El independentismo catalán choca con la realidad
MADRID – Se acabó el cuento en Cataluña. Mariano Rajoy le ha dado un jaque mate magistral al independentismo al convocar nuevas elecciones autonómicas y cesar a los rebeldes. No se imaginaban Carles Puigdemont y su banda de sediciosos que el gobierno de España se atrevería a aplicar el artículo 155 de la Constitución para restablecer la legalidad. Pero lo ha hecho, y de una forma tan quirúrgica y eficaz que obliga a los separatistas a recalibrar sus planes, si es que quieren tener algún papel en el futuro.
De momento el único papel que protagoniza el expresident Puigdemont es el de fugitivo, habiendo huido a Bruselas de la justicia española con la pretensión de que alguien en la capital de la Unión Europea crea su relato de mártir y le conceda asilo político. Y, claro, se ha encontrado con un portazo a semejante delirio. Exiliado está, pero del planeta de la razón, como un quijote con su independencia fantasma a cuestas. Y con el peso de una potencial pena de cárcel de 30 años, por delitos de sedición, rebelión y malversación (por los que también están imputados otros 19 miembros del exGovern catalán).
Y mientras Puigdemont ha trasladado el carnaval secesionista a Bélgica –desde donde por demencial que parezca se propone seguir gobernando–, en Cataluña ha empezado a correr el reloj electoral para el 21 de diciembre. Fecha con la que Rajoy se ha apuntado un gol de los que hacen época. Al darles un calendario electoral tan apretado ha conseguido desbaratar los planes de agitación callejera de los partidos independentistas, que se ven forzados a usar el escaso tiempo en elaborar programas electorales en vez de organizar revueltas.
¿Porque qué van a hacer, proponer otra vez a los votantes la independencia? Ya saben al callejón que les ha conducido tamaña insensatez. Lo cual no quiere decir que no la repitan, porque la “borrachera separatista” con la que han empujado a España al borde de una crisis constitucional ha sido de tal calibre que aún exhiben graves síntomas de sopor sedicioso. Al menos Puigdemont anima a repetir la fórmula, convencido de que ganarán en las urnas, y retando por ello al gobierno de Madrid a que “respete” los resultados del 21-D.
Las últimas encuestas sin embargo arrojan sólo un 33% de catalanes pro-independencia, echando por tierra la propaganda de que son “un único pueblo” que comparte el mismo sueño. No, son dos, como han demostrado las multitudinarias manifestaciones a favor de seguir formando parte de España. Y son dos por desgracia. Los ha acabado de romper Puigdemont & Asociados. Aunque las luchas de identidad venían de años de adoctrinamiento e incitación al nacionalismo más primitivo, que han ido fragmentando la sociedad. Familias, amigos y colegas que ya no se hablan. Ese es ahora el gran desafío, restañar las heridas.
Las elecciones del 21-D son un primer paso hacia la reconciliación entre catalanes, y de Cataluña con el resto de España. Mucho dependerá de los resultados. No se pueden descartar sorpresas, pero los augurios no pintan bien para los separatistas, dado que el balance de su fracasado y fraudulento proyecto no puede ser peor: cerca de 2,000 empresas ya se han marchado, los inversores se alejan, los turistas cancelan reservas y Europa les ha dado la espalda, cerrando filas con el gobierno español. ¿Quién, salvo los radicales irredentos, puede avalar con su voto un salto al abismo?
Y junto con la combustión del independentismo ha ardido en la hoguera de las vanidades políticas nada menos que Podemos, hundido ahora en los sondeos por el apoyo de Pablo Iglesias al aventurerismo de Puigdemont. Intentando aprovechar la crisis catalana contra Rajoy y hacerse el abanderado de la izquierda, Pablito ha salido trasquilado en sus planes de incoar la revolución bolivariana en España.
Una suerte de maldición les ha caído a todos ellos, independentistas y podemitas. Quizá por la mala suerte que arrastra la bandera estelada en la historia de Cataluña, como advertía estos días un colega en la prensa local. De todas formas, aunque la apuesta de Puigdemont parezca derrotada por el momento, las tensiones subyacentes no se van a esfumar. E incluso pueden dar oxígeno a otros movimientos nacionalistas en Europa, como temen los gobiernos del continente. De ahí que la activación del artículo 155 haya producido un gran alivio en la Unión Europea. Y por supuesto en España, donde hoy respiramos mejor.
Ha sido el triunfo del estado de derecho. Una nueva demostración de que España es una democracia liberal y no la caricatura de “estado opresor” que Puigdemont y otros cabecillas sediciosos han intentado divulgar a base de mentiras. Con la aplicación sin estridencias del 155, Rajoy ha prestigiado España, mientras que Puigdemont sigue haciendo el ridículo.
Periodista y analista internacional.
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Esta historia fue publicada originalmente el 1 de noviembre de 2017, 3:28 p. m. with the headline "El independentismo catalán choca con la realidad."