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Opinión

Una prosa con música y bisturí

El autor nicaragüense Sergio Ramírez habla durante una conferencia de prensa en Managua, Nicaragua, el jueves 16 de noviembre del 2017.
El autor nicaragüense Sergio Ramírez habla durante una conferencia de prensa en Managua, Nicaragua, el jueves 16 de noviembre del 2017. AP

La lengua española está de fiesta, pero un júbilo mayor recorre la literatura de América Latina porque el escritor nicaragüense Sergio Ramírez (Masatepe, Masaya, 1942) ganó esta semana el Premio Miguel de Cervantes en Madrid, el galardón más importante que se entrega a los autores que escriben en castellano.

Es la primera vez que un intelectual de Nicaragua y de Centroamérica recibe el Cervantes, considerado en ciertos sectores culturales el Nobel en español.

Ramírez, que comenzó a escribir cuentos en los años sesenta y publicó su primera novela en 1970, se vinculó después a la batalla contra la dictadura de Anastasio Somoza y, con el triunfo del sandinismo, trabajó como vicepresidente de su país a finales de los ochenta. Agobiado por las escaramuzas del poder y en abierta contradicción con los principales líderes del gobierno, el novelista se retiró a su casa a escribir y ha hecho una obra monumental, abarcadora, profunda, que lo tienen, como se ha visto, en la cumbre de las letras de la región.

El nicaragüense, autor de títulos como: ¿Te dio miedo la sangre?, Castigo divino y Margarita, está linda la mar, se le admira y se le reconoce por el nivel de sus novelas, sus relatos, sus ensayos y por unas columnas periodísticas que publica cada semana en diarios de América y de Europa.

La prosa de Ramírez está escrita con pasión y oficio. En cada párrafo se puede apreciar un dominio absoluto de la lengua, pero un dominio que no utiliza la fuerza o el control despiadado y dogmático de la reglas. Usa una armonía recóndita, un ritmo privado que identifica de inmediato la manera de contar del autor.

Para Hispanoamérica, el nicaragüense es ahora un símbolo del escritor cuyo único compromiso es narrar la realidad a degüello, como si su instrumental tuviera filo de bisturí, exponerla e iluminarla. Ramírez se considera un testigo privilegiado de las ocurrencias de la vida cotidiana trastocada “por la violencia, el miedo, la inseguridad, la corrupción, las grandes deficiencias del Estado, somos testigos de cargo”.

Una manera particular de celebrar el premio de Ramírez, es publicar hoy lo que dijo cuando funcionarios de la embajada de la dictadura cubana en Nicaragua trataron de boicotear una ceremonia en la que el escritor hablaría sobre José Martí.

“Reitero mi admiración por la espléndida cultura cubana”, escribió, “que se expresa hoy de manera brillante tanto dentro como fuera de su territorio; así como mi admiración por la emblemática figura de José Martí. Y al mismo tiempo reitero mi repudio total a la intolerancia, desde mi posición de escritor que trabaja día a día con la palabra y como ciudadano que quiere cada una mejor democracia para Nicaragua y para América Latina”.

Poeta y periodista cubano.

Esta historia fue publicada originalmente el 18 de noviembre de 2017, 5:29 p. m. with the headline "Una prosa con música y bisturí."

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