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Opinión

Miami, Cumbre de las Américas

Según un politólogo local, “víctima de la Revolución Cubana”, como él mismo se describe, estas son las tres “amenazas latentes” en Latinoamérica que preocupan a EEUU, al punto de merecer un “análisis” en el marco de una cumbre que él organiza (y que solo en Miami –o en el D.C.– es concebible organizar en esos “preocupados” EEUU): el terrorismo islámico, los “narco-estados”, y la inmigración forzada…

He dejado de asistir a este tipo de “conferencias” donde los “expertos de siempre” repiten lo mismo, rodeados de politiquillos “americanos” –gobernadores que quieren ser senadores, senadores que quieren ser presidentes, congresistas que tiene cuentas pendientes con parientes réprobos– que, por lo general, tienen muy poca idea de lo que pasa en Latinoamérica, ni mucho menos de las amenazas que allí se cuecen (y lo poco que “saben” –es un decir– lo abrevan en las alcantarillas de esos mismos “expertos de siempre”).

Pero este primer lunes de octubre tenía toda la intención de asistir a la conferencia de mi amigo el politólogo, entre otras cosas dada la compleja situación que rodea al retiro del personal estadounidense de la embajada en La Habana y los ecos de la visita del Papa Francisco a Colombia (donde el gobierno –¿narco-gobierno?– va completando su plan de paz que ahora incluye al ELN), temas sobre los que he conversado largamente con mi amigo. No es que esperara que alguno de los panelistas se apartara del desgastado libreto de siempre, pero, a la par de mis colegas supremos que hoy se reintegran al trabajo, me sentía con ganas de tirar alguna preguntita desde el auditorio, como ser, quién le puede creer a Marco Rubio que él es capaz de representar –o ni tan siquiera entender– los intereses, las esperanzas y las expectativas del pueblo de Cuba. Es como si yo, por tener un abuelo catalán, me metiera a opinar sobre lo que está ocurriendo en Cataluña (aunque en mi caso he visitado Cataluña muchas veces, y nuestro joven senador nunca ha pisado Cuba).

Pero hete aquí que amanecí erizado por los horrorosos hechos de la noche del domingo en Las Vegas, y sé bien que no es sano ni prudente tirar preguntas de ninguna especie en mi condición de erizo.

Muchos de los politiquillos “americanos” que participan en este tipo de cumbres “only in Miami” son incapaces de identificar siglas como ELN, FARC, MUD, FSLN, PSOE, CUP, etc., pero no por eso dejan de “opinar” sobre ellas. Eso sí, tienen bien en claro el significado y el “valor” –para ellos – de la sigla NRA.

Al despertar de hoy, la única pregunta que se me ocurría para tirarles a los participantes en ese “Everest de la Democracia y los Derechos Humanos” que me perdí era esta: ¿qué es peor, ser un rehén de las FARC o ser una nación entera prisionera del NRA? Y yo he vivido en carne propia los efectos de la subversión, de la inseguridad pública, de la corrupción, del futuro incierto, en esa Latinoamérica que tanto nos duele a los latinoamericanos.

Por eso falté a la cumbre de este primer lunes de octubre. Porque además no me resulta grato escupirle el asado a nadie, mucho menos a mi amigo el politólogo. Total, la respuesta a la otra pregunta obligada la tengo clara: ¿cómo se explica que un instituto que se proclama “para la Democracia” le dé la espalda al “análisis” del sistema político imperante en la propia nación en donde existe (si es que existe y no es solo una pantalla)?

Y la respuesta es muy simple: al politólogo le preocupa lo que le acaba de pasar al delfín frustrado de su amigo Álvaro Uribe, recientemente declarado extraditable por un tribunal de Miami. Y yo lo comprendo…

Aun así, “Only in Miami”…

Abogado cubanoamericano, presidente de World Wide Title Inc.

Esta historia fue publicada originalmente el 2 de octubre de 2017, 7:44 p. m. with the headline "Miami, Cumbre de las Américas."

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