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Opinión

Como un encargo sagrado…

¿Qué acción puede ser tan importante que la ONU “acepte como un encargo sagrado”? Me hago esta pregunta y busco la respuesta en la propia Carta (1945), esa “Constitución” del organismo internacional. Está en el Art.73, clara, sin eufemismos, directa. Puede leerse en el capítulo XI, DECLARACIÓN RELATIVA A TERRITORIOS NO AUTÓNOMOS: “Los Miembros de las Naciones Unidas que tengan o asuman la responsabilidad de administrar territorios cuyos pueblos no hayan alcanzado todavía la plenitud del gobierno propio, reconocen el principio de que los intereses de los habitantes de esos territorios están por encima de todo, aceptan como un encargo sagrado la obligación de promover en todo lo posible, dentro del sistema de paz y de seguridad internacionales establecido por esta Carta, el bienestar de los habitantes de esos territorios, y asimismo se obligan: a. a asegurar, con el debido respeto a la cultura de los pueblos respectivos, su adelanto político, económico, social y educativo, el justo tratamiento de dichos pueblos y su protección contra todo abuso; b. a desarrollar el gobierno propio, a tener debidamente en cuenta las aspiraciones políticas de los pueblos, y a ayudarlos en el desenvolvimiento progresivo de sus libres instituciones políticas, de acuerdo con las circunstancias especiales de cada territorio, de sus pueblos y de sus distintos grados de adelanto; c. a promover la paz y la seguridad internacionales”. Siguen otras precisiones en este mismo artículo 73.

Esta transcripción, por sí sola, muestra que la población de Palestina bajo mandato británico y pese a los voluminosos informes de la Comisión UNSCOP (por su sigla en inglés, United Nations Special Committee on Palestine) no ha sido tenida en cuenta a la hora de elevar la propuesta a la Asamblea General. Por ese entonces “la población de Palestina asentada a fines de 1946 se estimó en casi 1.846.000” según el informe de la UNSCOP, con un 61% de palestinos y un 30% de judíos.

Tres preguntas

–¿A nadie se le ocurrió una consulta directa a la población? (Referéndum, plebiscito o algo parecido)

–¿No pensaron que ésa hubiese sido la mejor manera de dar cumplimiento al artículo 73 de la Carta de la ONU que he transcripto?

–¿No tuvieron en cuenta que estaban diseñando –con el informe– un cronograma de enfrentamientos, muerte, destrucción y avasallamiento de los derechos que la Carta –precisamente– ordena preservar?

No se puede dejar de pensar que el destino de un pueblo, el de Palestina de 1947, se resolvió a 9.147 km. de distancia (entre Jerusalén y Nueva York). El pueblo de Palestina bajo Mandato de Gran Bretaña, mudo a la fuerza, ignorado a la distancia.

Seis Nobel, dos asesinados, cero paz

El Medio Oriente ensangrentado tiene su vidriera de Premio Nobel de la Paz: En 1950, Ralph Bunch (enviado de la ONU luego del primer mediador, el conde sueco, presidente de la Cruz Roja, Folke Berdardotte, ametrallado por el grupo terrorista judío Lehi (La “Banda de Stern”); En 1978, Anuar al Sadat, presidente egipcio (asesinado) y Menachem Begin (premier israelí); En1994 Isaac Rabin (premier israelí, asesinado), Shimon Pérez, ministro de Israel y Yaser Arafat, presidente de la Autoridad Nacional Palestina. Los asesinatos de Al Sadat y de Rabin, por fundamentalistas de sus respectivos países opuestos al proceso de paz entre Israel y Palestina.

Naciones Unidas y dos destinos

La “partición de Palestina”, una hechura de la Asamblea General de la ONU de hace 70 años. Una tremenda responsabilidad del organismo internacional que tiene por miembro pleno, al igual que a los otros 192 países, a Israel que se comprometió (en su segunda solicitud para ser aceptado) a cumplir con la Carta. Sin embargo, casi todas las resoluciones del Consejo de Seguridad, vinculantes, son incumplidas por Israel. A Naciones Unidas debe pesarle resolver el problema israelo-palestino con la misma contundencia que lo hizo en 1947 con la “partición” eludiendo entonces la obligada consulta al pueblo de Palestina destinada a ser “partida en dos”. Quien fuera autor de una hechura no puede escindirse de las responsabilidades frente a los judíos nativos de esa tierra, a los que la colonizaron desde distintos lugares del mundo, a los palestinos nativos y a sus descendientes. Es una grave responsabilidad que no se concreta, setenta años después, en “dos estados”.

Oportunidad perdida y oídos sordos

El 15 de noviembre de 1988 –desde Argel– la OLP proclamaba la “Declaración de Independencia de Palestina”, aprobada por el Consejo Nacional Palestino por una importante mayoría (85%) asumiendo Arafat el cargo de presidente. Lo extraordinario: se estaba aceptando la Resolución 181 de la ONU (Partición) y se reconocía a esa Organización Internacional a la que como nuevo país se disponía a ingresar. Cierto es que no nombró a Israel, pero la aceptación de la 181 lo implicaba, naturalmente. A la sazón Ronald Reagan, en EEU y Yitzak Shamir, en Israel, fueron líderes con sordera, Nada dijeron. Nada hicieron. Irresponsable y deliberadamente. Fue, insisto, la oportunidad perdida. Nunca antes resultó, como ahora, casi imposible desde cualquier lado que se analice, la conformación de dos estados. Una injusticia que seguirá dando motivos para dividir y generar violencias en Medio Oriente.

Periodista argentino.

Esta historia fue publicada originalmente el 29 de noviembre de 2017, 7:02 p. m. with the headline "Como un encargo sagrado…."

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