Lo que Trump y Kelly pueden aprender de Ulysses S. Grant
De momento, el general John Kelly merece nuestro agradecimiento. Todo indica que el Jefe de Gabinete de la Administración del presidente Donald J. Trump ha impuesto cierto orden en una Casa Blanca que el senador republicano Bob Corker describíó como un parvulario. El general retirado es el adulto con “carácter” que se ha hecho cargo de la guardería.
Además de su papel como gerente cuya autoridad absoluta no se cuestiona, Kelly ha asumido el rol de loquero informal de un presidente descompensado por sus demonios privados, la investigación del fiscal especial Robert Mueller y las críticas incesantes de adversarios y miembros de su propio partido. Por lo tanto, el general se ha echado sobre sus hombros marciales una carga más pesada que el portaviones Nimitz. Y aunque sea el marine más duro del universo, el stress tiene que producir alteraciones en su sistema nervioso neurovegetativo. Kelly no es un dios Marte invulnerable convertido en burócrata civil. Es un falible homo sapiens con una responsabilidad singular.
Quizás sus presiones descomunales explican la deshilvanada rueda de prensa que Kelly montó a principios de este mes con el fin de defender a Trump. Durante la comparecencia Kelly insultó gratuitamente a una congresista demócrata y dijo falsedades sobre el historial de la representante. Días después, Kelly protagonizó otra controversia. Sin matizar demasiado, declaró en un programa de televisión que Robert E. Lee, el general más celebrado de la Confederación sureña, “era un hombre honorable, que renunció a su país para pelear por su estado”.
El Lee de Kelly se asemeja a la figura idealizada de cierta propaganda sureña. Representa el maridaje del genio militar con el patriota intachable, un santo laico movido exclusivamente por ideales tan puros como los arroyos del hermoso Valle de Shenandoah en Virginia. El mito contrasta este Lee con un Ulysses S. Grant satanizado. Presenta a Grant como un borracho vulgar que encabezó una de las administraciones más corruptas de la historia de Estados Unidos. Según el mito, Grant es el anti-Lee, un general del montón que triunfó gracias a la avasalladora superioridad numérica y material de sus ejércitos.
Pero los hechos refutan esta leyenda infamante. Es más, se me ocurre que si John Kelly quiere ayudar a iluminar a un Trump que vive ajeno a la historia de su país, no lo va a lograr repitiendo lugares comunes sobre Robert E. Lee. Debería compartir con su jefe la verdadera historia de Ulysses S. Grant, un patriota que defendió la Constitución que Lee había traicionado. Trump puede aprender muchas cosas útiles estudiando la vida de Grant. Para este ejercicio pedagógico imaginario le recomendaría a Kelly que utilice “Grant”, una biografía reciente escrita por Ron Chernow. Esta obra magistral rehabilita al decimoctavo presidente y dilucida la brillantez del general sin ignorar los temas chocantes. Así, examina la dipsomanía de Grant y demuestra que era un adicto que aprendió a administrar el consumo de su veneno predilecto. Con todo, a Kelly le van a interesar más los capítulos en que Chernow nos explica (y respalda) la tesis de John Keegan, un brillante historiador militar. Keegan afirma que Grant es el más grande de los genios militares de la Guerra Civil. Chernow también analiza a fondo la ejecutoria de un presidente republicano que hizo mucho más que cualquier otro mandatario de su época por abrirle las puertas de su administración a mujeres, negros y judíos.
Y a diferencia de Trump e incontables personajes célebres que publican bajo sus nombres libros escritos por otros, Grant fue el único autor de su inigualable “The Personal Memoirs of Ulysses S. Grant”. Se vio obligado a vender sus memorias tras sufrir el zarpazo de un estafador que lo dejó en la penuria. Grant redactó esta obra maestra mientras luchaba contra un cáncer doloroso y la pesadumbre de una cadera fracturada que no sanaba. Lejos de ser el ramplón inepto de las infamias propagadas por sureños, Grant era altamente disciplinado, trabajador, competente, genuinamente modesto, culto, astuto, de una inteligencia penetrante que aborrecía la impulsividad, las poses narcisistas y el alarde. Todo un ejemplo aleccionador para el presidente actual y su jefe de gabinete.
Periodista cubano, ejecutivo de una empresa internética.
Esta historia fue publicada originalmente el 4 de noviembre de 2017, 4:06 p. m. with the headline "Lo que Trump y Kelly pueden aprender de Ulysses S. Grant."