Los cómplices de Paddock
Quienes han seguido el ciclo de matanzas con armas de fuego en los Estados Unidos por personas desquiciadas, no deberían extrañarse de que las cosas llegaran a una tragedia de esta magnitud. El asesino, de 64 años, disparaba 600 balas por minuto desde el piso 32 de un hotel contra 22 mil personas concentradas para un festival de música country. No era posible fallar un tiro. Tras nueve minutos de disparos, el resultado fue de 59 muertos y 527 heridos, el mayor número de víctimas entre todas las matanzas anteriores.
Esta periodicidad de masacres que nada tienen que ver con el terrorismo internacional, no se produce en ningún otro país del mundo, sólo en los Estados Unidos. Y entre los hechos semejantes en otros países, ninguno como éste. ¿No es evidente que algo anda muy mal? Se dice que el problema no reside en el acceso a armas de fuego sino en quienes las usan. ¿Quieren decir, entonces, que éste es el país con más psicópatas del planeta? La solución, dicen, es revisar los antecedentes de los compradores. Pero Stephen Paddock no tenía antecedentes psiquiátricos, ni penales. ¿Cuántos psicópatas no habrá, como él, que nunca han sido diagnosticados? Y la propia Asociación Nacional del Rifle (NRA) reconoce que “ninguna cantidad de verificaciones de antecedentes puede detener a estos criminales”. ¿Cómo puede entonces evitarse una tragedia como ésta? Y sin embargo, Paddock no compró un arma, ni dos, ni tres. Cuando las autoridades entraron en la habitación del hotel tras su muerte, encontraron 19 armas, y cuando registraron su casa, hallaron 23, todo un arsenal. ¿Cómo pudo ser que comprara todas esas armas sin que las autoridades se dieran por enteradas? Si no levantó sospechas, ¿quiere esto decir que la compra de tantas armas por una sola persona es lo más natural del mundo en este país? El FBI lleva un registro de cuántas se venden, pero no de cada una en particular. No suena en las computadoras ninguna alarma cuando una misma persona alcanza a comprar un número determinado de armas o simplemente cuando compra un arma automática o semiautomática.
Las estadísticas en la relación entre muertes por estas armas y prohibiciones en las diferentes naciones, revelan claramente una proporción inversa entre ambos factores: mientras más restricciones de estos mortíferos artefactos, menos homicidios. Cualquiera puede buscar en Google, por ejemplo, la comparación entre Estados Unidos, el país con mayor acceso a las armas, y el país con más prohibiciones, Japón, donde hasta las espadas están prohibidas en la tierra de los samurais. ¿Alguien ha escuchado acerca de una matanza semejante en Costa Rica, donde ni siquiera hay ejército? ¿Quiere esto decir que allí no hay desquiciados mentales? Seguramente los habrá, pero las armas no están a su alcance como en los Estados Unidos.
Esto nada tiene que ver con la enmienda constitucional que concede el derecho a poseer armas de fuego –algo que, no me cabe dudas, también un día tendrá que replantearse–, pues de lo que se ha estado debatiendo desde hace años es sobre la tenencia de armas automáticas y semiautomáticas. Cualquier persona puede obtener en este país estas armas de guerra, lo cual carece de todo sentido. ¿Para disparar contra quiénes? ¿Para matar conejos? ¿Para convertir en un colador de ochenta o noventa agujeros a un intruso que penetra en una propiedad? ¿O se piensa acaso que el hogar pueda ser asaltado por un batallón de cien o doscientos ladrones?
Las autoridades afirmaron que Paddock no tenía cómplices, que era el clásico lobo solitario. Es posible. Pero yo sé que al menos ha tenido cómplices indirectos por arrastrar cierto grado de responsabilidad por esta tragedia:
▪ La Asociación Nacional del Rifle por sus fuertes cabildeos a favor de la tenencia de estas armas, en particular automáticas y semiautomáticas.
▪ El expresidente George W. Bush, quien no renovó en 2004 la Ley de prohibición de armas de asalto que había aprobado el expresidente Clinton en 1996.
▪ Los congresistas y sobre todo los senadores republicanos que bloquearon en 2013 los intentos del ex presidente Obama y los líderes demócratas para restringir algunas armas semiautomáticas.
Sí, Paddock es responsable de haber perpetrado un terrible crimen. Pero no dejan de cargar también con parte de responsabilidad aquéllos que lo propiciaron.
Escritor e historiador.
concordiaencuba@outlook.com
Esta historia fue publicada originalmente el 5 de octubre de 2017, 5:21 p. m. with the headline "Los cómplices de Paddock."