ORESTES RODRÍGUEZ: Sin penas ni glorias
Las imágenes vistas en la televisión local no pueden ser más deprimentes, con las cuales daba inicio a las actividades relacionadas con la VII Cumbre de las Américas, a celebrarse el 10 y 11 de abril: una delegación de la sociedad civil compuesta por exiliados cubanos y disidentes de la isla, fueron golpeados por una turba de castristas, para cuya infamante labor fueron previamente designados, preparados y entrenados, sin que hayan respetado a las damas integrantes de esa delegación, todo ello en momentos en que colocaron flores a un busto del Apóstol José Martí.
¿Fue una sorpresa? De ninguna manera, porque los castristas no permiten ningún tipo de civilizada protesta o gesto que se oponga a su dictadura. Es doctrina del castrismo que “la calle es para los revolucionarios”, y siguiendo esa premisa se comportan empleando cualquier medio para impedir esas demostraciones versus dictadura y en cualquier lugar. En la isla son comunes y frecuentes esos actos de fuerza, de atropello a simples e indefensos cubanos que tratan de hacer posible cambios que traigan las elementales libertades y volver a colocar a la Patria en otro escenario en el que fluyan la prosperidad, desaparezca la miseria y reine la confraternidad en su pueblo.
Panamá no tiene fecundos recuerdos en materia de congresos. Se recordará el “Congreso de Panamá”, ideado por Simón Bolívar en 1826, consistente en una asamblea diplomática en ciudad de Panamá, convocada con el fin de lograr una unión o confederación de los estados de América, en un proyecto de unificación continental, concluyendo en un rotundo fracaso, amén de que varios países no asistieron. Hoy solo queda el testimonio de dicho congreso al erigirse un monumento al Libertador en su honor, donde reposa una espada del mismo.
Lo que sí pudiera entenderse como sorpresiva es que la administración de este país no haya reaccionado con la energía que demandan los hechos nefastos sufridos por los cubanos que fueron agredidos por la referida turba de castristas, pues es evidente que una Cumbre, que sirve de vehículo para proyectos de mejoramiento de sus respectivos países desde el punto de vista económico, cultural y social, envíe un mensaje negativo al permitir que un longevo dictador ocupe un asiento en ese concierto democrático, con manifiesta violación de los postulados contenidos en la Carta Democrática, surgida el 11 de septiembre de 2001, la cual exige –como condición sine qua non– para ser miembro de ese foro, que se ajuste al Estado de Derecho, aunque existen otras naciones que se tambalean en el ejercicio democrático como es el especifico caso de la Venezuela de Maduro.
En política, sentenció José Martí, “lo que interesa es lo real, no lo aparente”, de lo que se sigue es que no se puede organizar un congreso o cumbre en que los participantes sean portadores de conductas ajenas a la democracia y no las que aparentan representar, no solo la vetusta dictadura cubana, sino también otros aprendices de dictadores que merodean en el continente, que envían señales de intransigencia y represión para quienes pacíficamente se les oponen.
Por consiguiente, esta Cumbre terminará sin penas ni glorias y será otro evento continental que se unirá a la cadena de los anteriores, en que se ha visto una flaqueza a la hora de poner énfasis en el acatamiento de los instrumentos jurídicos vigentes para el óptimo funcionamiento de la democracia y que oree en el horizonte de Latinoamérica el reinado de los derechos humanos, como estipula la Declaración Universal de los Derechos del Hombre.
Abogado cubano. Reside en Miami.
Esta historia fue publicada originalmente el 9 de abril de 2015, 0:00 p. m. with the headline "ORESTES RODRÍGUEZ: Sin penas ni glorias."