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Opinión

Hipocresía en Washington

Un fin de semana de terror y tragedia en Las Vegas dio como resultado una semana de hipocresía en Washington D.C. Los congresistas republicanos hicieron de cuanto malabar dialéctico se les ocurrió para no tocar a su temida Asociación Nacional del Rifle (NRA por sus siglas en inglés). Entre esas, la preferida de la ocasión, que ya no se trata de que en los Estados Unidos se pueda comprar armamento de guerra más fácil que una porción de papas fritas, sino que es culpa de los bump stocks que se venden de forma legal, y que convierten a un rifle semiautomático en automático.

Sí, en esta ocasión, otro loco armado hasta los dientes disparó desde un piso 32 a una multitud que se congregaba en un concierto, dejando 58 muertos y más de 500 heridos, valiéndose de esos aparatos para darle más poder a sus rifles, pero ¿y las otras matanzas? La masacre del cine de Aurora, la de la primaria Sandy Hook, la de la secundaria de Columbine, entre tantas, tantas, tantas, tantas, tantas, tantas otras, ¿fueron llevadas a cabo con bump stocks?

No. Claro que no. Pero sí con rifles semiautomáticos.

Y tiene que ser demasiado poderosa la NRA para que nuestro presidente twittero, que no detiene la verborrea de sus dedos ni para poner al mundo al borde de una guerra nuclear, se muerda la lengua para no tocar a esa organización. “No vamos a hablar hoy de la violencia de las armas”, dijo en Las Vegas ese “prudente líder” que twittea acusando a menos de una hora de un atentado terrorista y no duda en atacar a cuanto mandatario de otro país (excepto Putin) se le ocurra, sea aliado o no de los Estados Unidos. Por cierto, lo dijo después de llegar de Puerto Rico, donde jugó con los víveres de ayuda a los damnificados del huracán María, como si fueran pelotas de baloncesto.

La del domingo fue la más numerosa de las masacres que se han llevado a cabo en la primera potencia del mundo. Cincuenta o más víctimas dejaban los comandos asesinos de las malditas FARC en mi país cuando atacaban poblaciones. Aquí ya lo puede hacer un ciudadano solo. Pero aquí la gente quiere tener la libertad para defenderse de los que tienen la libertad de comprar un arsenal de guerra.

Les hago una pregunta a los que enarbolan la bandera de la Segunda Enmienda: ¿qué asistente a ese concierto, así tuviera un lanzacohetes colgado en la espalda, hubiera salvado a los que caían bajo esa lluvia de balas? O estamos pasados con las películas de acción y los videojuegos, o simplemente enloquecimos. Si no podemos actualizar una Constitución, ¿con qué derecho le decimos a los árabes, por ejemplo, que ya es hora de que permitan que las mujeres voten?

Comprar armas. Tener armas. Portar armas. ¿Qué nos hace? ¿Más fuertes, más machos, o más seguros? Pues si yo para sentirme seguro caminando por las calles de Miami, o Nueva York, o Atlanta, o Houston, necesito portar una pistola en el cinto y un fusil semiautomático en el hombro, o si para dormir tranquilo tengo que tener un arsenal en el closet, ¿cuál sería la diferencia entre cualquier país que el Departamento de Estado nos prevenga de visitar y la primera potencia del mundo?

Cuando la gente votó por Trump porque pensaron que era un antipolítico, lo hicieron porque iba a acabar con los lobistas que son los que parecen mandar ya en esa ciudad. ¿Ustedes saben qué es la NRA? Averigüen.

Por cierto, el mes pasado se perdieron 33,000 puestos de trabajo.

¿Great again?

Escritor colombiano.

www.pedrocaviedes.com

Esta historia fue publicada originalmente el 6 de octubre de 2017, 5:44 p. m. with the headline "Hipocresía en Washington."

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