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Opinión

EDUARDO J. PADRÓN: La cadena del progreso

Las circunstancias presidenciales para el año 2016 comienzan a barajarse cada vez más temprano. Poco nos asombra tal hecho, considerando la rispidez partidista que suele anteponer, con premura y perseverancia, sus intereses sobre los de la base poblacional, a la cual históricamente debe servir.

Confieso que me gustaría ver más foros, a ese alto nivel, considerando a la educación como una prioridad y no un pasquín electoral. Vivimos, afortunadamente, inmersos en la dinámica informativa de la modernidad, donde pocos componentes generales pueden ser ocultados a la opinión pública y Estados Unidos sigue siendo una sociedad abierta, libre y democrática que ostenta numerosas y continuas encuestas e informes para tomar el pulso de la actualidad.

El Instituto Pell y la Universidad de Pennsylvania, recientemente, aunaron esfuerzos para llamarnos la atención sobre un asunto que a todos atañe y que debiera ser como “libro de consulta obligado” para los políticos que aspiran a posiciones de influencia nacional.

Se trata de alcanzar la igualdad en la educación superior como un asunto imperativo en los Estados Unidos. El reporte ha descubierto, entre otros, una falla que requiere ser enmendada porque podría hacer un daño irreparable a la legendaria fibra académica y laboral americana tan celebrada por su eficacia.

Hoy por hoy, aquellos estudiantes de familias de altos ingresos tienen 8 veces más la oportunidad de obtener un diploma de licenciatura al llegar a los 24 años, que aquellos de familias de bajos ingresos, mientras que en 1970, esos mismos individuos sólo contaban con 5 veces más como posibilidad.

La disparidad, el desbalance entre ricos cada vez más ricos y pobres cada vez más pobres espanta eventualmente el sueño americano y hace mella en ángulos profundos de la sociedad que requieren de atención inmediata.

Un pequeño signo esperanzador se manifiesta, igualmente, aunque después, cuando choca con la realidad, se disipa. Durante los últimos cuarenta años, más estudiantes de origen pobre han ingresado a las aulas universitarias.

Lo que luego sucede es que muchos de esos mismos alumnos no llegan a graduarse, entonces se quiebra la cadena diseñada y concebida para progresar.

Lamentablemente no pocos de esos estudiantes han debido echar una pelea dura para llegar al pórtico universitario y descubren después que no han sido convenientemente preparados para afrontar el nuevo rigor académico, por una deficiente preparación preuniversitaria y, entre esa y otras presiones económicas, optan por dejar la escuela y encontrar un nicho en el mercado laboral que suele ser mediocre.

A lo cual pudiera agregarse con respecto a la ayuda financiera, que los socorridos Pell Grants, ideados para los alumnos de mayor necesidad económica, no han aumentado sus beneficios y si antes cubrían poco más del total de todos los gastos de matrícula, albergue y alimentación, en el 2012 apenas se ocupaban del 27% de dichos expendios.

La disparidad que se produce entre mayor cantidad de graduados de familias con gran poder adquisitivo y aquellos que llegan a las aulas pero luego deben abandonar sus estudios, termina por reflejarse igualmente en el futuro nivel de ingresos. La otrora elogiada sociedad norteamericana, sin diferencias sociales lacerantes, y donde quienes perseveran tienen la oportunidad de disfrutar de sus bonanzas, termina por disolverse en una espiral de pobreza.

La oportunidad para todos en el ámbito universitario debe estar correctamente pavimentada: precios asequibles, vínculos académicos y laborales, conocimiento de los pasos para acceder a la universidad y a los sistemas de ayuda financiera y transferencia de una institución a otra sin obstáculos, están entre algunos de los condicionantes para alcanzar el añorado y necesario diploma.

Presidente del Miami Dade College.

Esta historia fue publicada originalmente el 7 de abril de 2015, 0:00 p. m. with the headline "EDUARDO J. PADRÓN: La cadena del progreso."

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