstrucción. En cuanto al futuro a mediano y largo plazo, Cuba me parece la más desamparada, con un gobierno capaz de enviar ayuda a Puerto Rico antes de ocuparse de sus propios ciudadanos, y que pone dificultades para que la Iglesia reciba y distribuya la ayuda que ha recolectado. Hay mucho que el gobierno cubano podría hacer para aliviar la situación, como eliminar temporalmente los costos de aduana para la comida, medicina y artículos de primera necesidad que lleven los cubanoamericanos a familiares y amigos; emplear camiones de cuentapropistas para la distribución de la ayuda recibida; liberar de los pagos de arrendamiento a los pequeños agricultores. Esperemos que aunque lentamente algunas de estas medidas se pongan en efecto.
La naturaleza puede parecer que se ensaña contra la humanidad, pero en esos momentos es cuando más solidarios debemos ser unos con otros, y cuando los gobernantes de todas partes deben poner la empatía y el respeto a las vidas humanas por encima de intereses políticos y económicos. Ojalá que así sea.
Escritora y periodista cubana.
Esta historia fue publicada originalmente el 3 de octubre de 2017, 6:35 a. m. with the headline "La naturaleza y las sociedades."