En buena compañía
Unos oficiales del tenebroso Ministerio del Interior explican en televisión que para las nuevas y publicitadas medidas migratorias, algunos cubanos siguen siendo apátridas, lo cual quiere decir que tienen prohibida su entrada al país que los vio nacer.
La relación de marras incluye desde los llamados terroristas, término amplio y perturbador en la doctrina de la dictadura, hasta los que desdeñan públicamente el castrismo, categoría a la cual me honro en pertenecer. Ellos prefieren la mansedumbre de quienes aplaudieron cada exabrupto del Ministro del Exterior del régimen durante una visita que hiciera a Washington para dar a conocer la novedad.
Sé de amigos que dejé en La Habana preocupados por lo que llaman “mi radicalización”, mientras otros me han preguntado durante visitas a Miami, si no he pensado en regresar a la isla, lo cual resulta totalmente incongruente con la realidad.
Vuelvo y les explico que yo no tengo ni tendré el pasaporte que debería habilitar, pago mediante, para que me dejen entrar a lo que fuera mi casa y me resultaría intolerable ser cuestionado en la aduana por un funcionario corrupto del mismo órgano represivo empeñado en atormentar a las Damas de Blanco cada vez que caminan con gladiolos los fines de semana.
Por cierto, recientemente al escritor Rolando Sánchez Mejía, con residencia en España desde hace 20 años, le prohibieron entrar a su país, luego de un largo proceso burocrático, para ver a su madre de 78 años en delicado estado de salud.
Conozco a Rolando, un humanista, que no comulga con el castrismo y que alguna vez escribiera una carta abierta en El País contra organizaciones de escritores cómplices de la dictadura.
Yo evito la trampa, no les permito que me ninguneen, y doy fe intelectual de mi antitotalitarismo con un programa de televisión semanal y ahora un libro, ambos titulados La Mirada Indiscreta, que son historias alternativas, culturales y personales sobre las memorias y la actualidad de los desvaríos que aún humillan y coartan las esperanzas de mis compatriotas.
El sábado a la 1:15 p.m. durante una de las sesiones de la Feria del Libro de Miami, en el Campus Wolfson del Miami Dade College, presentaré el libro junto a otros dos escritores amigos, “marielitos” por más señas, quienes tampoco se han dejado seducir por un régimen que los expulsó como “escorias” en 1980.
El narrador y periodista Luis de la Paz trae a la consideración de los lectores una compilación de entrevistas, Soltando sorbos de vida, entre las cuales figuro, paradójicamente, y Roberto Madrigal, editor y cinéfilo contumaz publica sus comentarios cinematográficas en Críticas desde afuera.
Luis pertenece al legendario grupo de intelectuales afines a Reinaldo Arenas y su amistad desde hace más de 20 años me ha honrado con numerosos proyectos culturales comunes. He contado con su perspicacia en mi programa de televisión, la entrevista que aparece en su libro me la hizo para el Diario las Américas y he sido parte de su Viernes de Tertulia, en Creation Art Center, donde respondí un cuestionario, en extenso, sobre mis avatares personales y profesionales.
Con Roberto comparto el cine y la amistad en Cuba y todavía me perturba la visión de su apartamento en el Reparto Kohly, que visitaba con frecuencia, cubierto de huevazos lanzados por el “pueblo combatiente”.
No puedo pensar en mejor compañía para la presentación de mi primer libro. La pesadilla ha quedado atrás y el régimen que nos excluye, nos beneficia con tal atropello. Nadie en el futuro podrá decir que fuimos cómplices de tal desatino.
Feria del Libro de Miami, edificio 8, salón 8503, 1:15 p.m.
Crítico y periodista cultural.
Esta historia fue publicada originalmente el 15 de noviembre de 2017, 5:43 p. m. with the headline "En buena compañía."