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Opinión

ROBERTO CASÍN: Los engorros de Hillary


La aspirante presidencial demócrata Hillary Clinton, ex secretaria de Estado, participa en una mesa redonda con pequeños empresarios en Norwalk, Iowa, el miércoles pasado.
La aspirante presidencial demócrata Hillary Clinton, ex secretaria de Estado, participa en una mesa redonda con pequeños empresarios en Norwalk, Iowa, el miércoles pasado. Getty Images

Lo criticó ásperamente cuando ambos se disputaron la nominación presidencial para los comicios de 2008. Luego, por esa dureza de estómago —o de cara— que solo se ve en la política y denominan pragmatismo, fue su secretaria de Estado entre 2009 y 2013. Después, el año pasado, trató de distanciarse de los fracasos de Washington en el escenario internacional, y ahora como virtual favorita de los demócratas para las elecciones del 2016, Hillary Clinton tendrá que librar una complicada batalla dentro de su propio partido: ganarse el apoyo de los votantes que pusieron a Barack Obama en la Casa Blanca sin que su candidatura vaya a ser vista como una apuesta a la continuidad, en otras palabras, como un tercer mandato del Presidente.

Con toda seguridad el área en la que Clinton difícilmente podrá distanciarse de Obama es la política exterior, ya que como jefa de la diplomacia de EEUU se le atribuye haber echado durante cuatro años las bases de las actuales y tan controvertidas negociaciones nucleares con Irán. Se le culpa además de las torpezas cometidas con Rusia, y su manejo del ataque en 2012 al consulado estadounidense en Bengasi sigue estando bajo investigación del Congreso. A eso se ha sumado el escándalo de sus correos electrónicos privados mientras era secretaria de Estado, porque según algunos pudo haber violado las leyes que dan prerrogativa al Congreso para supervisar la correspondencia oficial.

El hecho de que pudiese ser la primera mujer presidenta del país la hace una contendiente atractiva dentro de ese sector del electorado. Hillary Clinton dejaría un poco a un lado el gastado eslogan de fortalecer la clase media —algo que Obama no ha cumplido— para hacer campaña como la “campeona” de la familia, favoreciendo menos a los ricos y reduciendo la dramática brecha que los separa de los más pobres en el país. Eso a pesar de que de acuerdo con dos economistas citados por The Washington Post, Emmanuel Saez y Thomas Pikett, durante la presidencia de su esposo Bill Clinton esa desigualdad de ingresos en vez de acortarse se acentuó más. Por lo pronto, el joven aspirante republicano a la presidencia Marco Rubio, de carismática oratoria, la ha calificado de “líder del pasado” en un país “centrado en el futuro”.

Dentro de las filas demócratas, donde a la izquierda es vista como una defensora de Wall Street, Clinton encara la oposición de la senadora Elizabeth Warren, una campeona del ala liberal que según analistas podría privarla de parte del voto entre las mujeres, afroamericanos y electores jóvenes con un discurso más populista y atractivo para algunos sectores obreros. Lo cierto es que según una encuesta de la CNN el mes pasado, casi seis de cada 10 estadounidenses quieren en la Casa Blanca a alguien que cambie la mayor parte de las políticas adoptadas por Obama.

De cualquier manera, aunque su oportunidad de oro parece haber sido en 2008, cuando Obama le arrebató la nominación, si finalmente resultase electa candidata por los demócratas, Hillary Clinton tendría que hacer luego frente a la historia política de las últimas seis décadas. Los electores no suelen dar una tercera oportunidad al partido que ya ha ejercido dos mandatos consecutivos en la Casa Blanca. Desde 1952 se han alternado en el ejecutivo cada ocho años, con solo dos salvedades: el demócrata Jimmy Carter (sólo un período) y el republicano George H. W. Bush, que protagonizó el tercer triunfo a la hila luego de los dos previos de Ronald Reagan.

Algunos dirán que al igual que en 1988 Bush padre consiguió ser el sucesor de un ídolo para los republicanos, Hillary Clinton podría lograrlo ahora para los demócratas. Posible pero poco probable. Y con una notable diferencia: Obama no es Reagan. Un estudio de la Universidad de Quinnipiac reveló, ya el año pasado, que el 33 por ciento de los estadounidenses veía a Obama como el peor presidente de las últimas siete décadas. Según el 35 por ciento, Reagan ha sido el mejor.

Esta historia fue publicada originalmente el 17 de abril de 2015, 3:00 p. m. with the headline "ROBERTO CASÍN: Los engorros de Hillary."

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