Las películas del paraíso
Este ‘escándalo’ empezó hace más o menos un mes, con Harvey Weinstein. Bueno, antes, recientemente, el protagonista fue Bill Cosby, pero las acusaciones contra éste no provocaron la avalancha de denuncias que crece día a día después de lo del ex productor más poderoso de Hollywood. Kevin Spacey, Louis C.K., Brett Ratner, Ed Westwick, James Toback, Matthew Weiner, Steven Seagal, Dustin Huffman… Y las hay de todo tipo: violaciones de hombres a mujeres, de hombres a hombres, y a menores de edad y a mayores; y también acoso continúo en set de grabaciones; y por supuesto, ese intento de chantaje, ese “si tú me das a probar de esto, yo te garantizo un puesto” que, obviamente no está solo presente en Hollywood.
Lo que más llama mi atención es que se trata de hombres ricos, famosos, exitosos y poderosos. ¿Es tan difícil para unos con esos títulos, en la sociedad capitalista por excelencia, acceder a la conquista amorosa cortejando, en lugar de violentando? ¿Son tan detestables, tan insoportables que, a pesar de la fama, necesitan forzar? Y, ¿no se supone que, además, son personas realizadas con sus profesiones (por algo triunfan tanto) para que tengan ese comportamiento de completos frustrados, de absolutos perdedores? ¿O será que a medida que crece su poder se les hace más difícil aceptar que les digan que no, o simplemente la sola posibilidad de que se les nieguen les es insoportable, y prefieren forzar antes que arriesgarse al rechazo?
No lo sé. Solo ellos lo sabrán. Pero el caso es que la película se acabó. Y quizá no porque no se supiera, sino porque ahora ya no es una suposición sino una verdad comprobada, que en Hollywood se compran favores con sexo, se abusa y, hasta ahora, se ocultan los delitos sexuales.
Hombres que lo tienen todo, y quieren más. Parecidos a su manera a los del otro ‘escándalo’ de esta semana. El de los “Papeles del Paraíso”, sobre los megamillonarios que, también todos lo sabemos, pero ahora está comprobado, le ocultan el dinero a sus naciones, en paraísos fiscales; en muchos casos se trata de una especie de juego del gato y el ratón, o el ratero, ya que casi siempre se lo terminan escondiendo a los depredadores que una vez que entra en las arcas del estado, se lo quitan de la boca al pueblo, para enriquecerse ellos.
En todo caso siempre pierden los más débiles, en este nuevo mundo de, para bien y para mal, hackers que desempolvan los trapos sucios de los poderosos, de reporteros que no están controlados por las corporaciones y de las redes sociales. Al parecer los humanos tan ‘civilizados’, que nos diferenciamos de las bestias con esta cultura que nos produce tanto malestar, no somos más que otro ejemplo de animales de la selva, donde el más fuerte se almuerza entero al más débil, o al menos lo somete. Ah, también parece el fin de la película en la que el bueno siempre gana y el malo termina castigado.
Los abusadores del común terminan en la cárcel ajusticiados hasta por los otros prisioneros y apartados para siempre de la sociedad; aclaro, no que diga que no merezcan un castigo, pero es que los Weinstein y los Spacey se van a rehabilitar a un hotel de lujo o, bueno, los elegimos presidentes. ¿Y alguien cree que el CEO de megacorporación o el ministro de un país se va a ganar la persecución que una persona del común se lleva por parte de las agencias de impuestos si le descubren que no declaró un centavo?
Más bien les hacen la venia.
Escritor colombiano.
www.pedrocaviedes.com
Esta historia fue publicada originalmente el 10 de noviembre de 2017, 5:00 p. m. with the headline "Las películas del paraíso."