El asaltante sexual
“Me moví hacia ella con mucha fuerza. Me le tiré arriba como una perra. Pero no pude llegar. Ella estaba casada. Y ahora de pronto la veo con esas grandes tetas falsas. Ha cambiado su aspecto por completo… Será mejor que use unos Tic Tacs, en caso de que empiece a besarla [refiriéndose a una muchacha que se acercaba al autobús en el que venían Trump y Billy Bush para recibirlos]. Ya sabes, me atraen automáticamente las bellas, empiezo a besarlas. Son como un imán. Sólo besarlas. Ni siquiera espero. Cuando eres una estrella te dejan hacerlo. Las puedes coger por el … [vulva en la palabra vulgar en inglés] Puedes hacer lo que quieras”. La cita del presidente Donald J. Trump es muy famosa. Supongo que todos la han escuchado, muchísimos hombres riéndose, no tanto las mujeres, sobre todo las que han sido abusadas sexualmente, según las estadísticas, una de cada cinco. La grabación data del 2005, en ella Trump le cuenta a Billy Bush, presentador del programa Access Hollywood, su falta de control frente a las mujeres que le atraen.
El 7 de octubre de 2016, The Washington Post publicó la grabación junto a un artículo explicándola. Esa noticia hizo su escandaloso recorrido el mismo día por todas las cadenas de televisión del país. Fue una bomba, porque se trataba del candidato a la presidencia y faltaba solo un mes para las elecciones. Los abogados y especialistas en el tema sexual definieron lo que contó Trump como “un asalto sexual”.
Pero al saberlo, Vladimir Putin de inmediato hizo uso de una de sus muchas coartadas: le entregó a Julian Assange, de WikiLeaks, copia de cientos de emails del Comité Nacional Demócrata hackeados por dos rusos que se conocen como Gucifer 2 para que lo hiciera públicos. Figúrense, con todo lo que había precedido de los emails del servidor privado de Hillary Clinton–en lo que no se halló nada criminal– los emails de ahora agarraron las riendas –ya estaban conspirando rusos y republicanos de la campaña presidencial de Trump– de los noticieros nacionales. Y el tape de Trump se fue quedando atrás. Pero ya lo habían visto demasiadas mujeres, 13 de ellas víctimas del depredador sexual par excellence: el presidente de Estados Unidos. Estas mujeres tienen testigos que afirmaron haberle escuchado a las víctimas de estos incidentes cuando sucedieron, mucho antes de que se conocieran las aspiraciones políticas de Trump.
Harto valientes, las mujeres confesaron el acoso; el manoseo por debajo de la falda donde Trump súbitamente les metía la mano hasta el panty llegando a tocar sus genitales sin el consentimiento de la desconocida; el intento de violación; el asalto sexual que habían sufrido por parte de Trump hacía muchos años, porque habían visto y escuchado la grabación de Access Hollywood.
Podríamos comparar el momento que estamos viviendo a la revolución sexual de los años 60. Pero esta vez se trata de algo muy diferente. Si aquella fue la libertad para tener relaciones sexuales sin matrimonio ni inhibiciones, esta es la protesta masiva de mujeres que se han puesto de pie y han levantado la voz para acusar públicamente a los hombres que han tenido una conducta sexual delictiva hacia ellas.
Esa abominable conducta criminal de índole sexual ha destruido la profesión el empleo o traumatizado psíquicamente a decenas de miles de mujeres a través de los siglos. Se sabe que ha causado el suicidio de muchas. Pero “El segundo sexo” como tituló la escritora y feminista francesa Simone de Beauvoir su estudio sobre la represión y marginación que sufrían las mujeres –el libro fue publicado en 1949–, aunque liberaron a la mujer de forma tan radical e irrevocable, que las actuales generaciones dan por sentado que ellas puedan estudiar en universidades, formen parte vital de la fuerza laboral, de la política, de casi todas las profesiones, etc., logros todos del movimiento feminista del siglo XX, el punzante asunto del acoso sexual es ahora que toma fuerza internacional.
¿Hemos adelantado algo en este último campo? Sí y no. Sí, porque están cayendo como asquerosas moscas que se cazan sobre el excremento, su alimento favorito, hombres muy conocidos y de mucho poder en varias industrias. Hemos visto cómo han sido despedidos de sus trabajos o han perdido su matrimonio, credibilidad y prestigio.
Y no, porque impune y cínicamente hay otros que no se les puede cazar, parece, y gozan de toda la ayuda e incluso la admiración de sus compinches. Tal es el caso del presidente. ¿Por qué a los otros sí y a él no, si inclusive contamos con la propia confesión del autor de los delitos sexuales?
El martes, Trump le dio su apoyo a Roy Moore, pedófilo y depredador sexual republicano aspirante al Senado por el estado de Alabama.
Pero ni Roy Moore va a ganar las elecciones ni el monstruo del mal seguirá en la Casa Blanca. Se acerca a pasos agigantados la hora de que Donald Trump sea juzgado.
doramador12@gmail.com
Esta historia fue publicada originalmente el 23 de noviembre de 2017, 4:00 a. m. with the headline "El asaltante sexual."