Opinión

Los Clinton y el negocio de Uranium One

Un guardia de seguridad observa a los periodistas en el exterior de la planta nuclear iraní de Bushehr, en agosto del 2010. La planta, construida por los rusos, sufrió ese año un ataque informático con el virus Stuxnet.
Un guardia de seguridad observa a los periodistas en el exterior de la planta nuclear iraní de Bushehr, en agosto del 2010. La planta, construida por los rusos, sufrió ese año un ataque informático con el virus Stuxnet. AFP/Getty Images

Esta columna es la segunda parte de mi columna anterior, “Los Clinton: Como hacerse ricos” publicada el pasado día 30 de octubre.

Quizás Hillary Clinton y Vladimir Putin no comenzaron bien. Cuando Hillary estaba enfrascada en las primarias presidenciales de 2008 contra Barack Obama, Hillary había sido dura con Putin. Contradiciendo al presidente George W. Bush, quien había dicho que él “podía entender el alma de Putin”, Hillary dijo “Putin no tiene alma”. Cuando le pidieron a Putin que comentara, él dijo: “Como mínimo, un cabeza de estado debe tener cabeza”.

Pero cuando Hillary fue confirmada como secretaria de Estado en enero del 2009, lidiar con Vladimir Putin se convirtió en el aspecto principal de su trabajo. Y el trato de uranio en Kazakhstan, descrito en mi columna anterior, cuyos accionistas estaban enviando decenas de millones de dólares a la Fundación Clinton y contratando a Bill para bien remunerados discursos, trajeron a Putin de vuelta al escenario de la secretaria de Estado.

El trato de Kazakhstan, firmado en el 2005 durante la visita de Bill Clinton y Frank Giustra, y fortificado por la unión corporativa aprobada por el gobierno de Kazakhstan, traería otras decisiones de seguridad nacional al escritorio de Hillary. Es notable que no haya evidencia alguna que Hillary compartió con funcionarios de ética, la Casa Blanca o colegas del gabinete los aparentes conflictos de interés mientras dirigía la política nuclear de Estados Unidos.

En los últimos años de la administración Bush, las relaciones con Moscú se habían enfriado. La invasión rusa de Georgia, la decisión de Bush de construir un sistema antimisiles en Europa y las presiones rusas sobre Ucrania habían exacerbado las tensiones entre las dos potencias nucleares. Lo que el presidente Obama y Hillary Clinton tenían en mente era un “reset” o nuevo comienzo. Hillary ofreció limpiar la mesa y establecer un nuevo comienzo.

Moscú consideraba el “reset” como una oportunidad para aumentar comercio e inversiones con Occidente, comenzando con una larga lista de tratos de negocios que incluía tratos en petróleo y gas natural que constituyen la espina dorsal de la economía rusa. Y esto seguido por las ambiciones rusas de expandir su alcance en el mercado nuclear mundial. Uranio, plantas eléctricas civiles, y los servicios técnicos que requieren los veía Moscú como una industria con gran potencial de crecimiento.

En el 2006, Moscú había aprobado planes para invertir $ 10,000 millones en aumentar su capacidad de producción de uranio en 600 por ciento. Rusia no solo quería construir plantas nucleares alrededor del mundo sino también controlar el mercado de uranio. Pero una importante nota adicional al “reset” ruso es como involucraba a una colección de inversores extranjeros que habían donado vastas sumas de dinero a la Fundación Clinton y que continuaban patrocinando discursos muy lucrativos para Bill. Esos inversores serían enormes ganadores de las decisiones que Hillary podría hacer como secretaria de Estado.

La agencia rusa atómico-nuclear (Rosatom) es responsable por toda actividad nuclear en Rusia incluyendo el arsenal nuclear del país. Rosatom está sujeta solo a las decisiones del Kremlin. A diferencia de las industrias de gas y petróleo, el sector nuclear está bajo la directa supervisión del Estado. Rosatom no solamente construyó los controversiales reactores nucleares de Bushehr, Irán, sino que también los suple de uranio. Rosatom también opera en Corea del Norte, Venezuela y Myanmar. En junio del 2009, Rosatom compró una parte de Uranium One, la corporación creada por el amigo de Bill, el canadiense Frank Giustra. No era suficiente para controlar (17 %) pero los rusos solo estaban comenzando.

En junio 8 del 2010 Rosatom anunció planes para comprar hasta 51.4 % de Uranium One, que posee 20% de las reservas de uranio de Estados Unidos. Dada la naturaleza estratégica del producto en cuestión, esta compra requería la aprobación del Comité de Inversiones Extranjeras en Estados Unidos (CFIUS por sus siglas en inglés). Hillary Clinton era una de nueve funcionarios federales en el comité y podría haber frenado fácilmente la maniobra rusa. Pero no lo hizo. Tres semanas después, Bill Clinton fue el orador invitado en un seminario patrocinado por Renaissance Capital en Moscú, un banco controlado por el gobierno ruso y que le pagó a Bill $500,000 por su discurso de una hora.

En 2010, en un reporte al gobierno de Estados Unidos, Rosatom informó que solamente quería comprar un poco más del 50% de Uranium One y prometieron que no comprarían más. Pero al principio de 2013, el gobierno ruso decidió su última acción: compró las acciones de los otros accionistas y hoy es dueño absoluto de Uranium One.

AGonzalez03@live.com

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