Después de 15 días sin saber de mi abuela tras el paso de María por Puerto Rico, al fin oí su voz
Fueron 15 días de silencio e incertidumbre. Desde que el huracán María arrasó Puerto Rico el 20 de septiembre no había oído la voz de mi abuela.
Finalmente la oí. Su voz llegaba lejana, con ruidos, y la conversación duró dos minutos. Pero ahí estaba ella, Celia Rivera, a sus 98 años, hablándole a su nieto preocupado en Miami, desde la isla golpeada.
“Estoy bien”, me dijo por el teléfono celular de mi primo, que al fin tenía señal después de dos semanas de no poder hacer o recibir llamadas.
“Las cosas están bien malas”, me dijo. “No tengo agua ni teléfono y no puedo usar la máquina de oxígeno porque tampoco tengo electricidad”.
Como le ha pasado a tantos puertorriqueños en el sur de la Florida y en todo Estados Unidos, la espera para tener noticias de sus familiares fue una agonía.
Hace unos días pude hablar con mi padre, Carmelo Santiago, gracias a una amiga suya de la iglesia, que lo visitó en su casa en el Barrio Lomas García, un pequeño pueblo en las montañas de Naranjito, en el centro de Puerto Rico.
En la breve conversación mi padre me puso al tanto de la dura situación. Esa noche, mi primo Iván me prometió que me llamaría tan pronto pudiera llegar a casa de mi abuela, que vive cerca de allí, pero acceder hasta allá no era fácil por la destrucción que había dejado el huracán.
Cuando sonó mi teléfono el jueves a la 1 p.m. y vi que quien llamaba era mi primo, el corazón me dio un salto. Oír la voz de mi abuela fue un alivio, pero era algo muy triste porque es tan poco lo que puedo hacer para ayudarla.
Escuchar a mi abuela es como oír a mi madre, que murió repentinamente en febrero. Ella tenía la misma voz de mi abuela.
Tengo tantas ganas de oír a mi abuela de nuevo. Espero que su llamada traiga buenas noticias. Que para entonces al menos tenga agua y electricidad.
David Santiago es fotógrafo de Miami Herald Media Co.
Esta historia fue publicada originalmente el 5 de octubre de 2017, 8:11 p. m. with the headline "Después de 15 días sin saber de mi abuela tras el paso de María por Puerto Rico, al fin oí su voz."