El motor del cambio en Cuba: ¿la economía o la conciencia?
Las prohibiciones dictadas por el presidente Donald Trump a personas y compañías de los Estados Unidos de gastar o hacer negocios con empresas controladas por el sector militar cubano, pudieran parecer, a primera vista, justas, pues se trata de medidas contra el monopolio que los militares controlan sobre gran parte de la economía cubana. Esa monopolización me recuerda la transición de la dictadura totalitaria comunista rusa bajo el mandato de Boris Yeltsin hacia la dictadura de mafia empresarial, donde numerosas empresas estatales pasaron a ser feudos, no sólo de prominentes burócratas, sino además de altos oficiales de las fuerzas armadas y la KGB. “La transición que no debemos hacer”, dije en un artículo que publiqué en este diario algo después de mi regreso de un viaje a Rusia en 1992. No estoy tanto en contra del propósito declarado de la medida como contra sus efectos colaterales, y otras que la complementan o parece le seguirán. Los propios congresistas Marco Rubio y Mario Díaz Balart, a quienes muchos atribuyen la autoría intelectual de las medidas, manifestaron su desilución por la flojedad de Trump y esperan que le sigan otras más fuertes.
Todas las estrategias desarrolladas contra el castrismo a lo largo de los años, pueden resumirse, por su propósito, en dos: debilitar al victimario o fortalecer a la víctima, dos puntos de vista antagónicos, porque debilitar al primero implica debilitar también al segundo, y fortalecer al segundo fortalece al primero. Enviar remesas, por ejemplo, para ayudar a gente del pueblo a crear sus propios medios de vida y así independizarlo del Estado, implica que éste reciba su tajada, y bloquear al Estado implica también bloquear a la gente de a pie. Todo reside en saber qué es lo más importante: ¿fortalecer a la sociedad civil o procurar el colapso económico del Estado?
En todo esto hay también una sobrevaloración del factor económico. Se habla mucho, por ejemplo, de que el régimen, sin una política económica sustentable, ha logrado siempre sobrevivir gracias a que nunca ha faltado quien le lance un salvavidas desde fuera, primero por el subsidio de la Unión Soviética y luego gracias al petróleo venezolano. Pero entre el derrumbe soviético y el surgimiento del chavismo transcurrieron varios años. Si lo económico fuera decisivo, el castrismo se hubiera desplomado durante el llamado período especial. Incluso durante esta etapa, las organizaciones de línea dura del exilio cabildearon para apretar el embargo sobre Cuba, y de hecho, se reforzó dos veces: primero con la llamada Ley Torricelli y luego con la Helms-Burton. Se creía que la olla de presión iba a explotar y que la gente se lanzaría a las calles protestando por hambre… Y no pasó nada.
¿Qué faltó? Pues una toma de conciencia. La gente no creía en la posibilidad del cambio. La única solución que veía era escapar y si no podia, pues había que contribuir con “lo inevitable”: la simulación en la lucha por la vida. ¿Cómo se crea esa conciencia, cómo inspirar la fe en la posibilidad del cambio? Pues con el contacto y la comunicación, no con el aislamiento, es decir, todo lo contrario de lo que hasta la Administración Obama se había estado haciendo.
Cierto que lo económico juega su papel, pero no exactamente el que se le ha asignado. Cuando un exiliado preguntó al genial autor de El Ingenio, Manuel Moreno Fraginal, por qué un pueblo tan insurgente como el cubano no se rebelaba contra el castrismo, respondió: porque la clase media, protagonista de todas las revoluciones, dejó de existir. Ningún padre se suma a una manifestación si tiene la urgencia de salir a buscar cómo llenar los platos vacíos de sus hijos. Los nuevos condicionamientos a los viajes, significan menos viajeros y por tanto, menos propinas y menos clientes de los negocios privados, y por otro lado, ya esos viajeros no pueden viajar solos y cambiar impresiones con los cubanos de a pie, sino que tienen que unirse al rebaño de ovejas estrechamente vigiladas por el pastor guía de la Seguridad del Estado.
Hoy el surgimiento y desarrollo gradual del llamado sector cuentapropista, augura tiempos nuevos, pese a todas las restricciones y prohibiciones, ya provengan del Comité Central o de la Casa Blanca.
Escritor e historiador.
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Esta historia fue publicada originalmente el 17 de noviembre de 2017, 7:15 p. m. with the headline "El motor del cambio en Cuba: ¿la economía o la conciencia?."